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La Ceiba. Honduras

El mar debería tragarnos

sábado 22 de octubre de 2011 Finalmente he llegado a la Ceiba, a conocer la novia de Honduras. No tengo agenda, tampoco amigos, y esta tarde solamente he logrado conversar con un niño...

Por Victor Alejandro Mojica Páez

La Ceiba.  El mar no está ocasionando los efectos que debiera. Está muy picado y desafiante. Entra frente a mis ojos, a metros de distancia de mi espíritu, y cuando lo hace salpica una ola de premoniciones malignas. Estoy aterrado de esta novia, de esta Honduras hipócrita que lesiona mortalmente. Tengo pavor de su diagnóstico ciudadano. (Ayer el 88% de la población aprobó en un sondeo televisivo la labor de las Fuerzas Armadas).  Me siento tal cual este niño que he retratado frente a la playa:  Abandonado y sin escapatoria. Esta Honduras no me gusta.  No la quiero. No la deseo para nadie, pero no puedo hacer nada, porque aquí si la aman, y le cantan: “soy catracho, porque soy mero macho”.  Una encrucijada tan díficil de asimilar que las ganas de escribir se diluyen con este mar que no reflexiona y pareciera  estar molesto con todos.  Tengo frío. Tengo hambre. Tengo ganas que las cosas fueran distintas. Pero no puedo. Tampoco lo puede este niño, que me ha dicho esta tarde, que no entiende por qué nació aquí y por qué el mar finalmente no se lo lleva...

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