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Guatemala. Indignados

Vivo en las escaleras del Congreso

lunes 31 de octubre de 2011 Desde hace unos dos meses el Congreso de Guatemala está ocupado por familias sin viviendas. Unos 150 'indignados' de verdad presionan desde hace 68 días para que el estado les garantize donde vivir. Es a resistencia de los que nacieron en un país que mantiene en el indigencia al 30% de sus habitantes y en la pobreza al 60%.

Por Victor Alejandro Mojica Páez

Muchos antes que Mohammed Bouazizi se inmolara en Túnez y despertara la indignación de miles de ciudadanos en el norte de África, en Guatemala se impulsaba un movimiento reivindicativo nacional para que más de un millón y medio de familias sin tierras, sin viviendas, sin certeza de vida, fueran tomados en cuenta.

Todo empezó con una propuesta de ley presentada hace más de 15 años con un espíritu solidario (terminó archivada), pero no fue hasta 2008 que líderes de las comunidades más afectadas decidieron presionar fuerte, se organizaron, y participaron activamente en la defensa de un nuevo proyecto (ley 3968), encabezado por la Universidad de San Carlos, donde se obliga al Estado a cumplir con un déficit histórico habitacional, que ninguno de los candidatos presidenciales de la actual contienda (Manuel Baldizón, Otto Pérez Molina) aborda en sus enormes promesas demagogas.

Pero hace 68 días, exactamente el 22 de agosto, varias de las familias excluídas, marginadas de esta Guatemala de dos caras, se mudaron con todo e hijos a las escalinatas del Congreso. Entre esos se encuentra Roly Escobar, uno de los líderes del movimiento, que este lunes me atendió bajo una lona azul que se extiende a lo largo y ancho de las puertas de acceso al Congreso: “estamos aquí para que no conviertan el derecho de la vivienda en mercancía”...

Roly forma parte del Movimiento Guatemalteco de Pobladores, que aglutina a trabajadores informales, obreros de la construcción, maestros, aseadores, en fin, todo aquel que no tenga forma de vivir dignamente en este país. Pesa muchas libras y habla con una tranquilidad de docente universitario.  Me explica que el proyecto ya se aprobó “en 3 legislaturas”, que no significa muchas cosas, si analizamos lo que puede ocurrir si no continúan presionando: “es lo más complicado técnicamente.  En esta etapa (antes de su aprobación final) se pueden dar cambios de artículos y hay que estar atentos. Pueden hacer cambios de la ley o dejarla engavetada”.

En el gobierno del presidente saliente, Álvaro Cólom, se dieron algunos pasos muy mínimos en el tema de viviendas que, según Roly, deben ser reemplazados para mayor beneficio social.  Actualmente, el estado financia viviendas de 3 mil dólares y obliga a los compradores a pagar el 25% del costo total.  “La nueva ley propone que la gente que vive en extrema probreza sea beneficiada al 100%”.  Y adicionalmente se aumente la inversión por vivienda.

Cerca de un 60% de la población total de Guatemala (que es de 14 millones de habitantes) vive en la pobreza y un 30% en la indigencia. La mayoría son indígenas y campesinos de áreas rurales y urbanas a los que no les ha tocado ni una porción del pastel del crecimiento del Producto Interno Bruto que ha experimentado el país en los últimos años.

“El próximo presidente, no importa cúal sea, nos va a tener que aguantar aquí, porque no nos vamos a mover”

En Guatemala, como en el resto de Centroamérica, las desigualdas sociales son muy profundas. Por ello es que Domingo Hernández, otro representante de estos indignados, está aquí en la puerta del Congreso, soportando lluvias, hambre y frío, porque este país no garantiza ni la vida a sus pobladores más humildes.

“El Estado desaloja a las familias más pobres. Esto no puede ser así”, señala. En el lugar duermen diariamente unas 150 personas, según Hérnandez, de varias comunidades que se van rotando por turnos para no dejar la resistencia. Les han pedido que no traigan niños, pero este lunes había algunos jugando cánicas y corriendo, convirtiendo en alegría la dura realidad de sus madres y padres, que comen lo que envían de los mercados populares los trabajadores solidarios con la causa, sus legumbres, o sus frutas. Tienen una tarima instalada donde hacen congresos paralelos y toman decisiones comunitarias.

“El próximo presidente, no importa cúal sea, nos va a tener que aguantar aquí, porque no nos vamos a mover”, asegura este dirigente. Esto no son como las ocupaciones de Wall Street, ni de Madrid.  No.  Aquí es como visitar sus casas, en sus comunidades. Tienen pericos, fogones, cartones, telas y mucha vitalidad todavía, pese a que los representantes del Congreso no dan la cara al tema y pareciera que esto se puede extender por muchos días o meses.  “Vamos a seguir esta lucha, aunque se apruebe la ley. Que nos escuchen bien”...

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