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Islas de la Salvación

De visita en el infierno

viernes 19 de agosto de 2011 Las Islas de la Salvación son una de esas muescas en la historia. En la historia de la infamia, que por cierto tiene poco espacio ya en su disco duro. Recorrer las celdas que durante 94 años fueron la tumba en vida de muchos de los 80.000 prisioneros que Francia envió a este penal repartido en tres islas. Te invito a conocer como fue el infierno. (Version française disponible)

Celda fortificada en la Isla del Diablo donde estuvo confinado Dreyfus. Sólo podía caminar 1 hora al día y dentro del mini recinto amurallado.

Celda fortificada en la Isla del Diablo donde estuvo confinado Dreyfus. Sólo podía caminar 1 hora al día y dentro del mini recinto amurallado. PGN

Por Paco Gómez Nadal

(Para ver el vídeo hacer click aquí)

(Vous pouvez lire la version française ici)

 

“Uno de los barrios bajos de Sodoma, construido a la sombra de la bienintencionada burguesía de la III República”. Así definió  el Anarquista Clement Duval el penal de las Islas de la Salvación (Iles du Salut) cuando logró salir después de 14 años de condena. No parece una exageración.

Camino por los corredores de las galerías de las instalaciones de la Isla de Saint Joseph y falta oxígeno. Estoy al aire libre, la madre tierra ha tomado posesión de lo que los seres humanos mancillaron con violencia pero, aún así, es asfixiante imaginar el sufrimiento de los hombres encarcelados acá. Igual deben ser (aunque con la profilaxis del siglo XXI y las nuevas técnicas de tortura) lugares como el penal de Guantánamo o algunas de las celdas secretas que se esconden en Irak o en Afganistán.

 

Una ley 'conveniente'

Los primeros supuestos delincuentes deportados al penal de Guayana Francesa salieron del puerto de Brest en marzo de 1852. 301 convictos a los que se les aplicaba la nueva ley de Destierro (de diciembre de 1851), una jugada de Napoleón III para quitarse de en medio a opositores políticos y de paso enviar delincuentes comunes que sirvieran para poblar esta colonia que los franceses nunca habían logrado dominar.

La historia oficial siempre es injusta  y en las ruinas de este megapenal que ocupaba las tres islas (Real, Saint Jospeh y Diablo) sólo se recuerdan dos nombres: el del célebre Alfred Dreyfus, que se consumió 4 años en una “celda fortificada”, y el de Guillaume Seznec, culpado de un asesinato que no cometió, quien pasó 24 años de trabajos forzados en Guayana y que sólo volvió a Francia cuando el penal se cerró en 1946, después de la II Guerra Mundial.

Pero por acá pasaron desde independentistas indochinos, enemigos políticos del poder de turno durante esos 94 años, soberanistas argelinos como Abdel Kader Soufi o raterillos que después de tres sentencias por robo de más de 3 meses cada una, eran desterrados a este campo del infierno.

 

Un cementerio turístico

Es raro estar aquí ahora. Sólo se puede acceder a las islas como turista y a la del Diablo está prohibido el acceso por la dificultad que tiene la aproximación a su costa rocosa y los accidentes que esto ha provocado. Algunos franceses, algunos surinameses y algunos nacidos en Guayana Francesa disfrutan de un día de mar y playa. Pocos se interesan por las ruinas o por la historia del lugar. Las antiguas barracas para los guardianes han sido convertidas en restaurante y hotel, y parece más un lugar de recreo que un cementerio de la historia. Es un lugar de recreo.

A mi, como les decía, me cuesta un poco respirar –y no por el calor brutal que hace en las dos islas que visito (Real y Saint Joseph), sino por la incapacidad infantil que tengo para entender la violencia a la que unos humanos pueden someter a otros humanos (claro que para llegar a esta reflexión, y después de ver algunos vídeos de la acción de la Policía en Madrid, me podía haber ahorrado el viaje).

Los pabellones de celdas estaban construidos con una lógica panóptica y, además los presos no podía hablar mientras estuvieran dentro de la celda (los sacaban para trabajos forzados). Tampoco tenían intimidad, ya que las celdas no tenían techo, sino una reja, y los guardias contaban con unos pasillos superiores para vigilar en todo momento. Hay otras celdas (las pueden ver en el vídeo) que eran denominadas como Guillotinas Secas: sin luz, sin ventilación… allá se podían pasar meses, como fue el caso de René Belbenoit, que estuvo 11 meses dentro de esta celda de castigo.

Los Bagnards (condenados) eran de tres tipos: los transportés (unos 50.000), que eran los condenados a trabajos forzados por vida; los deportés, desterrados por razónes políticas y, aunque eran condenas perpetuas, podían lograr una amnistía; y los doublage, víctimas de un sistema perverso que hacía que si su condena era inferior a 8 años debían pasarla en el penal y el mismo tiempo sin abandonar Guayana Francesa (para tratar de hacerlos colonos), si la pena era superior a 8 años pero no de por vida, al salir del penal no podían volver a Francia.

 

De mitos 

No les agobiaré más hoy con historia (y eso que la historia es importante), pero al nombrar a Belbenoit aprovecho para desmitificar al famoso Henri Charriere, alias Papillón y popular en los países de habla hispana por la novela supuestamente autobiográfica que escribió y por la película que se hizo basándose en ella. Todas la fuentes apuntan a que Charriere era un farsante y que la mayoría de historias y de intentos de fuga que cuenta nunca le pasaron a él. La sospecha, nunca comprobada, es que, en realidad, pudo robar el diario que llevó Belbenoit día a día y que Papillón, de existir, sería la historia de ese otro hombre.

Como decía, hora de dormir en estas latitudes y de no convertir un post en una enciclopedia. Prometo contar más sobre este lugar al que, reconozco, llegué con pereza por si había caído en una “turistada” innecesaria y ahora me tiene atrapado. 

 

PD. La turistada que sí no voy a hacer es la visita al Centro Espacial Guayanés (CES). Me haría el héroe de la coherencia  y aseguraría que no voy a entrar allá porque es parte del problema de Guayana (además de suponer el 25% del PIB), pero les diré la verdad: estará cerrado a los visitantes hasta el lunes y e imposible perder ese tiempo y esa plata (porque esto es París en la selva…). Pero del CES seguro que pueden ver un documental en un canal temático (así que me quedo tranquilo).

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