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Tierras Bajas

Epitafio: Con Europa hemos topado en Brasil

sábado 08 de diciembre de 2012 Se acaba/aplaza un viaje con todos los objetivos cumplidos menos uno: el geográfico. Nuestra llegada a Gauayaramerín, lo que debía ser el final de la parte boliviana del viaje, significa un muro infranqueable. Llegamos al curso bajo del río Mamoré y lo hacemos a bordo del "Rubencito", la chata de Don Alcides Pinto. Un comerciante boliviano de 79 años que accede a llevarnos hasta Guayaramerín, mientras le ayudamos a llevar el timón y a cargar la embarcación con productos frescos del río para venderlos allá. Con Brasil nos hemos topado.

Don Alcides

Don Alcides PGdC

Por Pedro González del Campo

La presencia de comerciantes en el Río Mamoré e Iténez es la última pieza del eslabón de la economía ribereña. Algunos comerciantes son muy cuestionados en estos ríos por la compra de productos a precios ridículos con grandes beneficios. En este caso Don Alcides nos demostró que el precio lo pone el productor en las pequeñas reuniones a bordo del Rubencito. Paramos en comunidades de ambas orillas y en chacos de gente de la cercana Guayaramerín, que se desplazaron al campo para sembrar choclo (maíz), banana, papaya, frijol, palta (aguacate), sandías y otras frutas y hortalizas.

Cuatro días de navegación y diez de venta y convivencia con Don Alcides. Una persona con una energía arrolladora, que se convirtió en otro de nuestros referentes en esta ruta, con una forma envidiable de afrontar la vida y el día a día. Vitalidad por los cuatro costados, ganas de aprender con casi ochenta años, un ejemplar saber disculparse por cuestiones de carácter inevitables a ciertas edades, con sueños aún por cumplir que va generando día a día. Horas de navegación, de trabajo, de conversaciones, curiosidades y risas. Un hombre al que le rendimos homenaje en nuestro último escrito.

 

Con "Europa" hemos topado 

Nuestra llegada a Gauayaramerín, lo que debía ser el final de la parte boliviana del viaje, significa un muro infranqueable. Con Brasil hemos topado, que haciendo alarde de copiar el modelo europeo no nos permite el paso a su territorio. Entendemos el significado de protesta que tiene esta política aduanera recíproca para con los demás países, pero nos deja pensativos acerca de la deriva que el enorme país sudamericano está tomando, aderezada con los apelativos siempre favorables hacia él en los medios de comunicación sobre su "milagro económico".

Cada vez que pisamos territorio brasileño desde nuestro comienzo en Paraguay, podíamos ver con simplemente comparar las orillas de ambas márgenes que entrábamos en un lugar con una política desarrollista basada en la devastación de su territorio a nivel de recursos naturales, donde el incumplimiento de los derechos humanos en temas relacionados con pueblos indígenas y campesinos sin tierra está a la orden del día, quedando ridiculizados todos frente a intereses nacionales, empresariales y personales de grandes terratenientes dedicados a la ganadería extensiva y los monocultivos de soja principalmente.

Este afán productivo y este crecimiento "milagroso" incide en la sociedad sudamericana de tal forma que se siente en Brasil un aislamiento del continente en el que se encuentran, mirando hacia sus vecinos como instrumentos de su propio desarrollo, con políticas migratorias para con ellos parecidas a las estadounidenses o europeas, y que impone a través de juegos de poder económico sus criterios en materia energética, de infraestructuras y hasta de política interna, como está ocurriendo con el problema de la carretera del TIPNIS en Bolivia, proyecto promovido y parcialmente financiado por el interés de Brasil. Por supuesto nada que ver la política nacional con el recibimiento de la gente a lo largo de los ríos recorridos.

Nuestros pasos se detienen en Guajará-mirim, Brasil. La ruta se interrumpe por la negación de nuestro visado y no decidimos trazar una nueva hacia el Caribe porque el tiempo pasa a ser un factor limitante el cual no manejamos como hasta ahora. Por motivos laborales nos trasladamos a otro lugar a trabajar próximamente y tenemos fecha de vuelta. Lo más importante en el desarrollo de estos siete meses fue la no limitación en cuanto al tiempo, lo que nos permitió tomar decisiones de avanzar o parar en base a otros factores como el conocimiento, la amistad o la posibilidad de compartir nuevas experiencias con la gente que nos salió en el camino.

Gracias

En un viaje como este hay mucho que agradecer, desde la distancia o la presencia. Gracias a Román Morales, inspirador de la ruta, por su apoyo en este tiempo desde Canarias, pendiente siempre de nuestras coordenadas y dispuesto a brindar ayuda para cualquier cosa que pudiera surgir. A Human Rights Everywhere y Otramérica por dar cobertura a la ruta y gran difusión, que es lo que se pretendió desde el inicio cuando se pensó Tierras Bajas. Y a toda la gente que nos hemos encontrado en el camino, que nos han abierto las puertas de sus vidas y nos han brindado su amistad desinteresada, haciéndonos partícipes de sus vidas, de sus preocupaciones y sus alegrías. GRACIAS.

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