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Elecciones

La apuesta por el caudillismo en Venezuela

domingo 07 de octubre de 2012 Lo del el periódico El País es de escándalo. Es más fácil dejar el alcoholismo que confiar en la calidad y balance de su información después de la pobre y parcial cobertura sobre las elecciones de Venezuela. De camino a Caracas, trato de sacudirme el estupor.

Por Paco Gómez Nadal

Vaya por delante que no soy ingenuo. No sólo peco de la duda patológica como lector, sino que trabajé años dentro de la bestia y pude observar su deriva. Pero no dejo de escandalizarme. Arranco esta nueva ruta Otramérica convencido de que tiene más sentido que nunca.

El objetivo es Venezuela. En casi año y medio no hemos logrado colaborador alguno que escriba sobre el país suramericano sin estar afectado por la enfermedad de las trincheras, de los bandos, de los jugos estomacales revueltos con las palabras. Seguro que hay gente con capacidad de hacerlo, pero nosotros no nos hemos topado con nadie (aún). Por eso decidimos viajar a Venezuela, no en la peligrosa efervescencia preelectoral, sino en ese extraño paréntesis que se abre tras el cierre de las urnas y que determina en buena medida hacia dónde caminará la construcción, deconstrucción o (re) construcción política de un país y sus gentes.

No es la primera vez que piso Venezuela, son ya varias las visitas durante los años de “autoritarismo y caudillismo” (según define hoy El País) de Hugo Chávez Frías. La verdad es que nunca lo sentí tan así. El filtro del tropicalismo europeo tiene el peligro de convertir en salsa lo que sólo es paso doble y de llamar revolución a cualquier retoque (más o menos drástico) de la escenografía neoliberal. En Venezuela han cambiado muchas cosas en estos años, aunque, por desgracia, algunos quistes que surgieron hace muchas décadas siguen intactos o empeorando: la corrupción, la especulación, el rentismo petrolero o la violencia. Nada de esto lo inventó Chávez, aunque en su cuenta del debe figuran todos ellos con letras rojas rojitas.

Reviso el diario El País antes de embarcar. He robado el ejemplar al pasar por las filas de primera clase del vuelo local (todavía hay clases, aunque a algunos les guste decir que eso es historia del pasado o manía de dinosaurios marxistas). No debí hacerlo. El estómago ya se me había puesto mal en los días previos al leer algunas notas de Mayé Primera, en solitario, y luego a cuatro manos con la inestimable colaboración del eurocéntrico y funcionarial Luis Prados. Pero lo de hoy ya es de escándalo. El grupo Prisa (un día después de anunciar un recorte de plantilla de más del 25% mientras su jefe máximo, Cebrián, cobra 13 millones de euros) saca la artillería pesada y dedica 7 páginas a empujar a Henrique Capriles para que gane en este último suspiro. Es como cuando a El País -y a unos cuantos medios europeos más- les dio por pensar que un afrodescendiente llegó a la Casa Blanca gracias a sus reverencias y genuflexiones periodísticas.

No tengo en nada de Capriles. De hecho, me parece de lo más potable que ha parido la oposición venezolana después del vergonzoso ¿liderazgo? de Rosales durante años. Pero El País cae en lo mismo que critica haciendo un emocionado llamado al caudillismo. Para este periódico Capriles, por sí sólo va a “reconstruir” este país (en caso de que fuera necesario). Quieren cambiar a un supuesto caudillo por otro supuesto caudillo, para luego criritcar el populismo latinoamericano: una de las aficiones predilectas de los columnistas europeos al referirse a este hemisferio..

Primero hace perfiles de los dos candidatos. El de Chávez para hablar de Capriles; el de Capriles para más de los mismo. Después aconsejan al candidato republicano estadounidenses que imite a Capriles, un terrible desliz en el que convierten al príncipe socialdemócrata en sapo de la derecha. Más tarde, publican un especial sobre la temible violencia en Venezuela (bastante cierta, por otra parte), en el que toda la culpa se atribuye a Chávez y en el que los datos de sustancial mejora social en el país aparecen en una columna sin peso para que se diluyan en un marasmo de sangre. Es decir, la historia de Venezuela comienza en 1998 para estos periodistas, que han olvidado, incluso, a un viejo y corrupto amigo del Grupo Prisa, a Carlos Andrés Pérez. Por último, y por si fuera poco, Mario Vargas Llosa, el Quijote de los libertarios de derechas, escribe una de sus pedradas de toque dando ánimos a este joven candidato que, de ganar, será devorado por los mismos que ahora lo aúpan.

Ni un análisis sobre cómo es la conformación de la oposición venezolana. Ni una referencia al programa político, social o económico de Capriles (tampoco de Chávez), ni un poco de siembra de racionalidad para bajarle el tono a la radical polarización política de Venezuela. Sería bueno que todxs permitiéramos que sean las venezolanas y los venezolanos los que elijan a su presidente, sea quien sea... y que se respeten los resultados por ambos sectores y por los grupos de presión internacional. En Venezuela, desde 1998, se han realizado 14 procesos electorales sobre los que no hay más dudas que el triste clientelismo político que lado y lado practican desde tiempos inmemoriales. Hoy no será diferente. Lo que es de ingenuos es pensar que porque no haya robos en las urnas sí hay democracia. La democracia, de existir, es algo más complicado y ni en Venezuela, ni en EEUU ni en España sabemos los pueblos de qué se trata. Mientras, que se vote, que se vote en paz y que nadie joda (especialmente, los que juzgan desde fuera y lo hacen desde posiciones tan prejuiciosas como descaradas).

Mi madre me decía hace un par de décadas que los periodistas teníamos la culpa de buena parte de lo que ocurre. Me lo volvió a recordar al despedirse de mi antes de iniciar este viaje. Igual tiene parte de razón. Al menos, esos periodistas, ese periodismo y esos periódicos. Esos, igual sí tiene la culpa de unas cuantas cosillas.

Por eso, Otramérica se va a Venezuela, a tratar de contaros con otros ojos lo que veamos. Con matices, con una paleta de colores donde el blanco y el negro sólo sirvan para parir otros tonos. Esperamos vuestra compañía. 

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