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Venezuela

El Ché con skate se marca un rap

jueves 25 de octubre de 2012 Hugo Chávez puso en el diccionario de las utopías el término “socialismo del Siglo XXI”. Si le concedemos el beneficio de la paternidad, habrá que buscar quiénes están asumiendo su crianza. Los encontramos haciendo grafiti, diseñando campañas, practicando skate o rapeando al trópico y a la revolución. Conoce al presente-futuro de la revolución del Sur.

Por Paco Gómez Nadal

Pónganse en los años 70… ejércitos de liberación nacional, foquismo, milicias urbanas, Mao Tse-Tung… Todavía quedan restos del ayer, pero en Venezuela, debajo de lo visible, se está (re) significando el vocabulario y (re) cargando las formas de lucha. Los protagonistas de esta (re) (de) construcción inédita de principios del siglo XXI son muchos, pero en la (neo) vanguardia hay movimientos organizados de jóvenes que están comenzando a abrirse un espacio inmenso en la denominada “revolución bolivariana”.

Rogmy Armas tiene 24 años y unas cuantas batallas comunicacionales a cuestas. Habla con una seriedad que ubica. No está jugando, tampoco disfraza sus planteamientos ideológicos ni su compromiso revolucionario. Sabe de dónde viene: “Somos hijos de Chávez”. Pero como ocurre casi siempre en Venezuela –y en el mundo-, las palabras sacadas de su contexto combinan mal. Hijos de Chávez, sí; hijos dependientes, no. Rogmy es uno de los 15 miembros activos del Ejército Comunicacional de Liberación (ECL). Esta cooperativa “militante”, nacida a caballo entre 2008 y 2009, se ha hecho relativamente famosa por el desarrollo de la campaña “Chávez, otro beta posible” [beta en el argot juvenil de barrio es una situación negativa], que ha reposicionado la imagen del presidente del país en los sectores más urbanos y alternos. 

El ECL es parte “de un proceso inacabado”, como lo es toda revolución. La cooperativa especializada en comunicación se diferencia de una agencia de publicidad en sus objetivos y en las formas de intercambio y de producción. Se trata de comunicación “militante” que se suma a la nueva economía social que se está tratando de levantar en un país carcomido por algunos de los vicios más perversos del capitalismo: consumismo exacerbado, rentismo, desarollismo, híperextractivismo, cosificación de la mujer…

Las armas de este ejército tiene que ver con software y conocimiento libres, con paredes grafitadas, con diseño gráfico, con cultura urbana, con formación en los barrios y comunidades, con símbolos, con emancipación a través de espacios y lenguajes… Investigan, porque la revolución, aquí, en Venezuela, investiga, y en ese camino son responsables de un gran proyecto que está censando y promoviendo las publicaciones independientes, aquellas que luchan contra la “hegemonía comunicacional” (Clacalia.org). Rogmy explica que los seis años renovados de gobierno chavista que comenzarán en enero de 2013 son la oportunidad “para buscar el carácter irreversible del proceso revolucionario”. Una frase que hemos escuchado antes, pero que Rogmy articula con una dosis de realismo político contundente: “La corrupción, la inseguridad, la burocracia… esos problemas siempre los ha tenido Venezuela y los podemos tratar en profundidad en cualquier momento, pero si no consolidamos el proceso… entonces no podremos arreglar nada”.

El ECL le apuesta al Poder Popular, a las bases, al autogobierno y a la autogestión. Quizá por eso, y a pesar de recibir apoyo económico del Estado, se nota su obsesión por la “sustentabilidad” de su proyecto y de otros similares. Así que el Ejército Comunicacional de Liberación está enredado y se sigue enredando con otras organizaciones y colectivos que utilizan la creatividad al servicio del cambio de sistema.

En septiembre de 2011, 42 colectivos de 10 de los 23 Estados de Venezuela crearon Redada (Red de Acción y Distribución Artística). La Red busca consolidar otras lógicas de intercambio que huyan de lo mercantil, pero que ayuden a la sostenibilidad de las organizaciones. Una de sus integrantes lo define con la misma seriedad que antes me impresionaba de Rogmy: “De alguna manera somos una fuerza política para superar la verticalidad del modelo del chavismo. El propio sistema abrió la puerta con el modelo de las Misiones y eso ha derivado en que la gente es la que toma el control de sus propias propuestas porque los formatos establecidos se quedaron cortos”.

Los jóvenes revolucionarios venezolanos no quieren un “Instituto de la Juventud”, sino un marco de construcción colectiva, horizontal y autónoma desde el que aportar al proceso emancipatorio. Así, en Redada se encuentran las Alpargatas Rebeldes, La Nueva Casita o Los Tuyeros con el ECL o con Tiuna El Fuerte, una subversión contemporánea, urbana y poderosa de El Fuerte Tiuna, la elefantiásica sede militar que hace sombra a Caracas.

 

El contenedor de ideas y de (r) evolución

En “El Tiuna” han hecho un recorrido largo que los ha llevado de la marginalidad a la oficialidad y que, ahora, tiene activa la brújula de la sostenibilidad y la independencia. “Nosotros recibimos reales del Gobierno, pero no hacemos lo que ellos quieren”, me dice uno de los activistas creativos de este colectivo de colectivos.

Arrancaron en la calle pero ya tenían vocación de red. Por algo el grupo de artistas callejeros y subalternos se bautizó como La Red de la Calle. Con referentes anarquistas y del movimiento okupa, La Red de la Calle se topó con una administración municipal revolucionaria que les permitió okupar con permiso un estacionamiento semi baldío en el caraqueño barrio de El Valle y gestionar actividades y recursos para mover el teatro, el circo, la música….

“Comenzamos casi como un lugar de conciertos y espectáculos, éramos como el sitio de los peluos, de los tatuados…”. Maru Fréitez se unió al colectivo después de esta etapa de rápida fama de alternativos pero algo ‘inofensivos’. Pero luego “se fue desarrollando un modelo muy poderoso de formación y de trabajo con los chamos [jóvenes] de los barrios que nació con Tiuna La Gira pero que luego se tradujo en experiencias tan arraigadas ya como el Laboratorio de Artes Urbanas (LAU)”.

 

Entropía metálica

Hoy, siete años después, Tiuna El Fuerte está en una transición de lo que se podría denominar “la rebeldía institucional” a ser un “colectivo de colectivos con un modelo socioproductivo que lo haga sostenible”. De hecho, en El Tiuna ya se mueven diversos grupos organizados con intereses tan diversos como el grafiti, la música, la producción audiovisual, la investigación socio-política o el teatro callejero.

Recorrer las instalaciones de este “parque endógeno cultural” impresiona. Primero por la arquitectura, empujada por Alejandro Haiek y que les supuso el Premio Nacional de Arquitectura en Venezuela (2010), el del Festival Internacional de Arquitectura de Barcelona (2011) y el de la Bienal de Arquitectura de Quito. Contenedores metálicos reciclados, palés de madera, llantas, estructuras encaramadas que hablan de entropía metálica, de convivencia en la divergencia. Recientemente, otro colectivo revolucionario, Causa, produjo un video en este lugar que ni miente, ni deforma, sólo dignifica.

Los contenedores, pues, no son decorado inerme, sino rompecabezas de la acción: aquí funciona una orquesta sinfónica infantil alterna a la oficial; se está terminando de rodar y producir los primeros cinco capítulos de la teleserie Barrio Sur (que relata la vida de los chamos de barrio sin prejuicios ni juicios); entro al Infocentro transferido a la comunidad y en el que, además, se da la formación en diseño gráfico a jóvenes de El Valle-Coché; paso por el anfiteatro semicubierto (por contenedores) Orlando Poleo; veo la biblioteca y un cafetín, un estudio de grabación de audio y…. una de las joyas más queridas: Radio Verdura, una emisora joven y alterna que funciona rodando en dos camioncitos sin centímetro libre ya para pintadas.

El proyecto no para aquí… las palas trabajan en la adecuación de la que llaman Nave 3, que incluirá un gimnasio, un skatepark, un auditorio y un comedor propio.

Alguno de los colectivos que germina en este invernadero abierto de ideas colabora también con otro grupo revolucionario: el M-28. Cuando me encuentro con los chicos de este movimiento estudiantil, el discurso es más clásico. Son muy jóvenes pero… “combinan todas las formas de lucha”. Se enfrentan a los “niñitos burgueses” de la universidad con spray y con discurso político, pero ya están cruzando su accionar con organizaciones como el Ejército Comunicacional de Liberación o con Tiuna El Fuerte. Daniela Moreno habla rápido, duro y con mucha ilusión. Ella está haciendo la revolución. Y quien no quiera comprender y creer honestamente en eso, no podrá entenderla. Hoy me cuenta que van a poner en marcha un proyecto socioproductivo porque la evolución de su colectivo –que nació antinatura en la conservadora Universidad Central de Venezuela (UCV)- les ha llevado a entender que sólo desde las ideas y la acción política no se puede vencer al monstruo. La revolución desde la acción la van a poner en marcha en un pequeño terreno bajo una autopista… allá con la ayuda de miembros de El Tiuna y de otras organizaciones, nacerá en unas semanas su semillero de plantas, ideas y encuentro…

Hay un magnífico enredo en la Venezuela no contada y es imposible tomar una foto de él que no salga un poco movida. Todo se mueve rápido hacia un objetivo común. Por si me había despistado o me había desenfocado demasiado, Daniela me lo recuerda: “Esta guerra es de todo el pueblo y será el poder popular el que consolide esta revolución”.

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