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Honduras

Melsinio y Ricky Martin

lunes 17 de octubre de 2011 Ser hondureño ya es un problema con los enormes desafíos sociales que afronta este país. Pero ser hondureño y pobre, como Melsinio, es una verdadera calamidad. Crónica de los privilegiados y de Ricky Martin con Melsinio de fondo.

Por Víctor Alejandro Mojica Páez

Quienes no viven como Melsinio, o sea, aquellos que tienen comida, escuela para sus hijos y un futuro a la vista, se preocupan mucho por Ricky Martin y su concierto del domingo. Pueden viajar a Intibucá, disfrutar de una caravana turística, costear botellas de “Chivas Regal” para su familia completa o, mejor aún, para todos sus amigos.

Son blancos (o casi), usan ropa de revistas, sus hijos “chatean” con Blackberry, y hasta cantan “Imagine” de John Lennon en este bar donde la miseria y la riqueza se unen. Luego de los tragos descansan en hoteles edificados para ellos. Los que tienen boletos para Ricky Martin se marchan muy temprano en la mañana, lo comunican en alto. Los que no, se quedan un rato más para disfrutar los eventos que se organizaron para ellos.

Observan a las bandas de música de jóvenes de la comunidad que gritan a los cuatro vientos que “somos hondureños orgullosamente”, compran comida, y se les puede ver tomando cervezas importadas en la calle o quejándose de los precios de las artesanías. El pueblo, hermoso por cierto, es un pueblo solamente.

Ninguno se tomó el tiempo de conversar o escuchar a Melsinio. A nadie le importó este hondureño, que tiene dos hijos que solamente estudiarán hasta un 6 grado, como mucho. Unos niños que no viven con su padre, porque éste tiene que cerciorarse de que a los 'otros' hondureños todo le marche bien este fin de semana.

Tampoco le preguntaron si desayunó esta mañana o si tiene casa. Melsinio no es nadie en esta caravana. Es medio indio, medio negro y pobre entero. Pero si le prestaran atención, sabrían que piensa como Einstein: “no se puede solucionar un problema haciendo lo mismo” que lo produjo, que no votó por Lobo, ni por Zelaya, ni por ningún político. Que no le gusta su trabajo de portero y menos llevar un tolete al cinto.

A lo mejor entenderían que su desgracia lo acompaña desde mucho antes de nacer, que si tuviera algo de dinero “se hubiese marchado de aquí”, y que a Honduras, su país, así como lo ama y estima, también lo detesta, porque, según comenta, “lo tiene preso de pobreza”. Que quisiera también ser Ricky Martin, solo por un segundo, para que le prestaran atención..

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