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Honduras

La barbería de los presidentes

viernes 21 de octubre de 2011 ¿Se pueden descifrar los cógidos de vida de los hondureños con una visita a su barbería más famosa?... Un relato vivencial de cómo supera este país una noticia muy importante: la extinción de su golpe de estado más reciente.

Por Víctor Alejandro Mojica Páez

Cada vez que Luis Alberto Martínez me pasa la navaja delicadamente por el rostro me imagino a Ricardo Maduro. A este ex presidente Hondureño que nació en Panamá le gustaba venir aquí, a la Barbería Los Diplomáticos, a que le hicieran faciales, masajes en la cabeza y le cortaran su cabello.  
Lo veo con sus ojos cerrados disfrutando la frescura que provocan las cremas que utilizan aquí para mejorar el servicio. Maduro era un buen cliente, iba cada 15 días en tiempos de gobierno a retocarse y distanciarse al mismo tiempo de los problemas que aquejaban su país. Este señor es recordado por la cacería que desató contra los niños de Honduras y su apoyo incondicional al capitalismo más hambriento.
Usualmente, comentan aquí, dejaba sus buenas propinas. Y tenía motivos para hacerlo: “El pelo de ese señor era complicado porque el es medio indio”. Porfirio Lobo asistía en campaña. Ya no, porque ahora tiene su estilista personal y, según me relatan, éste no era tan egocéntrico como el otro. Llegaba, se bajaba el pelo y punto.
Esta barbería tiene toda una historia en Honduras. Abierta desde hace algo más de 40 años, luce como esos días de apertura. Su dueño es un hondureño que aparentemente replicó este modelo de Washington, Estados Unidos. Una radio de madera se encarga de la música. Las sillas son de cuero rojovino y más cómodas que el asiento del avión que me trajo a Honduras. Sus barberos son todos unos “gentleman” de corbata, especializados en el buen trato, que te pasan una máquina por los hombros, la cabeza y el cuello para relajarte. Después te succionan con una aspiradora todos los rastros de cabello que implicó la atención, te limpian el rostro con pañuelos mojados y tibios. Y cuando llega la navaja final, el asunto se convierte en toda una experiencia de primer mundo.
Aquí se enorgullecen de que Rafael Calleja, ex presidente sin visa por cargos de corrupción, Carlos Roberto Reina y Carlos Flores, otros dos ex mandatarios que tampoco lograron cambios sustanciales en este país, también pasaron por aquí, y según entiendo, sufrieron una caída estrepitosa, como toda la economía de Honduras con el golpe de Estado.  
Pero saben algo, este mismo día que me han reparado la barba y dejado como un ciudadano decente, 12 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, de 15 que la conforman, se encargaron de borrar de la historia el golpe que tanto los afectó y sobreseyeron, defintivimamente, para la eternidad, para siempre, a la junta de comandantes de las Fuerzas Armadas que sacaron a Zelaya en ropa interior de su casa y lo mandaron para Costa Rica.
Parece que en la barbería no molestan estas cosas, es increíble, pero así son muchos aquí. David Beckham, el futbolista, que acaba de llegar para jugar con su equipo Galaxy despertó mucho más interés que esta noticia respecto a los militares que dieron en golpe y que los diarios escondieron en páginas muy internas.
Tampoco les ha cautivado mucho las alertas que han emitido organismos regionales recientemente sobre la organización del país: Honduras está en riesgo de ser un "estado fallido", por su exclusión social, por su conflictividad política, por los daños ambientales, por su violencia endémica. Quizás, muy en el fondo, esta indiferencia obedezca a un orgullo nacional, que el barbero lo retrata de esta forma: “el país se está levantando poco a poco”...

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