Donar

Otramérica es posible gracias a tu aporte solidario

Al margen de ostentaciones

Villa 31 Bis

viernes 10 de febrero de 2012 Drogas y pobreza a un lado de la vía, riqueza y culto a la vanidad del otro lado, y para algunos porteños, el único tema importante aquí, es la “seguridad”, pues, es sencillo asociar migración y delincuencia.

Por Solange González Henott

En el Barrio Norte de Buenos Aires un departamento puede costar fácilmente sobre 400 mil dólares. Todo es limpio y lujoso, con tiendas exclusivas, una arquitectura impresionante, turistas con dinero fotografiando los rincones y una imagen de cine arte europeo para el recuerdo con una ubicación inmejorable que incluye aeropuerto.

Caminando un poco, se llega a la línea del tren que sale desde la Estación de Retiro, junto al enorme Terminal de Ómnibus (buses, colectivos, guaguas) que mueve cientos de personas a diario. Son sólo pasos los que dividen el mundo idílico del Barrio Norte de la Villa 31 Bis. La vía del tren es la frontera y los taxistas se niegan a dejar pasajeros. 

Andando entre contenedores, de esos que se mueven en barcos llevando mercaderías hacia otros continentes, el rostro humano demacrado por el paco (pasta base) y la suciedad parecen hervir bajo el calor. Indignación es lo menos. La dantesca injusticia social que perdura en Argentina y que contrasta con el ambiente exitista de algunos sectores es visible y evidente. 

La grave crisis económica del 2001, que desató protestas espontáneas fuertemente reprimidas en las calles, generó un cambio social y la aparición de nuevos actores (organizaciones de desocupados, asambleas barriales) que exigían al Gobierno mayor protección y garantías para la calidad de vida.

La revuelta le costó un escape de TV desde la Casa Rosada (Casa de Gobierno) al ex suegro de Shakira, a quien seguro conocemos más que a De la Rúa padre, presidente en ese entonces y que pasó a anonimato mediático luego de ser despeñado por el pueblo argentino.

Esa fuerza para sacar un presidente se ha canalizado en algunos casos en la construcción de movimiento social. Así conocí a Matías, un joven estudiante de derecho, que cada semana llega hasta la villa a tratar de organizar a la gente que allí vive.

Con él entré, mientras me advertía sobre donde se podía tomar fotografías y donde no. 

 

Ya en los caseríos, aparecen los infaltables ojos de los niños que crecen en la villa a la que también podríamos llamar favela. Las madres jóvenes no son novedad y a partir de muy temprana edad, las niñas adelantan la vida.

El olor es fuerte, como a agua estancada mezclada con otros que no puedo identificar. Creo que lo más dramático es ver tanta pobreza combinada con los efectos de las drogas, que no son las drogas caras (legales o ilegales) sino simplemente el paco, el “paquito”, la pasta base; uno de los peores enemigos de nuestro continente.

Suena fuerte la música “villera” y así, en medio del barro y las altas temperaturas, vamos avanzando por el pasaje que compone parte de la villa y que es el límite hasta donde podemos llegar, a juicio de mi compañía. Me observan, amedrentan para ser sinceros, pues la distorsión se toma el cerebro y la adicción los actos.

En Argentina hay muchas de estas favelas, también llamadas “barrios de emergencia” por parte del servicio público. De acuerdo a datos censales, en la 31 Bis viven cerca de 4000 familias donde más del 60% son extranjeros, principalmente provenientes de Paraguay, luego de Bolivia y Perú. Claro que es sólo una parte del total de las cerca de 200 mil personas que viven en estas condiciones en Buenos Aires.

 

 Sonia

  A sus 23 años, mientras vivía en Asunción, Sonia tomó la decisión más difícil de su vida, mirar a su hija y despedirse para partir a Argentina en busca de una forma de "ganarse la vida". “En Asunción no había trabajo y tenía que darle un futuro a mi hija”. Así llegó y trabajó cuidando a una anciana hasta poder traerse a su pequeña. Ahora vive en la villa, pudo instalarse en un terreno junto a su marido argentino y construyeron con lo que pudieron la casa en la que hoy viven, junto a sus dos nuevos pequeños. Ya tiene 33 años y sigue lejos de su primera hija quien no quiso seguir viviendo en Argentina.

  La discriminación es fuerte para muchos de los hijos de los inmigrantes latinos que siguen llegando a la capital y hacen crecer las villas con celeridad. Estudian en las escuelas públicas y en muchas de éstas, la gran mayoría de los estudiantes son hijos de inmigrantes latinos.

 

Norma

  “Mi marido siempre fue así, quería salir, no quería quedarse en Bolivia, se vino con nuestro hijo mayor hace muchos años y empezó a arreglárselas para poder traernos”. Norma llegó hace dos semanas desde Santa Cruz de la Sierra, partió en diciembre a enterrar a su marido y ahora vuelve a encabezar su familia y apoyar a su hijos.

“Es muy difícil la vida. Acá hay mucha discriminación y a veces es entre la misma gente de la villa, incluso de la gente de mi mismo país”. Dice norma, al tiempo que sostiene que aún con todo lo que ha pasado, prefiere quedarse en Buenos Aires.

  Fueron dos los momentos trascendentales con los que el crecimiento de la población y de las construcciones cargadas de improvisación se fomentaron. Por una parte, la década nefasta del capitalista Carlos Menem, presidente entre 1989 y 1999, y su implantación del modelo económico profundo que arrastró a muchos argentinos del interior a la capital en busca de trabajo. Por otro lado, la crisis del 2011 hizo aumentar hasta en un 300% la pobreza cimentada de estas precarias viviendas.

 

  Todo en la villa es extremo. Su ubicación es deseada por muchos inversores y su desalojo sería un gran negocio con fines inmobiliarios de primer nivel. Drogas y pobreza a un lado de la vía, riqueza y cultura a la vanidad del otro lado y para muchos porteños, el único tema importante aquí, es la “seguridad”, pues, es sencillo asociar migración y delincuencia.

Cientos de callejones del mismo tipo esconden la triste y verdadera postal de Buenos Aires que no es la promovida por el mercado turístico, sus empresarios y las políticas económicas y sociales. Una ida a la Villa 31 Bis, logra desmitificar una imagen falsa de la Argentina y eso es tremendamente importante, pues para cambiar la realidad, como se dice, primero hay que tratar de entenderla.

 

 

 

 

 

Ir arriba

¿Qué puedes hacer en Otramérica?

×