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México

Muertos y vivos

martes 10 de abril de 2012 La muerte no es como en las noticias. La muerte convive con la vida en un equilibrio tan probable como incomprensible. Post de despedida de un México vibrante, vivo y moribundo al tiempo. Quizá un momento de inflexión. Quizá.

Trabajo de Taniel Morales en la Colonia Roma

Trabajo de Taniel Morales en la Colonia Roma

Por Paco Gómez Nadal

México es un universo. Por eso reducir la realidad de ese país al narco y a la violencia es de un reduccionismo patético y mediático (toma redundancia). Camino y veo teatros, me siento y me sumerjo en revistas, miro a los lados y encuentro colectivos, propuestas, riesgo, verdad, tozudez, rebelión ante el estado de las cosas… También hay políticos corruptos, elecciones viciadas, mercado del narco aprovechando la desgracia abonada por el Tratado de Libre Comercio con ese vecino tan molesto y omnipresente del Norte…

La complejidad es la norma en un país con historia potente y presente tan frágil como el del resto del planeta en este momento de cambio civilizatorio.

Para que el puberto idiota persevere, se requiere que mueran todas las brujas y los ancianos

Hace años descubrí a un autor mexicano que me golpeó en las ideas. Se llama Heriberto Yépez y entré a él a través de El Imperio de la Neomemoria. Pero hace un par de días encontré un texto de él fascinante en la revista Replicante (propuesta intensamente buena ahora en Internet) que volvió a provocarme preguntas inéditas: “También México alguna vez tuvo una cultura original. De hecho, la caída de la cultura mexicana es parte primordial y necesaria para la muerte de la cultura humana, pues mientras culturas como la mexicana, la japonesa, la china, la francesa, la hindú o la rusa estuviesen vivas, Estados Unidos (es decir, la disgregación) no podría perseverar. Para que el puberto idiota persevere, se requiere que mueran todas las brujas y los ancianos. También nosotros somos parte de aquellos que tenemos que morir para que se establezca la homogeneidad. La desmemoria requiere que desaparezcamos. (…) No distorsionemos, debido al miedo o a la pereza, el mensaje de esta época: tenemos que ser erradicados. O, en el mejor de los casos, la globalización exige que perdamos nuestros centros y quedemos sólo zombies de las transnacionales. Seres vaciados, es decir, perfectos consumidores”.

Los artistas no siempre lo tienen tan claro. No todos toman los mismos riesgos. Algunos apuestan al simbolismo, aunque el simbolismo se produzca en territorio controlado. En la fresísima Colonia Roma, esta zona de cafés, librerías y galerías sacada de la (i) realidad, el artista Taniel Morales pone realidad en el piso. 60.000 muñequitos repartidos en un circuito de 1,7 kilómetros que corresponden, groso modo, a los muertos de la “guerra contra el narco” impuesta por Felipe Calderón y Washington.

No tan lejos de allá, en la Plaza de la República, bajo el Monumento a la Revolución, se apelotonan cientos de ciudadanos (más) normales. Ya no hay cervezas a 4 dólares ni cafés con aspecto parisino, sino niños y niñas, adolescentes, familias enteras utilizando como piscinas las fuentes decorativas. La realidad golpea, porque son decenas los policías que vigilan la escena. Es la cotidianidad del DF, policía en cada esquina, coches de policía con estética Robocop presumiendo de luces y de ineficacia… Tanta Policía en el reino del crimen conecta directamente al estamento de seguridad con los malhechores.

Camino y me despido, y en la caminata sólo veo vida, aunque las noticias, los testimonios, la realidad me hablen de muerte. Pienso en la historia y en esa profunda y delicada conexión entre la muerte y la vida en las ciudades mayas, olmecas, méxicas… Quizá esa sea la verdad, o quizá es, como insiste Yépez, el fin de una cultura, o quizá, sin más, es el terrible momento previo a un cambio de civilización. Lo que sea… -la neta- está pasando en México.

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