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Colonialidad

El ajedrez de las Guayanas

martes 09 de agosto de 2011 En los siglos XVII y XVIII se jugó una sangrienta y lucrativa partida de ajedrez geopolítico en lo que se conoce como las Guayanas (actuales Guayana Francesa, Surinam y Guayana). ¿Qué sabemos de ello? Casi nada. Esos nombres le parecen a mucho como asiáticos, a otros, simplemente, desconocidos.

Por Paco Gómez Nadal

El tabaco, el algodón y la melaza fueron el motor del mundo y la fuente de acumulación que hicieron de países como Inglaterra o Francia lo que hoy son. La lucha por ese poder (y por esa economía) se dio en las Antillas y en los territorios continentales cercanos.

Una guerra que se jugó con sangre de esclavos africanos y con la práctica desaparición de los nativos. El propio Adam Smith, hablando del poder inglés, escribía: "Las ganancias de una plantación de azúcar en cualquiera de nuestras colonias de las Antillas son, generalmente, mucho más grandes que aquellas de cualquier otro cultivo conocido, tanto en Europa como en América". Menos refinado lo expresaba Snelgrave en 1754: "Aunque a primera vista pueda parecer bárbaro, inhumano y poco natural traficar con criaturas humanas, los comerciantes tienen tanto que alegar en su propia defensa, aquí, como en otras ramas del comercio, esto es, la ventaja que representa [...] En una palabra, de este negocio resultan beneficios que compensan todos los daños o incovenientes, reales o imaginarios". De alguna manera, que es acá, en las Guayanas y en las Antillas donde nace el modelo de explotación deslocalizada de multinacionales de los países ricos explotando los recursos naturales de los territorios menos ricos económicamente.

Guayana Francesa no se escapó de este destino, aunque las condiciones selváticas (ruínes para grandes plantaciones), los continuos ataques de los pueblos originarios (que aún celebran las victorias de los Alokus) y la dificultad de poblarla sólo la hizo atractiva para la metrópoli a principio del siglo XIX, como zona de reexportación para las otras colonias antillanas.

Pero Guayana Francesa también ha sido un lugar para enviar lo que no se quiere ver. Desde los 80.000 prisioneros que acogió el penal de Isla del Diablo (que acunado terminaban su condena debían permanecer en el territorio como 'colonos involuntarios'), hasta grupos étnicos como los Hmong (que fueron trasladados desde Laos a Guayana tras su 'riesgosa' colaboración con Estados Unidos en la guerra del Vietnam.

Por si faltaba algo, y como relata Eric Williams, tras la abolición de la esclavitud, "la India acabó por reemplazar a África", pero a los procedentes de India hay que sumar los chinos o los habitantes de las entonces Indias Occidentales Holandesas.

Unos 220.000 habitantes en Guayana Francesa que sobreviven gracias a la minería [legal e ilegal -se calcula que unos 8.000 garimpeiros llegan desde Brasil y Surinam-], la estación espacial europea (que aporta un 25% del PIB) y a las ayudas que llegan de la Unión Europea. 

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