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Costumbre aymara

Ajtapi, compartir la comida

lunes 12 de marzo de 2012 Nuestras culturas originarias no son material de museo ni objeto decorativo para actos públicos, como muchos tratan de hacernos creer. Persisten hasta hoy para mostrar el camino de una cosmovisión acertada, que nos habla desde el pasado para reconstruir lo que tenemos y pensar en el futuro.

Por Solange González Henott

Más allá de las atrocidades y calumnias de las que el continente ha sido blanco en su historia, y muy a pesar de gobernadores serviles que han pretendido colonizar nuestras culturas originarias o extinguirlas directamente, persisten todavía formas de vida de nuestros pueblos que nos gritan ¡presente!.
En Bolivia, en el sur de Perú y en el norte de Chile viven pueblos Aymará. En El Alto, la ciudad que se ha formado al calor de luchas, crecimiento inmobiliario y comercial popular, sus costumbres se expresan al compás de un auge que se aleja de La Paz, construyendo una autonomía y particularidad que cada día es más evidente.

A más de 3.500 metros de altura, en la meseta altiplánica, está ubicado El Alto y su ritmo puede llegar a enloquecer. En medio de sus ferias populares donde todo se vende en la calle -desde autos, frutas, repuestos, libros, comida y todo lo que la imaginación permita, "incluido niños" como me cuentan-, se desarrolla un sistema de vida impresionante, que abre las formas de entender el mundo.

En esos recorridos alteños, me encontré con un Ajtapi. Sucedió en una feria estable donde las personas que allí comercializan celebraban el aniversario de su pequeño mercado que involucra una calle con sus puestos y sus productos donde predominan los artículos de aseo y los alimentos no perecederos.

Junto con la celebración de su aniversario se produce también el cambio de mando de la directiva que se elige entre los miembros de la feria. Los salientes, tienen como deber último repartir comida en los albores de la fiesta que pronto comenzará, una conmemoración de veras, donde la alegría y lo colectivo es lo principal.

Entre banderas celestes y blancas que adornan los pasos, un grupo de feriantes se sienta alrededor de un manto blanco donde son puestos los alimentos con los que se colabora. Entre todos compran "gaseosas" y comen, se ríen, conversan, vuelven a reír, vuelven a comer y así, mientras me invitan a compartir con ellos y beber una y otra vez y reír, se da vida al Ajtapi, una comida comunitaria donde el chuño (papa deshidratada) y diferentes salsas preparadas con ajíes y aceites acompañan al clásico pollo frito, uno de los alimentos más servidos en los platos de El Alto y de Bolivia en general.

"Hoy es un día bien importante para nosotros, por eso nos coordinamos para compartir pues es el aniversario de nuestra asociación, hoy cumplimos 28 años y por eso celebramos compartiendo, trayendo nuestra comida para nuestro ajtapi con nuestros amigos con quienes trabajamos todos los días, de domingo a domingo", cuenta la señora Felicia Quispe, en la altura del Alto, con el oxígeno suficiente para seguir frenando el ingreso de los grandes supermercados de tipo norteamericano que nos invaden y que aquí, en El Alto, tienen el paso cerrado.

 

 

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