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México / Alternativas

Cherán: la tala clandestina, la inoperancia estatal y el renovado control comunitario

domingo 15 de abril de 2012 El autogobierno y el control territorial están permitiendo que la población p’urhepecha de Cherán empiece a controlar la tala ilegal de madera que el crimen organizado, con la complicidad de las autoridades, realizaba de forma casi "natural" en sus bosques. Así es la historia.

Por Agencia Subversiones

“Más allá es la zona donde está  la pura maldad”, señala el hombre que lleva un poncho de lana gruesa, mirando hacia el sector del bosque al cual ya no tienen acceso los pobladores de Cherán. Se refiere a la zona algo lejana donde los talamontes continúan sacando la madera de manera ilegal, allí no han podido llegar para establecer un control comunitario como se ha hecho en el centro de Cherán. Entre el frío y la niebla del bosque, el hombre continua contando sobre el día en que se desató una balacera entre los talamontes —y los grupos armados que los protegen— contra los comuneros. Adentrándose más en el bosque, cuentan algunas maestras, fue donde hace no mucho los compañeros hallaron muerto a Domingo Chávez Juárez, asesinado por los sicarios.

Los ojos avizores y alertas de la Ronda Comunitaria recorren la Zona Forestal No. 1, (de las tres que existen). Desde Puente Quemado hasta Agua Blanca, en el camino a Paracho, las huellas de la devastación son demasiado evidentes, cada árbol talado parece una herida de la tierra, donde se pose la mirada, existen troncos podridos y quemados. Además de la extracción de madera de forma ilegal, luego se quemaba el lugar para habilitarlo como zona de sembradío: “habían pinos de hasta diez metros” continúan explicando los comuneros, “pinos, encinos, robles…” todo ha sido destrozado y saqueado. No solamente Cherán tiene problemas con la tala indiscriminada sino alrededor de 13 comunidades de la meseta p’urhepecha como Nahuatzen, Uruapan, Tingambato, Paracho, La Cañada de los 11 Pueblos, Capacuaro. Michoacán ocupa  el tercer lugar del país en tala clandestina.[1]

 

La lenta muerte del bosque y la comunidad

San Francisco Cherán, tiene una superficie aproximada de 221.88 km2 [2], es decir 22 mil 188 hectáreas. De manera algo aproximativa, según explican los pobladores, el territorio en Cherán está dividido en 20 mil 898 hectáreas de tierras comunales otorgadas por resolución presidencial y otras 4 mil hectáreas de tierra en pequeña propiedad. Un comunero a cargo de los recursos comunitarios y de la implementación de un plan de rescate para los hermosos bosques —que eran el distintivo más conocido de la meseta p’urhépecha— afirma que existe una amplia zona boscosa “afectada por gente que nos ha estado extrayendo de manera clandestina 7 mil 133 hectáreas, de las cuales 2 mil 925, más o menos, están a un 80% devastadas o totalmente devastadas. Hay otra área de 2 mil 500 hectáreas que están devastadas a un 50%, o sea que en esas todavía puede haber probabilidades de recuperación natural. Sí son recuperables todavía las que se encuentran al 70% u 80%, pero ya requieren la intervención del hombre con actividades de restauración, de reconstitución ya de lo que viene siendo flora y fauna en esas áreas (…) a través de reforestaciones, a través de la conservación de los mismos suelos, a través de la introducción de algunas especies maderables”.

El problema de la tala incontrolada no es reciente y se ha se ha venido dando en un contexto de pobreza, explotación y actuación o inacción de autoridades estatales. Existen informes estatales respecto a la gravedad de la deforestación, así como estudios académicos [3] que señalan que desde finales de los 80, y sobre todo durante los 90, la degradación ecológica ha sido inducida por la extensión paulatina de la frontera agrícola, además del abandono de los sistemas comunales de rotación de la tierra para el sembrado y el subsecuente desgaste de los terrenos de cultivo. Efectivamente muchos campesinos, ante el desgaste de las tierras de cultivo, se han convertido a la pesca, practicada en los lagos cercanos y causando problemas de sobrepesca. [4]

Por otro lado, se han estado dando permisos para el ingreso de empresas que imponen lógicas territoriales distintas… por no decir salvajes. “La apertura infraestructural de las comunidades y de sus recursos naturales para actores empresariales externos que han ido imponiendo su lógica comercial tanto a la agricultura y la ganadería como a la silvicultura y la producción artesanal, ha repercutido profundamente en el medio ambiente regional”, afirma Gunther Dietz. [5] Tal es el caso de los monocultivos de aguacate transgénico o el de los megaproyectos carreteros, que sólo agravarán la desaparición del bosque. [6] El avance del crimen organizado es parte de una lógica de apropiación violenta de los territorios comunales y sus recursos, lógica que ha venido desplazando formas de manejo comunitario de bosques y ríos, e incluso arrebatando vidas humanas: un hombre que se ganaba la vida vendiendo ocote fue al ojo de agua para abastecerse, tal como hacían “desde sus abuelos”, dicen las compañeras de la fogata del barrio. Llevó consigo un caballo y una mula, pero llegaron los talamontes y, para quitarle sus animales, lo asesinaron. “Quedó la viuda ahí sola”, continúan platicando las mujeres alrededor de la fogata. Los sistemas comunitarios practicados por generaciones se han visto arrinconados, mutilados, agredidos y corroídos, incluso internamente, por la lógica capitalista que mercantiliza la naturaleza“los talamontes son los que suben, roban y bajan la madera pues, pero los grupos armados son los que brindan protección, para que no te digan, para que nadie te levante la voz, acá abajo están pues los grupos armados pidiendo cuotas”.

Para obscurecer el panorama (y al mismo tiempo esclarecerlo), es necesario tomar en cuenta la proliferación de aserraderos clandestinos que gozan de una mano de obra empobrecida proveniente de las mismas comunidades.[7] Quienes nos relatan esto comentan que muchos ya han olvidado que para cortar un árbol o cazar un animal del bosque se debía hacer una ofrenda, pidiendo permiso a la tierra. En varias regiones, entonces, se han dedicado a extraer grandes cantidades de madera del bosque, vendiéndola a muy bajo precio, no solo en Cherán sino también en comunidades vecinas: "Si la comunidad en un momento logra hacer conciencia de lo que significa un recurso forestal… Porque la gente que se dedica a la tala clandestina al interior de la comunidad también ha estado malbarateando el producto, no le ha dado el valor que debe de tener. [Debería ser] fácil de convencer por la misma situación, porque un viaje de doble rodada que trae trece trozos o hasta 14 trozos lo da en 2 mil 500 pesos, o sea básicamente no llegan a valorar cuanto es lo que realmente cuesta, e inclusive al transformarlo aún aquí todavía, una docena de tablas la llegan a dar hasta 300 pesos por la necesidad, cuando en el mercado solamente podemos decir que en su momento una tabla cuesta 120 pesos, entonces la es diferencia enorme…".

Por eso la lucha más difícil es contra uno(a) mismo(a), y es lo que está logrando Cherán en dos sentidos. Primero, en la crítica que cada persona que participa en el movimiento se hace a sí misma ante la situación de saqueo y destrucción de sus bosques: ¿qué postura tomar?, ¿hasta cuándo mirar impasibles o con temor los camiones que se llevan ilegalmente toda la madera de las zonas comunitarias?, ¿cómo tolerar que ahora se estén llevando incluso vidas humanas? Segundo, en el re-descubrimiento de su fuerza comunitaria, su fuerza colectiva. Estas son dos de las valiosas lecciones que nos llegan desde la rebelde zona p’urhépecha.

 

Y las autoridades y la policía… ¿dónde están?

“La policía municipal nunca hizo nada, pasaban por el frente de ellos y “adiós”, y como si nada. Por aquí tuvimos problemas con autoridades comunales, les hicieron daño, atemorizaban a la gente. En realidad la policía municipal nunca hizo nada, nunca, nunca hizo nada, para decirles que hasta los protegía (…). En la unidad deportiva están unas calderas donde se fabrica la brea, no se si les ha tocado estar. Miren por ahí como está el monte cerradísimo, señala nuestro guía en dirección del cerro, árboles grandísimos, todo eso que vieron devastado estaba igual, y entonces pues esos cuates empezaron a devastar, a meterse a la comunidad, amenazando, asesinando. Tal vez por temor la gente no pues respingaba, o decía algo (…). Los talamontes sí son de las comunidades y algunos de esos sicarios, no se a que grupo atribuírselo, son también de comunidades cercanas y asociadas supongo con otras más grandes, porque no se puede entender pues que dejen ni la policía, ni otras organizaciones más poderosas, que dejen una célula tan pequeñita, controlar ese territorio, no lo entiendo pues, ahorita en el ambiente que está viviendo México, no lo entiendo pues de otra manera, que es una cadenita pues”.

Los compañeros narran así la inoperancia estatal e incluso la complicidad de la policía municipal frente a los abusos crecientes cometidos por el crimen organizado. En lugares como Cherán, al igual que en muchos otros poblados, comenzaron a escucharse noticias sobre extorsiones, levantones y balaceras.Los grupos armados que escoltaban a los talamontes, bajaban juntos en la noche y en el día por las calles del pueblo:  “todos en desfile llevando madera, pinos, ocote, de ocho y medio de ancho. Nadie decía nada aunque teníamos la furia”. 

El comunicado del 30 de abril de 2011 emitido por la comunidad de Cherán es muy elocuente respecto a las continuas agresiones contra representantes comunales: “Esta situación no es nueva, vienen presentándose eventos similares desde el 2008, cuando en mayo de ese año asesinaron al expresidente municipal Leopoldo Juárez, en ese momento la comunidad se manifestaba en contra el presidente municipal electo y denunciaba otras arbitrariedades, desde luego, la tala clandestina ya aparecía entre las quejas. En abril del año pasado asesinaron a Hilario Gembe hermano del Representante de Bienes Comunales, Javier Gembe, en seguida él y su familia se fueron de la comunidad, hasta la fecha no se sabe de ellos. En febrero de este año secuestraron al Secretario Rafael García Ávila y al Tesorero Armando Gerónimo Rafael de Bienes Comunales y otros tres comuneros no se ha esclarecido el caso (…)No solo ha habido asesinatos y desapariciones de autoridades y comuneros, sino que constantemente las y los comuneros han recibido amenazas y ataques por parte de los talamontes. El comité de Bienes Comunales ha solicitado, muchas veces,  la intervención del gobierno estatal en la solución al problema de tala ilegal  e incendio de bosques (provocados por los mismos talamontes delincuentes) así como al problema de la inseguridad, pero la indiferencia gubernamental sigue constante hasta el día de hoy”. 

Ya desde el 2008 que empezaron las reuniones para organizar algo como comunidad: “Mucho tiempo atrás, pero en pequeños grupos, pero ahora si que como a escondidas, que no se difundieran mucho, ¿por qué? Porque ya teníamos ese temor, aquí ya entraban los malos y ya nos cobraban cuotas a los comerciantes, a los tianguistas y ese era el temor.

Desde el 2008 (hemos) estado haciendo esto y han visitado diferentes instancias de gobierno y simplemente no hacen caso, y solamente así nos hicieron caso hasta que nos levantamos. Ahora si el gobierno… bueno hemos estado allá en Morelia pero esto lo hemos hecho bajo presión porque nos vamos en marchas y cerramos la capital, las cuatro entradas de la capital de Morelia y hasta entonces empezaron a dialogar, como comunidad(…). La gota que derramó el vaso fue que se metieron al ojo de agua (en 'La Cofradía') que abastece a toda la población y eso no se vale, porque eso para nosotros es sagrado y se metieron ahí y fue cuando la gente se levantó y dijo, bueno qué esta sucediendo, por qué lo hacen, porque se nos meten aquí al lugar sagrado, es un lugar así como una reserva ecológica en donde hay un manantial que abastece aquí a nuestra población y eso fue lo que eso sucedió y por eso la gente se levanto y hasta el momento así estamos, levantados”.

Hasta este momento, la actuación estatal había sido totalmente insuficiente, y la participación de la policía municipal muy cuestionada en los sucesos del 15 de abril. En el documento firmado como producto de los acercamientos de la comunidad con la Secretaría de Gobierno, quedó patente la denuncia de los cheranenses: la policía había estado coludida con los miembros del crimen organizado.[8]

Ni las presiones al gobierno del estado ni a la policía municipal habían funcionado para lograr que éstas instancias tomasen acciones ante la tala y los ataques armados a la comunidad. Fue entonces, que el hartazgo tomó un cauce poderoso porque fue colectivo. La organización comunitaria superó el temor ocasionado por las armas y sobrepasó las diferencias creadas por los partidos políticos: “es que aquí lo que nos partió fue precisamente los partidos, y los partidos parten, eso es, y cuando eso sucedió nosotros cada uno jalábamos por nuestro lado, que partido del PRD, del PRI, del PAN y tantos otros partidos… pero ahora que estamos sin partidos, porque fue un acuerdo de asamblea general participar sin partidos, y aquí estamos sin partidos unificados, y a eso es a lo que le tiene miedo el gobierno”.[10]

Fue un grupo de mujeres y jóvenes quien rompió el silencio y el miedo el 15 de abril de 2011 por la madrugada, cuando por el sector de El Calvario se detuvieron a seis camiones de talamontes y gente armada que iba a pasar como todos los días llevandose los puros troncos. Ante los disparos de estos últimos se defendieron con cohetones. Mujeres y jóvenes dispuestos a todo contuvieron el ataque y lograron retener a cinco talamontes. Como hace muchos años, cuando en 1989 se había tomado la alcaldía Cherán, a modo de alarma y convocatoria, se comenzaron a tocar las campanas de la iglesia: “Que nos valoren más como mujeres, porque ahora sí que si lo han reconocido los compañeros, es que aquí las que empezaron esto fue un grupo de mujeres (…) Ya nomas en cuanto amaneció pues vámonos a ver que pasaba y veíamos que todos ‘¡que ahí vienen los malos!, ¡que córranle!, ¡que ahí viene otro carro!’. Y ya parado, y nuestras armas eran piedras, eran palos, y la gente con lo que podía levantaba nada más, y ahora si que las mujeres íbamos y nos parábamos a que el carro pues no pasara, ya no dejarlo, para ‘atraparlo’ decíamos nosotros. Entonces todo, no había organización, porque sucedió así de manera espontánea, y bueno empezamos a hablar la necesidad de que debe de decirnos, bueno una parte váyase para allá, otra parte haga esto, porque no nada mas es entrar y luego empezamos: y no, que otros ya están escapando para allá; no que otros ya se fue para acá, y así fue de la manera en que empezamos a ver la necesidad de que tenían que haber comisiones para empezar a organizarnos”.

Otro compañero recuerda: “[Antes del 15 de abril] era como trabajar con zombies, una persona que vas caminando pero ya sin ninguna esperanza, ya no luchaban pues por nada (…). El 15 de abril a mi me tocó estar presente, porque se suscitó el asunto acá, para esa capilla del Calvario, que le llamamos, y a mi me toco estar presente por ahí. Lo primero que yo vi era un grupito no muy grande en su mayoría de jóvenes, la juventud fueron los primeros que respondieron y se fueron sumando mujeres, fueron las que se fueron sumando, fueron las que vi en el movimiento (…). Pero la verdad fue que ingresó el grupo (de gente armada y talamontes) tirando bala, hirieron a uno y a esas personas que entraron con armas los corrieron, los de aquí no andaban armados, sencillamente con cohetes (…). Lo que estaba muy candente en ese momento fue el mirar que la policía les abrió pues cancha ya cuando habían herido y tirado balas pues, cómo es que la policía de aquí del municipio les abran cancha a los maleantes para que escaparan…”.

Los balazos con los que atacaron a los comuneros en resistencia sonaron por todo el pueblo y la gente que se aglutinó —tal y como cuenta una de las mujeres que presenció el momento— a decidir la manera de no permitir más el ingreso de los talamontes. Allí surgieron las barricadas y las fogatas. Y la calles quedaron tomadas por la fuerza de la comunidad, desde entonces Cherán está controlado por los mismos habitantes y se vive más seguro: “Pasaban por el medio del pueblo, no se les podía ver a la cara porque pasaban apuntando. [El 15 de abril] de la balacera nos salvamos por Diosito, teníamos miedo, pero preferimos estar así [en las fogatas] mil veces que con los talamontes que es crimen organizado”.

La Ronda Comunitaria —como acción decidida colectivamente— recuperó de manera muy efectiva el territorio perdido o expropiado, por así decirlo, por el crimen organizado y los talamontes. La Ronda que se formó después del 15 de abril, conoce palmo a palmo este bosque devastado y mantiene la tranquilidad en la zona, a sabiendas que corren peligro de muerte. Por tanto, el camino hallado ha consistido en recurrir a las propias fuerzas de los miles de hombres y mujeres que siguen luchando por que no muera el bosque y por no morir ellos mismos, tal y como sucedió a dos compañeros cheranenses caídos el 27 de abril de 2011, cuando fueron alcanzados por el ataque armado de los sicarios; o a los otros ocho compañeros que han sido asesinados desde el 2008.

Se sabe que cuando caiga talado el último árbol, también caerán las últimas esperanzas de seguir haciendo y siendo comunidad p’urhépecha de los antiguos bosques michoacanos. Ahora bien, después del 15 de abril, quedan varias preguntas que se transforman en más lecciones para el resto de las(os) mexicanas(os), y personas de otros lugares del mundo, ante la ola creciente de violencia y continuos despojos descarados, entre ellas: ¿cómo es la vida sin policía en Cherán?

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