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Bella Unión, Uruguay

El 'sendicato' de la caña de azúcar

jueves 23 de febrero de 2012 Los trabajadores zafrales (temporeros) de la caña de azúcar en el norte del Uruguay son un eslabón de hierro inoxidable en la construcción política, social y fundamentalmente ideológica de la historia popular del país. Desde los sesenta sigue luchando allá Colacho. Su idea, por sencilla, es fundacional.

Por Solange González Henott

“No creemos que la tierra deba ser propiedad privada, la tierra debe ser  propiedad social”. La voz de Colacho retumba en el departamento de Artigas, ciudad de Bella Unión, donde se unen los ríos Uruguay y Cuareim, demarcando la frontera que separa al país de Brasil y Argentina. A tres kilómetros de un límite y a siete del otro. Es una zona alejada de la capital, de marcados ribetes rurales y con una fusión especial que proviene de la cercanía con la potente cultura del Brasil. Es tan así, que por momentos el acento y las palabras parecen confundirse con el portugués, quizás aún más mientras se camina por la orilla uruguaya.

“¿Y usted porqué vino a Bella Unión?”, es la pregunta insistente de quiénes no daban crédito a que el interés fuera llegar hasta allí y no ir de paso. “Gracias por venir”, es lo siguiente y es así, porque llegar hasta estos rincones no es fácil, aunque de seguro lo era más complicado en los años 60, cuando partiera desde Chamangá, otra zona rural, el revolucionario uruguayo, Raúl Sendic, un joven estudiante de derecho que, aún sin alcanzar a titularse, se solidarizó con los trabajadores de la caña apoyándolos en lo legal, mientras éstos, trabajaban en condiciones extremada y escandalosamente precarias.

Simple, concreta, con la lucidez del pensamiento de los niños: “¡Tierra para quien la trabaja!”, fue la idea y la consigna que inundaron el pensamiento libertario de Raúl. En Bella Unión, junto a muchos otros compañeros como el “Colacho”, se gestaba de la mano de Sendic una organización que hoy ya hereda más de 50 años de lucha por la tierra: la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas, UTAA.

Fuera de cualquier concesión política y a pesar de la persecución vivida por sus miembros durante la dictadura, la UTAA sigue, hasta nuestros días, siendo ejemplo de construcción social y popular, generando e impulsando las condiciones propicias para la lucha por las reivindicaciones que no tienen nada de obsoletas o extemporáneas en un país rico en recursos y escaso en políticas que promuevan la equidad en esta zona, donde la tierra sigue en manos de capitalistas que no dan tregua ni al trabajador ni al medio ambiente. 

Nicolás “Colacho” Estévez estuvo preso quince años. Fue perseguido por la dictadura civil-militar del Uruguay, fue torturado, se fugó y fue nuevamente arrestado. Esos quince años de su vida (que son parte de nuestras vidas también) nadie puede devolverlos... ni el perdón, ni olvido, ni tampoco un museo de la memoria, ni un instituto gubernamental de Derechos Humanos. 

Nicolás es un ser humano de los buenos, parte de nuestro patrimonio y parte también de lo mejor que tenemos. Esa es la historia que se repite entre muchos combatientes latinoamericanos contra las diferentes dictaduras promovidas por Estados Unidos principalmente, en nuestros países. Colacho no está en el Congreso Nacional, no es un político acomodado en algún ministerio ni promueve leyes inservibles con la justificación de la “democracia”. 

Colacho es un uruguayo que no se entregó a los nuevos tiempos con el formato que nos ofrece la actualidad, a pesar de que seguro, como dice Silvio Rodríguez en la canción que llamó El Necio, lo han venido a “convidar a arrepentirse, a que no pierda o indefinirse”. 

Pero el hombre, con las más de seis décadas que carga consigo, lucha hasta  hoy, y ya en 2006, con la fuerza de los trabajadores de la caña de Bella Unión, lograron recuperar terrenos y hacerlos productivos con un manejo colectivo y organizado por los propios obreros rurales

Allí, los “peludos” siguen trabajando no sólo por el sustento familiar. “Se hizo una movilización hace poco, el 13 de enero, donde se ocupó simbólicamente un predio de un terrateniente, un prestamista además que en tiempos de crisis se hizo con cantidad de tierras y capital, especulando, pues tuvo todo este tiempo las tierras tiradas, nosotros pedimos la expropiación de esas tierras”, dice el Colacho.

Bella Unión está bien lejos, no sólo en lo geográfico. Es un rincón que parece perdido, olvidado, en tres países al mismo tiempo, pero en ninguno a la misma vez. “Acá sólo tenemos 'changas' [trabajos ocasionales]; abono, herbicidas, el riego... Trabajo permanente para todos no hay.” Dice Nicolás, compañero de Raúl Sendic en otros tiempos de lucha por la tierra en el Uruguay, cuando entre broma y en serio llamaban sendicato al sindicato.

“No creemos que la tierra deba ser propiedad privada, la tierra debe ser  propiedad social”.

 

 

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