Donar

Otramérica es posible gracias a tu aporte solidario

Nieuw Amsterdam

Viejos esclavos, nuevas esclavitudes

jueves 25 de agosto de 2011 Recorrer las antiguas plantaciones de azúcar, cacao o algodón en Surinam es darse un paseo por la historia del espanto. Lo graves no es lo que hicimos, sino lo que seguimos haciendo.

Plantación de Frederiksdorp

Plantación de Frederiksdorp

Por Paco Gómez Nadal

(Si quieres ver la ruta por una de las plantaciones ve a la pestaña de video o haz click aquí)

 

Creo que los que no somos afrodescendientes no podemos medir la dimensión de la huella que ha dejado el tráfico y explotación de esclavos africanos hacia América desde el siglo XVI hasta el siglo XIX (cada metrópoli abolió la esclavitud en fechas y formas diferentes).

Muchos de los problemas que sufren aún los afrodescendientes tienen que ver con esa huella y con la justificación racista de la inferioridad negra (necesaria para cubrir “moralmente” un negocio que, básicamente, era imprescindible para el incipiente capitalismo colonial).

El poder de la Europa actual se define básicamente en los siglos XVIII y XIX en las colonias y el tráfico de esclavos fue fundamental para el desarrollo de las más que lucrativas plantaciones de azúcar (el petróleo del siglo XVIII), el algodón, el café, el tabaco o el cacao. Les recomiendo la imprescindible lectura de “Capitalismo y Esclavitud”, de Eric Williams (Traficantes de Sueños) que pueden descargar en Otramérica.

Hoy he visitado algunas antiguas plantaciones holandesas en Surinam. Hoy son atractivo turístico, hoteles de lujo… La mujer que me ha recibido y con la que he tenido una rica charla es nieta de indios que fueron arrancados de sus territorios para sustiuir a los africanos cuando la esclavitud ya no daba mas. Los humanos somos así: la arquitectura del poder y de la opresión se convierte en ejemplo museístico vaciado de su significación real, anecdótico cuando más (así ocurre con catedrales, castillos, fuertes o cementerios…). La huella que queda es la del poder, la de los dueños (sus casas) y la de los represores (las cárceles), pero ni un atisbo de la  vida de aquellos esclavos (sus barracones de miseria han desaparecido antes que el racismo).

Acá, a Surinam, llegaron decenas de miles de esclavos negros. Fue la colonia holandesa con más africanos esclavizados. A principios del siglo XIX en este territorio había 50.000 esclavos (sin contar los cimarrones que huían a la selva) y unos 5.000 ciudadanos ‘libres’:  2.000 cristianos, 1.350 judios y 1.760 de los denominados como “coloreados “.

A partir de 1863, cuando Holanda decide abolir la esclavitud en todas sus colonias, comienza otro tráfico humano: el de pobres de India, la Isla de Java o China que eran contratados “libremente” (un eufemismo) por cinco años después de los cuales, en teoría, podían volver a sus países de origen. De ahí la mezcla étnica de Surinam: sólo entre 1873 y 1916 llegaron aquí  34.000 trabajadores de India y 31.000 de Java.

 

Las nuevas esclavitudes

El capitalismo necesita de carne humana, siempre ha sido así. Trabajadores, mano de obra lo más barata y lo más dócil posible. Cuando la esclavitud ya no era bien vista o no era rentable, se contrató asiáticos. Y ahora, que el negocio son las minas, hay que alimentar de carne el negocio.

Según han denunciado Naciones Unidas, The Protection Proyect o el propio Parlamento de Suriname, este país se ha convertido en lugar de tráfico de personas contemporáneo. El principal negocio está en el rapto o tráfico con engaños de mujeres y menores (del propio país pero también de Brasil) para servir de esclavos sexuales en los campamentos de mineros y garimpeiros que crecen de forma anárquica en las selvas de Surinam. El tráfico es tan ilegal que no se conocen cifras exactas pero lo que está claro es que no es aislado. También se sabe que hace un par de años, los dueños de los prostíbulos en zona minera pagaban 500 dólares por una mujer brasileña en buen estado de salud.

La pobreza (el 70% de la población está bajo la línea de la pobreza), la discriminación racial a maroons (cimarrones) e indígenas y este mercado de la rapiña del oro son el caldo de cultivo de este tráfico contemporáneo, de estas esclavitudes ante las cuales las empresas mineras internacionales o las petroleras se han los locos.

Hoy pensaba, viendo a los turistas que vienen de Holanda a ver tortugas y selva si también verán las consecuencias de la historia de Surinam… ¿seremos capaces todos de asumir la responsabilidad sobre las acciones de nuestros países? Perdonen que hable en plural pero provengo de un país que fue imperio, colonizador, esclavista y genocida… eso deberá dejar una huella en sus ciudadanos, además del lastre histórico con el que frena cualquier futuro decente en estas latitudes.

 

Ir arriba

¿Qué puedes hacer en Otramérica?

×