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GUATEMALA

El ex guerrillero optimista

martes 08 de noviembre de 2011 Cuando se ha luchado casi dos décadas en la montaña y se mantienen las convicciones de justicia social es difícil abandonar la lucha. José Apolinario Estrada lucha ahora desde el liderazgo popular y con una paciencia y un optimismo que podrían mover montañas. Guatemala tiene quien la sueñe diferente.

José Apolinario Estrada López

José Apolinario Estrada López Víctor Alejandro Mojica

Por Víctor Alejandro Mojica Páez

A los 13 años se unió al Ejército guerrillero del Pueblo en Guatemala. El mismo confiesa que no tenía una idea muy clara sobre por qué llevaba un fusil: “yo no sabía por qué quemaron mi casa o los animales de mi padre... sólo sabía que tenía que unirme a la guerrilla. Dos años despúes de estar en la guerrilla entendí por qué la guerrilla, que había injusticias, una situación dramática y que había que luchar...”.

José Apolinario Estrada López, campesino, indígena Kaqchikel, combatió 17 años con la guerrilla al Ejército en una de los zonas más cruentas del conflicto, “Nebaj, Ixcán”, donde el ejército guatemalteco masacraba lo que veía.

Hoy, ya convertido en un antropólogo, con maestrías y futuro doctorado, analiza su pasado y cree que no murió “por las charlas, por las reuniones que se daban” que lo orientaban en estas montañas que nos rodean repletas de pinos y girasoles. “Poco a poco fuí tomando conciencia. Observé al ejército destruyendo comunidades y la gente huía. Por ellos estaba luchando” .

José Apolinario es un líder comunitario de gran prestigio en Guatemala. Desde que se firmó el pacto de Paz en 1996 que sirvió para abandonar el fusil que cargó consigo por más de una década, estudió, se preparó y empezó otra lucha con los mismos objetivos del pasado: “ya tuvimos la experiencia con la lucha armada. No se pudo, porque esta lucha armada no surgió de los pueblos, fue importada y se fue desarrollando. La gente no la tomó con la pertinencia cultural necesaria. Nuestro reto es hacer una lucha política, y de allí meternos en esta camisa del Estado, que no es de nosotros, pero que tenemos que usarla para llegar a ejercer ese poder local, municipal o departamental. Claro que no nos gusta ese sistema, pero no tenemos otro vía”.

Ahora, en vez de coordinar escuadrones de guerrilleros, organiza y capacita a mujeres indígenas mayas, educa a nuevos líderes comunitarios, propone reformas a los presupuestos municipales, y libra una batalla legal con los grandes capitales que llegan a Guatemala a devorar sus tierras con la organización Comkades. “Tenemos que empezar desde las bases, construir esa plataforma política desde abajo hacia arriba. Hay una gran dificultad en Guatemala porque la Constitución no está hecha por los pueblos, sino por un grupo reducido de poderes económicos, militares, que no nos ha permitido reformar la Constitución... No lo hemos podido hacer, pero esa es nuestra visión, hacer un cambio constitucional y construir una nación multilingue, multicultural”.

En Guatemala, aunque resulte complicado de asimiliar, más del 60% de la población total (14 millones de habitantes) son indígenas, y no ha logrado nunca en su historia tener una representación de sus raíces en el seno del Estado. José considera que hay una dependencia enorme a la cultura del criollo, del mestizo, una colonialidad tan arraigada que va más allá de la explotación laboral, que no observa la dominación como un problema. “Nosotros tenemos una parte de la culpa, porque nos dormimos en nuestros laureles, no nos organizamos como debió ser despúes del acuerdo de Paz (1996). Las organizaciones actuales parecemos pollitos regados, cada quien fue haciendo su parte, haciendo su trabajo en el campo o la ciudad. Y estas organizaciones tenemos un defecto y es que cada quien está jalando por su lado, cada quien está trabajando por su lado, y no hemos podido articular una sola organización, un solo frente a nivel nacional, porque las organizaciones están viendo sus intereses mezquinos; ese es uno de los defectos”.

El otro está ligado a la palabra empeñada en los acuerdos de Paz de reducir la pobreza, evitar muertes innecesarias, acabar con los males de la educación (este año 140 mil guatemaltecos no tienen escuelas a las que asistir) que no han cumplido los otros sectores que firmaron los acuerdos: el Ejecutivo, el Congreso, el Órgano Judicial. “Esos acuerdos se quedaron más como recuerdos, y no se implementaron, porque los gobiernos que han estado en Guatemala no han querido asumir esa responsabilidad. En estos momentos, que estamos en post conflicto, no han mejorado las situaciones que dieron pie al conflicto armado en aquel entonces”.

Claro que no habrá un levantamiento armado nuevamente, los guatemaltecos no quieren saber de eso. Adicional, mucho de los líderes más representativos de la época fueron comprados por el Estado post guerra y no han luchado por la reinvinidación nacional que soñaron hace más de 40 años. Y mientras esto no se supere, como bien dice José, nada cambiará en Guatemala: “nosotros no queremos saber de otra guerra, queremos construir la paz, pero si los niños se mueren por una diarrea, por una temperatura, por enfermedades comúnes, o porque la gente no tiene suficiente comida, ¿como puede haber paz?".

José tiene ahora 46 años y resulta fascinante escuchar su optimismo sobre su país. Sabe que las opciones o el camino que tomaron tardarán “muchos años”, aunque a su juicio, con la elección de Otto Pérez Molina se haya regresado a una etapa militar. No lo duda porque cree plenamente que sí es posible transformar este país que defendió con armas en el pasado, donde murieron muchas amistades, hermanos, vecinos, y que ahora lo hace desde una perspectiva intelectual muy profunda: “Tenemos que iniciar un nuevo proceso, rescatando nuestras raíces de nuestros pueblos originarios. Hay muchos elementos que nosotros le llamamos cosmovisión, que es construir, desde el respeto mutuo, el valor de la palabra, la armonía social. Esas cosas se pueden lograr, pero hay que luchar”...

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