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Crónicas Wayuu

Combinación explosiva en La Guajira

martes 23 de abril de 2013 Comenzamos uno de esos recorrido en profundidad que en Otramérica nos emocionan. Blanca Diego, de LolaMora Producciones, ha entrado a fondo en el territorio Wayuu y el resultado es un complejo y completo ‘retrato’ de una realidad difícil y explosiva. Arrancamos hoy con la primera entrega de este especial que se publica por primera vez a través de Otramérica.

Retén militar llegando a Paraguaipoa

Retén militar llegando a Paraguaipoa Blanca Diego

Por Blanca Diego

[Crónicas Wayuu es un recorrido por el territorio ancestral de uno de los pueblos originarios de América más olvidado y polémico. Crónicas Wayuu es una serie de nueve reportajes sobre el pueblo Wayuu y su territorio, la península de La Guajira, una de las fronteras entre Venezuela y Colombia más violenta y caliente del momento. 

Este trabajo es una producción de LolaMora Producciones con el apoyo de Fundación Friedrich Ebert y su proyecto FES COMUNICACIÓN AMÉRICA LATINA. Los textos y fotografías son de Blanca Diego Vicente. La edición de imágenes es de Carolina Arias y María Inés Armesto.]

 

Paraguaipoa, ciudad-frontera 

Esta es una frontera de mestizaje, el intercambio económico hace que entren a actuar personajes varios. El contrabando también ha dejado muchos hijos regados. Yo soy hijo de un guardia nacional que resguardaba la frontera. Mi caso es el de muchos, hemos nacido de uniones pasajeras con mujeres wayuu. Ya se sabe el dicho: Padre desconocido… hijo de frontera. (Leonel Fernández, del municipio La Guajira).

La frontera norte entre Venezuela y Colombia está en la península de La Guajira, un territorio  disputado por narcotraficantes, grupos armados ilegales y traficantes de gasolina. Un espacio donde los dos estados latinoamericanos han fallado y se han ausentado, o nunca han estado presentes, dejando a la población completamente abandonada. 

Un punto central en la ruta que conduce a esta frontera internacional es la pequeña localidad de Paraguaipoa. A escasos kilómetros de este lugar arranca la Troncal del Caribe, la vía principal que comunica ambos países y por la que se despachan mercancías y millones de litros de combustible de contrabando. Para este comercio ilegal también se usan vías secundarias o trochas que atraviesan la desértica península de La Guajira.

Paraguaipoa es también paso obligado para los vehículos que se dirigen al interior de La Guajira, a las ciudades colombianas del Atlántico y al corredor minero en el sur (Baja Guajira).  En su calle principal estacionan los camiones 350 para que suban las mujeres wayuu y sus “listas de pedidos” de mercancías y animales. Estos vehículos salen de Maracaibo todos los domingos en la madrugada y llegan al norte, a Nazareth, los miércoles. Allí las mujeres descargan las encomiendas y hacen el camino de regreso en esos camiones rompehuesos.

 

Maracaibo-Paraguaipoa: la ruta controlada

La Guajira es un territorio de unos 23.000 km2 gobernado por Colombia y Venezuela desde el siglo XIX y habitado por el pueblo Wayuu desde mucho antes de la llegada de los españoles a sus costas, en 1499.

Por el este, la península limita con el Estado Zulia, cuya capital, Maracaibo, es la principal productora de crudo de Venezuela. Una de las vías que conducen a Paraguaipoa, desde la ciudad de Maracaibo, atraviesa la zona universitaria. Y en esta zona estudiantil, el famoso y arabesco Motel Aladino se anuncia así en vallas publicitarias gigantes: “Clases de botánica: las rosas pueden provocar incendios”. Unos metros más allá, siempre dentro del radio de acción de los universitarios, en masculino, “Maestrías en anatomía” junto a la imagen de dos largas piernas –blancas- de mujer.

El Caprice Classic, del año 80, es un taxi por puesto (siete puestos o personas) que hace la ruta, sin paradas, de Maracaibo a Paraguaipoa. En el trayecto hay muchos carteles y anuncios a cada lado de la carretera: “Frigorífico industrial socialista”; “Comedor Gloria a Dios”; “Venta de verduras Gracias a Dios”; “Wayuu Taya preescolar”; “Venta de pescao fresco y salao”. En este punto, el primer Retén de la Guardia Nacional. “Instituto de Resocialización Psiquiátrico”; “Cauchera A qué Víctor”; “Loterías”; “Tizana bien fría”; “Abastos: El porvenir de mis hijos”; “Licores”; “Gran Misión Vivienda en Venezuela”; “Distribuidor de pollo, Mi cariñito”; “Salón de belleza”; “Misión Madres del Barrio”. Llegada al río Limón donde está Punto Guerrero, un control aduanero de la Guardia Nacional, revisión de documentación y mercancías, es una primera frontera antes de llegar a la frontera de Paraguachón con Colombia. Unos minutos después, y al pie del Conjunto Habitacional Nahua (250 viviendas sociales de la Gran Misión Vivienda en Venezuela), otra alcabala o retén con seis soldados del Ejército Bolivariano de Venezuela. Más adelante, en la localidad de Sinamaica, un control de la Estación Policial. Unos minutos después, frente al Centro de Acopio Mercal, un retén del Ejército, no más de 13 soldados. Unos kilómetros más y otro control del Ejército, cinco soldados. Llegada a la ciudad de Paraguaipoa, destino final del taxi, una alcabala de la Guardia Nacional a la entrada; la sede central de la 13 Brigada de Infantería, en la plaza central, y un retén del Ejército en la salida del municipio, camino a la frontera.

En total, entre Maracaibo y Paraguaipoa, unos 100 kilómetros, siete controles, fijos o móviles, de la Guardia Bolivariana Nacional, el Ejército Bolivariano de Venezuela o la Policía; y dos horas de viaje si los controles no son exhaustivos. Las y los universitarios de los municipios de La Guajira han empezado a  desistir de ir a la universidad porque, desde hace dos años, ir y volver en el día se ha vuelto una pesadilla y tampoco tienen medios para vivir en la capital. “Esto también es una vulneración de derechos”, dice Olimpia Palmar, periodista de Radio Fe y Alegría Paraguaipoa.

 No hay ruta ni transporte que no pague sobornos, permisos de paso, etcétera y los convoyes siempre cuentan con seguridad fuertemente armada. La gasolina es la cocaína de la frontera.

Combustible legal, gasolina ilegal

Por la misma carretera que une Maracaibo y Paraguaipoa circulan millones de litros de combustible, legal e ilegal, con destino a Colombia. Se trata de un punto neurálgico para el almacenamiento y la distribución de la gasolina. También pasan carros robados, enteros o por piezas, circulan los camiones de PDVSA (la petrolera estatal de Venezuela) y los tanqueros legales. Los carro tanques, camionetas y vehículos que distribuyen ilegalmente a mediana y gran escala van por las trochas, vías secundarias o caminos de arena.

El tráfico ilegal de combustible tiene su propio argot: existen gandolas (con capacidad para unos 40.000 litros) que son almacenadas por las y los bachaqueros (contrabandistas) en caletas (vivienda-almacén o solo almacén) antes de ser distribuidos. A escala mayor, hay vehículos que transportan entre 12.000 y 6.000 litros cada uno, son los narcogasolineros y la Caravana de la Muerte, todos ellos utilizan trochas o caminos alternos. Un ejemplo de ruta: un grupo de barcazas esperan en la noche a orillas del Río Limón o en algún caño (vía acuática) a que lleguen los camiones cisterna; una vez se encuentran, los barriles se descargan en los camiones (10.000 – 13.000 litros) y estos inician ruta hacia Colombia por las trochas guajiras de arena y tierra o por la Troncal del Caribe. Otra modalidad de contrabando es la que utiliza camiones que cargan en los barrios periféricos de Maracaibo, normalmente en la salida hacia la frontera, llenan 200 barriles (5.000 litros) y ruedan por la noche por las trochas. No hay ruta ni transporte que no pague sobornos, permisos de paso, etcétera y los convoyes siempre cuentan con seguridad fuertemente armada. La gasolina es la cocaína de la frontera.

Informaciones de la prensa local sobre decomisos en 2012:

“Encontradas 300 pipas de combustible en varias casas del sector La Punta: decomisaron una parte y quemaron una vivienda y un cementerio privado con la otra. Resultado, enfrentamiento”.

“Recuperación de 910 pipas”.

“Decomisados 40.000 litros de gasolina en cinco caletas, cada pipa contenía 210 litros de combustible”.

Esta es la tónica desde 2011.

“La Fuerza Armada Nacional (de Venezuela) está trabajando incansablemente para desmantelar las bandas dedicadas a este delito, que se encuentran desangrando el país. No descansaremos hasta acabar con este flagelo. General Izquierdo Torres en declaraciones a la prensa”.

 

Otro wayuu asesinado por bachaquero

Francis Fernández llegó llorando a la radio Fe y Alegría Paraguaipoa el 29 de enero y con estas palabras denunció a micrófono abierto el asesinato de su primo y el allanamiento de su casa: “Es una caleta pero los que vivimos allí somos personas, le pegaron como cinco balas a mi primo, no les importó que habían niños” y responsabilizó al Ejército Bolivariano de Venezuela. El ciudadano wayuu Menandro Pírela, de 36 años, fue asesinado de cinco balazos. También hubo personas heridas, entre ellas, menores de 18 años.

De cada cinco casas, una es una caleta en Paraguaipoa; un depósito de combustible en la parte trasera de una vivienda.

Supuestamente, las caletas son clandestinas porque comprar combustible, gasolina, gasoil… en Venezuela para después revender en Colombia es ilegal en ambos países. Sin embargo, “la visita” del ejército a la caleta del sector Los Aceitunitos no era la primera. “Cuando la gente se niega a soltar (se niega a pagar), le caen a plomo”, dice Mermis Fernández, director de la emisora.

El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela ordenó, mediante Decreto Presidencial número 7.938, la creación de diez Distritos Militares a lo largo de la frontera con Colombia, uno de sus objetivos es “combatir el contrabando de combustible”. El Distrito Militar n.1 Guajira tiene el mando central en Paraguaipoa y cubre una superficie aproximada de 8.544 Km², es decir el territorio venezolano que tiene frontera con Colombia en la península de La Guajira. Bajo este decreto, aumentan las atribuciones de la 13 Brigada de Infantería y, en la práctica está desplazando a una vieja conocida de las camellas: la Guardia Nacional.

No hay visos de que el contrabando haya disminuido y los mecanismos de control de corrupción brillan por su ausencia

Jayariyú Farías Montiel es fundadora y directora del periódico Wayuunaiki“El distrito militar es posible porque hay una lealtad de muchos wayuu con el PSUV (partido en el poder en Venezuela). La apreciación general es que con Chávez los Wayuu somos gente, pero ¿por qué la lealtad ha de ser tan absoluta cuando se están pisoteando nuestros derechos? Siento que la gente está anestesiada y va por limosnas”.

En general, los militares no conocen el destino donde deben servir a la patria: no conocen ni La Guajira ni a los wayuu, pero lo valoran positivamente porque aquí pueden “completar la paga”. Dos años después de la medida, no hay visos de que el contrabando haya disminuido y los mecanismos de control de corrupción brillan por su ausencia. “Yo fui testigo que a ellos se les entregó diez bolívares la semana pasada porque consiguieron dos gandolas descargando gasoil”, dice Francis en su denuncia.

Aquel martes 29 de enero algo se torció… y a los verdes se les fue la mano al gatillo. Francis se atrevió a señalar al ejército porque “no podemos seguir siendo maltratados ¿hasta cuándo tanto maltrato? No es nuestra culpa que seamos bachaqueros, si aquí no hay trabajo”.

Datos registrados desde 2010  hasta febrero 2013 por el Comité de Derechos Humanos de La Guajira, con sede en Paraguaipoa: 7 asesinatos, 160 allanamientos ilegales en domicilios particulares y más de 200 detenciones arbitrarias. “Las víctimas son en su mayoría población wayuu que se dedica a la compra y venta de combustible, el victimario es el ejército de la frontera”, dice su coordinador José David González.

Los Distritos militares venezolanos tienen la orden de resguardar la frontera; detectar y neutralizar acciones de espionaje y presencia de grupos irregulares foráneos; contribuir a la erradicación del tráfico de estupefacientes y sustancias psicotrópicas; combatir el contrabando de combustible, carbón y otros recursos minerales y “salvaguardar la cultura ancestral de los pueblos indígenas frente a la amenaza potencial de la transculturización”, lo cual resultaría chiste si no fuese por los asesinatos cometidos por sus efectivos.  

La entrevista tiene lugar en la radio porque el Comité de DDHH no tiene oficina. José David González, wayuu, lo dirige desde sus inicios, en 1999. Nunca alza la voz y apenas gesticula, ha recibido varias amenazas de muerte y está a la espera de una medida de protección.

- El Distrito Militar es un decreto presidencial fechado el 29 de diciembre de 2010, ¿Cuándo y cómo tienen ustedes conocimiento? 

De la noche a la mañana, fue una sorpresa para nosotros. Fue a inicios de 2012. El decreto desde el punto de vista legal es inconstitucional porque viola el Capítulo 8 de los Derechos de los Pueblos Indígenas (de la Constitución) y la Ley Orgánica de los Pueblos y Comunidades Indígenas, ambas especifican que cualquier decisión que toma el Estado debe ser consultado a las comunidades, lideres, organizaciones que tienen vida en el territorio indígena.

- ¿Qué hicieron?

Llamamos a una mesa de concertación con el Fiscal Superior, Defensoría del Pueblo, Alto Mando militar y diputados del Estado Zulia. Todos se comprometieron a ser voceros ante el Ministerio Defensa, Vice presidente, Fiscalía General y ante la Asamblea Nacional. Llegamos a un acuerdo que nunca se ejecutó.

Mermis Fernandéz, director de Radio Fe y Alegría Paraguaipoa, cuenta la misma versión del tipo de consulta previa que se realizó y de la que ambos tuvieron conocimiento en 2012, cuando la medida se dio a conocer públicamente. Según ellos, la consulta consistió en una asamblea convocada por el Alto Mando Militar y el Ministerio de Interior con los Consejos Comunales de los tres municipios afectados, ahí queda aprobado el Decreto Presidencial.

-¿Qué supone vivir en un distrito militar?

Bueno, pues que lo controlan todo. La gente que trae alimentos para vender en Paraguaipoa debe dar al ejército 20, 30, 50 bolívares, y no a una sino a todas las alcabalas. Estamos siendo controlados dentro de nuestro propio territorio.

-¿Y tampoco se ha controlado la presencia de grupos armados ilegales?

Pues si hablamos de seguridad no se ha visto el resultado, seguimos siendo una zona de frontera insegura. Ahora más que nunca hay presencia de grupos extraños armados, que se mueven, con mucha facilidad, ni siquiera en zonas montañosas, sino en centros poblados como Los Filúos. Los narcogasolineros, por ejemplo, que viajan por la sabana, son cuarto camiones que dejan una ganancia enorme, ahora le dan a la guerrilla y nadie los roba y regresan felices, nadie los molesta.

-¿Cómo se trata en la radio la presencia de estos grupos en el municipio?

No se habla, primero porque la gente no lo dice a la luz pública pero sí es vox populi. A veces sentimos ganas de decir las cosas pero nos sentimos impotentes. Yo sé que llegará un momento que no será un tema tabú, y tenemos el compromiso, como comunicadores wayuu, de fortalecernos como pueblo, la convivencia….

-¿Dónde está la histórica autonomía del pueblo wayuu en medio de esta violencia?

Todos vienen silenciosamente negociando, ganando terreno. Una fuerza de esa naturaleza que domina armas, tiene poder... quedarse quieto, callado, la misma dinámica del poder, del dinero… todo esto es lo que ha modificado esa autonomía. Aquí todo el mundo conoce quién es quién, puedo comprometer a mi familia. Hemos aprendido a cubrir información pero hay autocensura. Es que tú convives con la gente, pasas por donde está la gente… ¡Epa Mermis ven acá, echa un trago! Hay que cuidarse.

 

No más bala contra los Wayuu

El contrabando de combustible es un negocio del que dependen muchas familias de La Guajira colombo-venezolana; de él también viven a ambos lados de la frontera grupos paramilitares, políticos, cuerpos policiales y militares, jueces y abogados, etc. desde los años 90. Es un trasiego de millones de litros al mes que se mantiene gracias al soborno y la amenaza; enriquece a unos pocos y apenas alcanza para sobrevivir a los  bachaqueros minoristas.

Una semana después del asesinato de Menandro Pírela, el Comité de DDHH de La Guajira convoca a una rueda de prensa en Maracaibo con la intención de atraer a los medios regionales y tener impacto nacional. Ni uno solo se hace eco de la noticia, apenas informa Fe y Alegría Nacional.

Somos víctimas de los militares. ¡Queremos justicia, basta de tantos asesinatos!”. Francis Fernández con su denuncia pública está demostrando que el silencio ya no es absoluto y que hay un hervidero en las calles que se reforzará con la  campaña No Más Balas, impulsada por el mismo grupo de organizaciones wayuu que el 9 de agosto de 2012, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, se tomó la plaza de Paraguaipoa, haciendo a un lado a los militares, bajo el lema Por el Respeto y la Dignidad del Pueblo Wayuu, acudieron unas 50 personas, a otras las convencieron de que era una marcha escuálida (de opositores al gobierno) y no salieron. Mermis cree que, aunque solamente sea a través de los micrófonos, la gente va perdiendo el miedo y la dependencia de la politiquería.

Hugo Chávez entregó la frontera a los militares “para que la manejen a su antojo”, en un intento de congraciarse con ellos. Hace diez años “el envío a la zona de frontera era un castigo, pero hoy en día representa una forma fácil de enriquecerse”, asegura el informe La frontera caliente entre Colombia y Venezuela. Es una generalidad, pero lo cierto es que la frontera colombo-venezolana, por el lado de La Guajira, es hoy más peligrosa y violenta que hace tres años; que los gobiernos respectivos han perdido el control o lo han dejado sin control; y que está en manos de las mafias de la gasolina.

Nadie en la zona sabe hasta cuándo vivirán bajo un distrito militar. Mientras tanto, las organizaciones wayuu siguen esperando una visita de Caracas que verifique las violaciones a la libertad y la vida y garantice justicia. 

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