Donar

Otramérica es posible gracias a tu aporte solidario

Tierras Bajas

Y decidimos agarrar el remo

miércoles 17 de octubre de 2012 La ruta de Tierras Bajas ha avanzado... a punta de remo. Por eso hemos estado sin noticias de Pedro desde hace casi dos meses. Han recorrido el río Guaporé/Iténez de la manera en el que el tiempo y la realidad son más reales: en una canoa a remo.

Nuestra Canoa

Nuestra Canoa

Por Pedro González del Campo

Después de la experiencia a lo largo del río Paraguay, llegamos a orillas del Guaporé/Iténez con la intención de realizar una navegación autónoma, para poder decidir nuestro ritmo de viaje y conocer mejor las comunidades y quilombos que hay en él. Para esto nos hicimos en Remanso con una canoa de madera y nos dejamos llevar por el río abajo.

Llegamos a Remanso tras 46 horas de viaje en el único medio de transporte que se atreve a llegar hasta este rincón de Boliva de forma semanal. A Cubilla –el pionero jefe de la flota Trans Bolivia- le quieren hacer un monumento en este pueblo de menos de 1.000 habitantes, pues es él quien ha permitido que su gente salga fácilmente por Bolivia y no dependa solamente de la orilla brasileña para temas de salud, educación o comercio, como hasta hace unos años venía ocurriendo como mandan los lógicos cánones de buena vecindad.

Remanso es un pueblo hermoso, donde aún se conserva la arquitectura tradicional de la zona y muchas de las casas de cuando era un centro explotador de la siringa o árbol de caucho en su segunda época dorada (que en esta zona llegó hasta los años 60 del siglo pasado). El caucho se extrajo con ansia de nuevo durante este periodo a base de mano de obra semiesclava, que la conformaban los propios originarios de estas tierras y los traídos bajo engaño de diferentes puntos de la Chiquitania boliviana. Es esta gente y los hijos de ellos, quienes conviven hoy en día con los nuevos vecinos venidos del occidente del pais. Un crisol de gentes con una identidad relativamente nueva que mira al Iténez y al Cerro San Simón –el centro minero de oro cercano- como fuentes de ingresos y de sustento, mientras sueñan por conseguir la ansiada emancipación municipal de Baures a donde pertenecen y de quién dependen, estando a cientos de quilómetros de distancia y con una selva de por medio. Soñando con llegar a poder abrir una nueva fuente de ingresos y trabajo: el turismo, algo que mal gestionado en el río puede ser un arma de doble filo social y ambiental.

Nos recibe con una calurosa bienvenida Doña Evi, una maestra jubilada del pueblo que ejerce de madre improvisada de todo peregrino que se presente por allí, con su cocina siempre dispuesta a quemar leña, memoria viva del pueblo y de la vida en el río. Los días aquí girarán en torno a ella y su adoptada familia que la conforman dos chiquillos, una joven madre de ellos y Don Charro, vecino que viene a comer cada día y a conversar con nosotros -lo que nos sirve para contextualizar la orilla boliviana antes de partir-. También se convierte en centro de nuestros días el descenso a remo y la búsqueda de una embarcación para llegar al menos hasta Costa Márques, en la orilla Brasileña, a unos 500 km de distancia y principal ciudad de todo el río con 10.000 habitantes.

Tras unos días de intensa búsqueda, de visionado de varias canoas en múltiples estados de conservación, de intentos de venta a precios desorbitados por nuestro aspecto de extranjeros; conseguimos que Don Perro (así es conocido Walter en todo el río) se ablande y nos venda a un precio razonable su canoa de cinco metros de itaúba –la madera local más preciada para la construcción de canoas-. La tiene fuera de uso y dada la vuelta desde hace un año bajo la sombra de un árbol por fuera de su casa. En tiempo récord la estopamos y calafateamos con brea, le hicimos las indispensables parrillas para colocar en el fondo y evitar que se nos mojasen nuestros equipajes, compramos los víveres y lo que creíamos necesario para el viaje, y practicamos dos días durante unos minutos de remo, de la orilla a la playa de enfrente. Playa que desde que llegamos hasta que marchamos ha surgido de la nada y que sirve de lugar de recreo vespertino para la muchachada del pueblo.

En estos días buscamos a las personas que aparecen nuestra lectura de viaje, Caminos de Agua de Román Morales, para mostrarles la belleza en la que se convirtió el paso de un canoero por aquellos ríos y que hoy también inspira nuestra pequeña expedición. Todos quedan agradecidos a lo largo del río, será el libro y su lectura en voz alta siempre un talismán a la hora de desembarcar en cualquier lugar. Nos informamos un poco más acerca de la idoneidad de nuestra empresa, y tras adevrtir que nadie nos toma por locos si no por corajudos, tras saber que río abajo no hay pérdida ya que las bahías están todas de subida, que es la época en la que las playas emegen como anti-oasis en medio del desierto verde y azul donde petas y tartarugas se solean y desovan, que hay cientos de veces más ataques de personas al caimán y al tigre –como se conoce al jaguar, Panthera onca- que lo contario, y cuando nos aseguramos de que nuestra canoa no hace tanta agua como al principio tras una nueva calafateada; decidimos que es el momento de empezar un nuevo tramo ribereño de nuestra ruta.

Guaporé/Iténez

Dos nombres para un mismo río. Dos orillas. Dos países. Múltiples culturas. Vestigios -tristemente vestigios- de culturas originarias. Un estado, Rondonia, con una historia cruenta y devastadora, y un presente en lucha in extremis por salvar algo de lo que queda virgen. Una banda boliviana conservada en un estado envidiable por muchos países amazónicos. Una población afroamericana pionera en su huída de la esclavitud, en el corazón de Sudamérica y que iremos  conociendo a través de los quilombos.

No cesan las ganas de seguir conociendo la vida de los ríos, su historia, su presente, su mirada al futuro, su naturaleza... al amanecer vamos haciendo recuento de lo que necesitamos mientras escuchamos el rítmico golpeteo del tacú. Un chico de unos 11 años se afana en pelar el arroz  que hoy se cocinará en casa, probablemente acompañado de uno de los muchos pescados que tiene este río y que a nosotros nos servirán también de base alimenticia. Comienza esta nueva etapa ribereña de la ruta que tiene pinta de ser bien especial.

Ir arriba

¿Qué puedes hacer en Otramérica?

×