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México

De cómo hacerse invisible para los lobos

jueves 22 de marzo de 2012 "Sólo nos tenemos a nosotros". Pero ese nosotros parece inmenso en la voz de Antonia Gutiérrez. El dolor de una de las personas que forma el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad de México se transforma en palabras dardo. Su descripción del "mercado de personas" en México, del mercado de la muerte estremece y moviliza.

Por Paco Gómez Nadal

Cuenta Antonia que un día abrió el computador y vio la foto de una camioneta con los cadáveres de seis jóvenes asesinados y que leyó que habían matado al hijo de un poeta. "Había muchos muertos antes, pero por alguna razón este hizo algo dentro de mi". Uno de esos seis muertos era el hijo de Javier Sicilia, el periodista y poeta que ha inspirado un inmenso movimiento de resistencia civil a la llamada "Guerra contra el Narco" que ya se ha cobrado unas 60.000 vidas.

Antonia Gutiérrez, madre soltera, periodista de investigación de profesión y vendedora de ropa al mayoreo para supervivencia se dio cuenta de algo: "Todos estamos en la sala de espera". A la espera de la muerte. "Me di cuenta de que para esos hijos de la gran chingada nuestros hijos son mercancía, nada más y que llegará su turno".

En México, "y esto lo debe saber el mundo", "ya no pedimos para nuestros hijos fama y fortuna, sino que vuelvan, que vuelvan a casa en la noche, que duerman en su cama, que sean invisibles para los lobos".

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) está cumpliendo un año y aunque los medios mexicanos y del resto del mundo ya no prestan tanta atención a su desarrollo, en el silencio de los micrófonos está creciendo de forma considerable, no sólo en la labor de denuncia y resistencia, sino en el acompañamiento a las víctimas de la violencia en su busqueda de información o de justicia.

"Tratamos de que nuestros hijos vuelvan cada día a casa -insiste Gutiérrez-; cuando no lo conseguimos y engrosan la lista de los miles de desaparecidos, pedimos que aparezcan vivos; cuando no lo conseguimos, pedimos que aparezcan muertos; cuando no lo conseguimos, pedimos que los maten rápido, de un balazo; cuando tampoco lo conseguimos pedimos que aparezca un trocito de ellos para poder hacer una prueba de ADN y así comprobar que sí existieron, que no fue un sueño". Y todo esto, insiste la activista, solos. "Solo nos tenemos a nosotros. Los Gobiernos no quieren, no pueden, no les interesa...".

Anoche escuché el largo relato de Antonia. Fue un perfil milimétrico de un México cansado pero no arrodillado.  De una mujer luchadora que pide al resto del mundo que mire hacia acá "denuncie, comparta hasta las lágrimas". Este post es sólo un adelanto, es un pedacito de esta Otramérica que no me canso de escuchar, de mirar y de ad-mirar: esa terca Otramérica que sí es visible para los lobos, pero que los está enfrentando.

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