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Por agua hacia Carmelo

Uruguay a la vista

miércoles 15 de febrero de 2012 En el momento sonaba sencillo, como la simplicidad misma de las cosas importantes que pasan frente a nuestros ojos y, a veces, complicamos estúpidamente. Nos conocíamos hace 15 minutos y ya bebíamos una cerveza.

Por Solange González Henott

Es cierto que a veces cuesta tener la inspiración necesaria para crear algo. Sobre el viaje entre Tigre, Argentina, y Carmelo, Uruguay; ojalá lograra escribir prosa poética, relatos profundos, sabias proclamas; pero la creatividad por momentos no da el ancho como para hacerle justicia a la maravilla.

Me pidieron que en ocasiones, pudiera dar detalles más domésticos sobre cómo moverse en un determinado lugar, bueno pues, puedo contarles que para ir a Uruguay, desde la capital trasandina, hay varias vías, principalmente fluviales, y que definitivamente la mejor -y más al alcance monetario latino- es tomar un pequeño barco en el Tigre, por 180 pesos argentinos (40 USD) hasta Montevideo, ellos lo que hacen es transbordarte a un bus, estando ya en tierra, claro que 3 horas después de navegar por los brazos del Delta del Tigre y por el Río de La Plata, ese fascinante "accidente geográfico".

Ahora, para quien no se maneja mucho en Buenos Aires, esto puede resultar medio complejo, yo, no es que maneje tanto, pero con buenas amistades y un poco de información superé el obstáculo. Se compra el pasaje en el centro, calle Florida, en dólares o pesos, o directamente en la estación fluvial en Tigre, hasta donde puede llegarse en tren por bajísimo costo para un viaje largo como de una hora, o se puede tomar un bus sin cargo de la empresa, previa compra del boleto. Tomar ese bus fue de suerte, prácticamente, porque no hay una parada específica ni menos alguien que te diga dónde, cuándo o cómo. Si no se alcanza ese bus, habrá que tomar un taxi hasta la estación de tren que queda cerca y, desde ahí, rogar por llegar a tiempo. 

Así le pasó a una chica uruguaya que conocí en el pequeño barco, que me invitó a su casa para conocer Carmelo y compartir. Una linda y simpática persona con quien comí, recorrí y hablé. Que no me conocía, que yo no conocía, pero que, sin embargo, apostando a las confianzas que a veces parecen perdidas, me abrió su hogar, me presentó a sus cinco perros y me contó de su forma de vida. Joven, luego de estudiar en la pública y estatal Universidad de La República en Montevideo, partió a Europa en busca de nuevos bríos, un fenómeno que se repitió con constancia en los tiempos de la crisis económica del 2001, que llevó a muchos jóvenes uruguayos a partir a España u otros países en busca de mejor trabajo.

En el momento sonaba sencillo, como la simplicidad misma de las cosas importantes que van pasando frente a nuestros ojos y, a veces, complicamos estúpidamente. Nos conocíamos hace 15 minutos y ya estábamos bebiendo una cerveza helada para el calor y el paisaje. Yo sé que de alguna manera, sabíamos que las dos somos parte de lo mismo y veíamos ese momento como la oportunidad de conocernos. Con tanta sencillez, como si fuéramos amigas de siempre. Con esa sensación que te dejan los uruguayos, la decena de uruguayos que en un par de días me brindaba alguna espontánea muestra de afecto. Eso me quebró la cabeza pensando sobre lo verdaderamente importante.

Hoy comprendí que la habilidad para la geografía se limita a lo que habitamos mayoritariamente en la vida -aunque suene medio obvio- para mí, ríos que vayan de un país a otro, navegables, larguísimos y sobre todo muy caudalosos; no estaban en la memoria de mi retina. 

Acá les dejo imágenes, mientras intento concentrarme y buscar espacios para escribir, a la par, que sigo dándole forma a estas expresiones que intentan, sin pretensiones arrogantes, sólo mostrar lo que no se ve o no queremos ver o no nos dejan ver.

Próximos pasos, las Llamadas, el carnaval de las comparsas de negros y lubolos donde la fiesta popular es el gerente y mucho más.

 

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