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Columnas de opinión Mapder

14 de marzo, un día para pensar en los ríos y los pueblos

miércoles 14 de marzo de 2012 Estar en contra de las presas es un posición que implica exigir la solución de las problemática del agua y energía reales, que sean duraderas y que tengan en cuenta en el mismo nivel del económico y político, las cuestiones sociales, culturales y ambientales. No podemos aceptar que estos proyectos se promuevan si no respetan la vida.

Por Mónica Montalvo Méndez y Guadalupe Espinoza

El Primer Encuentro de Afectados por Represas y en Defensa de los Ríos, reunidos en Curitiba, Brasil en 1997, declararon el 14 de marzo como el Día Internacional de Lucha contra las Presas, por los Ríos, los Pueblos y la Vida. En octubre de 2010 la comunidad de Temacapulín, Jalisco fue sede del Tercer Encuentro de Afectados por Represas y en Defensa de los Ríos y sus Aliados. Este encuentro trajo a las tierras alteñas de Jalisco a campesinos, indígenas afectados y amenazados por la construcción de presas, académicos, organizaciones de la sociedad civil y a medios de comunicación de más de 52 países y de todo México.

Las voces del movimiento antirrepresas han demostrado una y otra vez la poca viabilidad de estos proyectos hidráulicos desde todas sus aristas, muchos de estos argumentos están plasmados en el Informe de la Comisión Mundial sobre Represas del año 2000 (CMR). Las luchas en diversas partes del mundo han derrotado proyectos de presas y ayudado a restaurar y proteger los ríos. Han alcanzado importantes conquistas por el derecho al consentimiento libre, previo e informado sobre los proyectos en sus tierras y por dignas reparaciones y condiciones de reasentamiento; lamentablemente los proyectos de muerte que significan las presas siguen aumentando a lo largo y ancho del mundo.

Desde hace más de 15 años el movimiento en defensa de la vida de los ríos continúa en América Latina, Europa, Asia y África, realizando luchas locales que en selvas, bosques, cordilleras y estepas se vuelven globales, al unirse para exigir la cancelación de estos proyectos, pues las presas corresponden a una lógica de despojo por parte del sistema neoliberal, el cual cree que todo tiene precio y no comprende que para muchos el río, las montañas, la pachamama, la memoria, la tierra y sobre todo la dignidad no lo tienen, pues es mucho mayor de lo que cualquier cantidad de dinero puede comprar. En estos años se han logrado crear y fortalecer diversas redes regionales, frentes y movimientos nacionales de luchas contra las represas y por los derechos de los afectados.

La privatización del agua y la energía por medio de construcción de presas a costa de la vida de miles de personas (de 40 a 80 millones de desplazados según el Informe de la CMR), ¿cuántos habrá aumentado? Se calcula también que hay más desplazados por presas que por guerras. Muchos de estos proyectos son resultados de la injerencia en los países en “vías de desarrollo” del Banco Mundial (BM), del Fondo Monetario Internacional (FMI), además de los organismos internacionales que promueven el pago de servicios ambientales y la fragmentación de cuencas que facilitan la privatización del agua. Las corporaciones lucran de forma exorbitante en la construcción de presas, fomentando la agroindustria, los hidronegocios y la minería.

Hay una historia de presas en México que demuestra los engaños de los promoventes de estas obras: la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la Conagua. Promesas de pago de tierras que no llegan, falta de servicios y de trabajo en los “nuevos centros de población”, además de que muchos reasentamientos están mal construidos y que por lo general las poblaciones que sufren los desplazamientos involuntarios y que resisten, a los pocos años del cambio prefieran migrar. Jóvenes, ancianos y ancianas son particularmente vulnerables a las transformaciones económicas, sociales y culturales provocadas por las presas. Por ejemplo los abuelos “mueren de tristeza”. Sin contar los daños indirectos que ocasionan como la afectación a toda la cuenca, la pérdida de tierras productivas río abajo, el endeudamiento de los estados, por mencionar algunas.

La oposición a las presas ha traído represalias de diversos tipos a las comunidades afectadas que se oponen a los proyectos y también a organizaciones y a académicos quienes caminan con ellas. Las comunidades han exigido el respeto a sus derechos humanos y su territorio frente a los argumentos de utilidad pública por parte del Estado, la cual claramente es falsa pues los beneficiados de estos proyectos son entes privados nacionales e internacionales.

Las luchas por los ríos y la vida en México se unieron en la comunidad de Agua Caliente, municipio de Guerrero, del 30 de septiembre al 3 de octubre de 2004 para fundar el Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (Mapder). Desde ese momento se han realizado diversas acciones, encuentros e intercambio de experiencias en los estados de Guerrero, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Estado de México, DF, Oaxaca, Jalisco, Nayarit, Sonora, Chihuahua y Guanajuato. Actualmente el Mapder está exigiendo el respeto al derecho de autodeterminación de los pueblos y de lo que pasa en sus territorios, fundamentado en la legislación nacional e internacional sobre derechos humanos, así el Mapder busca la cancelación de los proyectos hidráulicos de La Parota, El Zapotillo, Las Cruces, Paso de la Reyna, Cerro de Oro, Arcediano, Itzantún, Chinin, Boca del Cerro y de todas las presas que el gobierno quiere construir en el estado de Veracruz y sobre el río Usumacinta en Chiapas. Por eso este 14 de marzo el Mapder ha preparado una jornada de acciones en diversos estados para conmemorar el día mundial en contra de las presas.

Estar en contra de las presas es un posición que implica exigir la solución de las problemática del agua y energía reales, que sean duraderas y que tengan en cuenta en el mismo nivel del económico y político, las cuestiones sociales, culturales y ambientales. No podemos aceptar que estos proyectos se promuevan si no respetan la vida. “Debemos promover un nuevo modelo de producción y uso de energía y de manejo de agua que satisfaga las necesidades de los pueblos, antes que el interés de las corporaciones nacionales y transnacionales (…). Nuestra lucha en contra de las represas destructivas y el modelo actual de manejo de agua y energía es también una lucha contra un orden social dominado por el imperativo de maximizar sus ganancias, y es una lucha por una sociedad basada en la equidad y la solidaridad.” (Declaración de Temacapulín 2010)
Por lo tanto este 14 de marzo recordamos a nuestros ríos, los cuales deberían fluir libres.

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