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Guerra Civil. Guatemala

La muerte no acaba la vida

jueves 03 de noviembre de 2011 He llegado este jueves a una de las comunidades azotadas por la guerra de los 80 en Guatemala. Lo hago como parte de un recorrido que se extenderá por los lugares donde el odio y el racismo dejaron su estela más cruenta. San Martín es la primera parada.

Por Víctor Alejandro Mojica Páez

San Martín Jilotepeque. Guatemala. Es de día todavía. El sol ha permanecido mucho tiempo iluminando el pueblo. Es costumbre, es normal. El ruido llega por momentos y se escapa con la brisa que baja de las montañas. En los 80 no era así, la guerra apretaba fuerte y San Martín resultó muy herido. Lo atacaron y le mataron a su gente, a sus indígenas que llegaron aquí desde 1545. 

Mayas-Kaqchikel que se levantaron en armas y otros que no, pero que igual murieron. Sobrevivieron algunos, quienes se han encargado de reconstruir los restos. El pueblo, que se ubica a unos 60 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, es hermoso. Es pobre, pero es radiante. Su gente, la que aún respira, lo ha decorado como puede: flores ornamentales, barro y piedra, ferias, sonrisas. La guerra acabó para todos.

Casi el 90 % de los habitantes son Mayas-Kaqchikel, dicen sus datos históricos, y en la calle se constata. Su traje típico lo lucen muchas mujeres y sus hijas; y, además, del castellano se escucha su idioma Maya. Duele saber que los acribillaron, que los masacraron aquellos que hoy piden su voto, pero emociona encontrar vida, después de la muerte.

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