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Nieuw Nickerie

Doriel, los pájaros y el fin del Ramadán

lunes 29 de agosto de 2011 El Ramadán termina este 30 de agosto y en Surinam es una cita muy importante. Pequeña crónica del viaje a la frontera con Guayana y de las últimas horas en este país apasionante y, por momentos desconcertante.

Por Paco Gómez Nadal

Doriel cumplirá 3 años en diciembre. Su vitalidad hoy está consumida por el dolor. El ojo derecho está muy inflamado, tiene una larga herida que baja desde la ceja hasta casi el labio y, además de sangre seca hay algo de pus. Su abuela trata de cubrirla del sol y de proteger su brazo derecho, con alguna rotura no muy clara.

Dice su abuela que se cayó desde muy alto, que fue un segundo, que acaban de volver de misa de Domingo, que la lleva a Guayana porque su mamá está allá y porque el seguro no la cubre en Surinam, que no pueden pagar una clínica privada, que a qué hora llegaremos a Nieuw Nickerie, que gracias por dejar espacio para la pequeña, que si hablo francés, que ella es de Guayana Francesa pero que vive desde hace 30 años en Surinam, que "¿español?"... “¡ah!” que ella tiene una nuera "española", de República Dominicana, que buen viaje...

Doriel viaja ensoñiscada y se queja relativamente poco para la gravedad de sus heridas. Tampoco le presta mucha atención al pájaro enjaulado que viaja con nosotros. En realidad son dos, pero uno está tapado. En total, en este carro, somos dos pájaros, cuatro hombres, dos mujeres y una niña, incluido al conductor al que todos nos referimos con un lacónico "¡eh Rasta!". Rastafari es y saluda a casi todo el mundo que nos cruzamos en 3 horas y media de ruta. Lo hace con el claxon y con un gesto característico con la mano que viene a decir un "what's up man?".

El rasta para en el camino para entregar uno de los pájaros. "A todo el mundo le gustan los pajaros en Surinam", me explica y, ante la mínima pregunta que palabreo, me da una cátedra sobre cuánto llega a pagar la gente por uno de ellos. "Uno silvestre sólo cuesta 150 SRD (45 dólares), pero uno ya 'trabajado' con buen trino, como éste [el de la foto], cuesta 1.700 SRD [525 dólares], pero la gente puede pagar hasta 2.500 [770 dólares]".

En los días que he estado en Parbo (Paramaribo) era extraño ver un comercio sin su pájaro enjaulado en la puerta. Hay un trasiego de jaulas permanente pero, a pesar de eso, el trinar de los cautivos no puede competir con el permanente hilo musical de los libres.

He dejado Paramaribo con cierta nostalgia. Después de una semana, los lugares comienzan a resultarnos familiares. El chino de tu tienda preferida te saluda como a un vecino, las calles ya se han adaptado a nuestra piel, comomenzamos a oler y a caminar como lo marca el ritmo de estas coordenadas. Paramaribo, Surinam en general, es un lugar tranquilo y de gentes amables. Tanto que puede llegar a ser contraproducente. Un estudiante universitario -con el que charlo mientras espero que el taxi colectivo se llene y el viaje sea rentable para el Rasta- echa de menos cierta "agresividad". "He visto que en Chile, cuando el Gobierno da mala educación los estudiantes se van a la calle. Acá seguimos sin movernos porque somos así de 'pacíficos", remata con sorna.

 

En Nieuw Nickerie

Cuando el vehículo llega a Nieuw Nickerie nuestros destinos se separan. La segunda ciudad de Surinam es un pueblo afable. Solo 13.000 habitantes frente a los 260.000 de Parbo, inmensos arrozales rodean el lugar y hoy, más que nunca, reina la calma ya que se avecina el fin del Ramadán (3o de agosto), fecha clave en una zona donde la mayoría de la población es javanesa o india y casi todos musulmanes [En Parbo también había una especial actividad esta mañana por las compras de última hora para la celebración del final del ayuno religioso].

Es curioso como las dos ciudades fronterizas que he pasado hasta ahora (ésta y Saint Laurent-du-Maroní) son extremadamente tranquilas, algo que contrasta con otras fronteras de Suramérica que conozco. Algo me dice que cuando mañana pase a Guayana quizá, solo quizá, sea algo diferente. Amanecerá y les contaré.

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