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Honduras

Reporto para morir

miércoles 07 de diciembre de 2011 Este martes, los sicarios acabaron con la periodista hondureña Luz Marina Paz. No es la primera y, ante el clima de impunidad que reina en el país, no será la última. Víctor Mojica recuerda los días en Honduras y la sombra de muerte que ronda a los periodistas de ese país.

Por Víctor Alejandro Mojica Páez

Aquel viernes el periodista se había salvado, así que era noticia. El colega sobrevivió a un atentado que casi lo deja sin nalgas, y por supuesto, sin vida. Era la portada de todos los tabloides que observé en Tegucigalpa. Tirar a un periodista era recurrente.

La noticia coincidió con un informe que me ofreció COFADEH sobre los crímenes contra periodistas en Honduras, así que tome nota y apunte en mi libreta. Llevaban 14 contabilizados, 14 periodistas muertos en todo el país hasta ese momento. Desde el año 2010 no se detenía a los asesinatos, y así como mataban a periodistas experimentados, también masacraban a estudiantes del oficio.  Otra crisis interna muy impune.

Honduras es el país que cuenta con la tasa más alta de homicidios (82) por cada cien mil habitantes según Naciones Unidas. Una aguda crisis social penetrada por el narcotráfico, combatida sin convicción por un estado en riesgo de ser fallido, y unos políticos ocurrentes que acaban de autorizar con el “estado de emergencia por seguridad pública” que los militares, esos que tantas violaciones tienen en su historial, regresen a las calles a ser policías y acaben con un flagelo que se está llevando también a periodistas.

Este martes, el caso más reciente, acabaron a la periodista Luz Marina Paz y un mecánico que la acompañaba. Murieron baleados por pistoleros. "Ella andaba probando un carro que le iba a vender un coronel, Leiva Puerto, y unos sicarios desde una moto le dispararon", aclaró un portavoz del ministerio de Seguridad en la nota. Una periodista menos, una periodista cercana a Manuel Zelaya menos.

El mismo lunes, de madrugada, unos desconocidos dispararon desde un carro a la sede del diario La Tribuna y dejaron herido al vigilante privado que guardaba la puerta.

A Luz la habían masacrado como en casi todos los casos del reporte que tengo en manos. Periodistas saliendo del trabajo, que luego eran emboscados y acribillados a bala en lugares públicos o privados. Saliendo de las emisoras o de la televisión, en su casa o vendiendo un carro. La mayoría eran periodistas, muchos de ellos de esos tercos que denunciaban muchas cosas: el golpe de estado de Michelleti, el narcotráfico de sus comunidades, el abuso sistemático de los dueños de las tierras, y hasta afines a los golpistas. Había de todo, casi todos hombres, muchos disparos, sicarios y una impunidad total.

Joseph Hernández Ochoa fue el primero después del golpe, por ejemplo. Estudiante de periodismo y novato en el oficio. Terminó el 1 de marzo de 2010 a las 8 de la noche con una ráfaga de disparos (58 en total) directos a su cuerpo. Ochoa tenía 27 años y trasladaba a Karol Cabrera a su residencia, otra periodista, que resultó herida con la emboscada. Los sicarios los alcanzaron en otro vehículo, les dispararon, y cuando perdieron el control y se estrellaron con una hondonada, los remataron. La madre del muchacho Ochoa desde ese día visita todos los domingos el cementerio donde enterraron a su hijo. Cabrera se exilió en Canadá.

Henry Suazo, otro caso conocido, había recibido amenazas de muerte a su teléfono celular, pero no fue hasta el 28 de diciembre, a eso de las 8 y 40 de la mañana, que los pistoleros se le acercaron a su motocicleta y le dispararon también a la cabeza. Su cuerpo fue llevado a una clínica cercana con signos vitales, pero falleció minutos más tarde. Suazo era corresponsal en la ciudad de La Ceiba, sitio afectado por la narcoviolencia.

Israel Zelaya terminó a orillas de un cañaveral con 3 disparos en la cabeza. Era un reconocido periodista, miembro del Colegio de Periodistas de Honduras. Había denunciado que un grupo de desconocidos incendió su casa. Tenía 62 años y según la Organización Reporteros Sin Fronteras su crimen podría guardar relación con su oposición al golpe de estado.  Y así ocurrió con David Meza Montesinos, con Nahum Palacios, con José Bayardo y Manuel Juárez, con Georgino Orella, y con otros tantos más, y con Luz Marina este martes, porque en Honduras, según un colega que conoce la zona muy bien, ya no hay periodismo.  “Hubo intentos, pero ya no hay. No se puede”...   

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