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TIERRAS BAJAS

Esperando en la "Zona Roja"

jueves 24 de mayo de 2012 Cuarenta y ocho horas de espera en Puerto Botánico para poder salir finalmente en el Cacique II, que parte hoy jueves a medio día. Tantas horas de espera dan mucho de sí para perderse entre la vida del barrio que conforma Puerto Botánico, calle arriba y calle abajo, en pequeñas ventas, en el astillero, en la cancha de fútbol, para compartir ratos de conversación con sus vecinos.

Sergio y su mujer, que nos atendieron en su venta cada día

Sergio y su mujer, que nos atendieron en su venta cada día PGC

Por Pedro González del Campo

Para llegar a Puerto Botánico, a las afueras de Asunción, tomamos el colectivo durante casi una hora con la ilusión que nos produce empezar el viaje por el río que supone el comienzo real de la ruta por las tierras bajas de Suramérica. Te apeas en una curva que te lleva directamente hacia la recta que te pone en el puerto en poco menos de un kilómetro y que es la vía principal de este barrio costero. Atrás queda Asunción, una ciudad que vive de espaldas al río, esto es el Barrio de Puerto Botánico, aquí se respira la brisa fluvial y la vida de la ribera empieza a sentirse con el trajín de coches y sacos de cal, que entran y salen de la fábrica instalada junto al puerto y que van dirección al norte y al sur en los cargueros. A lo largo de la bajada, a ambos lados de una calle sin empedrar ni asfaltar, se van sucediendo casas bajas y negocios familiares que mantienen una economía de subsistencia que da de comer a mucha gente por aquí y por media América, la América que vive al día y que con mucho esfuerzo y mucha alegría sale adelante a pesar de las limitaciones -materiales- que te impone la cuna.

Lo que no es limitado es la simpatía que desprende la gente en cuanto cruzan la mirada y comienzan los saludos, su hospitalidad hizo que para la primera noche de espera consiguiéramos un viejo carguero encallado dentro del astillero, donde poder colocar la hamaca y dormir bien bajo un techo algo herrumbroso que nos salvó del aguacero que cayó a lo largo de todo el día de ayer y parte de la noche. Todo un gesto de buena voluntad por parte del Sr. Morales, el responsable del lugar, que con una conversación pausada y tremendamente amable, rápido se interesó por nuestras intenciones de viajar a Concepción por barco en una ruta que está totalmente en desuso para pasajeros, y que con un gesto avisó a uno de los chicos que trabajan con él para que, entre risas con sus compañeros e inteligibles palabras en guaraní, nos llevase hasta nuestro primer alojamiento ribereño. Empezamos a vivir esa hospitalidad sobre la cual habla Román Morales en Caminos de Agua, y que tienen las gentes del río, ese código no escrito y en el que uno puede sentirse seguro siempre que encuentre gente a sus orillas, ya que, al menos, puedes contar con un lugar donde poder poner tu hamaca, un techo los días de lluvia, un fuego para cocinar o una parcela en donde poder poner tu tienda de campaña.

Hoy el barrio continúa hecho un barrizal, pero se pasea a gusto en este pequeño caos donde convive mucha gente, los charcos toman casi todo el ancho del camino, la circulación es multidireccional en cada calle y cada carril, y muchos animales que en principio deberían perseguirse conviven pacíficamente a excepción de alguna trifulca motivada por el celo -perros mezclados con chanchos, vacas, caballos, gallinas, gatos...-. Ayer en la tarde llegó el Cacique II, pero hasta dentro de unas horas no saldremos porque no quisieron navegar con la lluvia. Hoy ya no llueve y el sol brilla, desde las 6:30 a.m. Esteban, el joven cocinero del barco, prepara el desayuno y lo necesario para ir adelantando la comida de una tripulación conformada por él, un capitán y tres marineros, casi todo gente joven que en seguida nos hizo el hueco para colgar de nuevo las hamacas y pasar la noche en el barco que, principalmente, lleva encomiendas de muebles, motos, cerveza, cuadros de santos de gran formato y cal, mucha cal que impregna nuestra ropa y nuestra cara de la cual no se nos quita la sonrisa.

Llaman "Zona Roja" o "Zona Baja" a las partes de Asunción donde el asfaltado no existe, el vecindario es del origen más humilde, donde supuestamente hay más inseguridad o desde donde sale la inseguridad hacia el resto de la ciudad... y donde no se paga por la electricidad: suponemos que a los gobernantes les dará vergüenza cobrarles por una electricidad que sale de una planta hidroeléctrica que produce el 400% más de energía de la que necesita el país, mientras no asfaltan ni dotan de servicios sus calles-.

Desde la Zona Roja, desde e inicio de las Tierras Bajas... cuando leas este post, nosotros estaremos camino a Concepción, en el río, a bordo del Cacique II.

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