Donar

Otramérica es posible gracias a tu aporte solidario

VIAJE

Ruta interruptus

miércoles 07 de septiembre de 2011 Viajar desde el autodenominado primer mundo es un acto de liberación, el consumo del mundo ajeno. La Ruta Otramérica pretende viajar sin consumir, mirar sin deglutir, convivir sin absorber. Pero la libertad de viajar es relativa y los planes, a veces, abandonan los mapas para regresar a casa . Averigua por qué.

Por Paco Gómez Nadal

En la sociedad contemporánea de consumo todos viajamos, al menos así lo ha escrito una y otra vez Zygmunt Bauman. Pero siempre hay diferencias. El habitante del mundo rico, el que recorre el mundo con pasaporte que no precisa casi de visados y que decide a dónde y cómo va es un viajero, un turista privilegiado que se mueve en el tiempo, pero que no siempre controla el espacio. El habitante del mundo no rico, según Bauman, es algo así como un “vagabundo”. Viaja a donde no quiere (por necesidad económica, por presión de empresas y poderes políticos, por guerras…) o viaja desde un espacio inmóvil (la televisión, Internet, etc…).

Cuando comenzó la Ruta Otramérica tenía claro que yo era un turista que jugaba a no serlo. Y esto descoloca. No comencé a moverme para acumular postales ni experiencias, sino para contar vivencias ajenas y tratar de entender fenómenos regionales. Esa forma de viajar, la del ‘mirador’ que no se conforma con la epidermis de los países o de las gentes, requiere de tiempo y paciencia. Es un cortejo cuasi amoroso en el que los primeros días son excitantes, desbordantes, están provistos de una fascinación erótica que hace que el más mínimo roce con la búsqueda provoque decenas de erecciones intelectuales y periodísticas. Después, poco a poco, como en el amor y en el encuentro de pieles, la relación se calma, el cuerpo ajeno comienza a ser un mapa reconocible, el sexo adquiere una dimensión apasionada, pero menos fogosa, incandescente, pero más perdurable.

En ese punto comenzaba a estar. Después de tres semanas de ruta, los tiempos y los espacios comenzaban a confluir. A pesar de la necesidad de llegar a la cita de este blog (desnudo parcial de quien se viste para el resto), trataba de contar más allá de los decorados, entender el por qué de las actitudes, la estúpida trazabilidad de la injusticia, la difícil conquista de los futuros…

Un buen punto. Pero no un punto libre. La primera limitación que tenemos todos es la propia. No se trata de fronteras o presupuestos, sino del cuerpo, esta débil y poderosa maquinaria que es, en realidad, el único espacio que realmente habitamos (y no siempre).

Comencé la ruta convaleciente de una intervención quirúrgica inesperada, ocurrida 20 días antes de la fecha de partida. Una herida aún abierta y un riesgo que conjuré con deseo y betadine. Ni lo uno ni lo otro fueron suficiente. Hace unos días una infección me informó de que era mortal e intenté no escuchar el parte. La consecuencia ha sido nefasta y debo recoger la mochila y regresar a casa a reponerme. La lección es doble, porque no es una enfermedad grave la que interrumpe este viaje, sino una de esas que impide caminar al 100%, callejerar y veredear por esta Otramérica tan injusta como necesaria, tan aleccionadora como decepcionante.

He tratado de aguantar, pero hasta aquí llegó. El anuncio de la interrupción de la ruta viene acompañado por algunas buenas nuevas también. El inicio en octubre de otra ruta en Centroamérica por otros colaboradores del portal, la continuidad de un compromiso con Latinoamérica y El Caribe y la confirmación de que, más allá de los imaginarios se agazapa la imaginación.

Espero que nos sigan y que sigan en la infinita tarea de conocer para comprender y comprender para transformar.

Desde la extraña mañana del regreso, un hasta luego.

Ir arriba

¿Qué puedes hacer en Otramérica?

×