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Después de la Utopía

martes 27 de noviembre de 2012 Para empezar a vivir utopías debemos dejar de creer en el mensaje fatalista que circula por doquier y que de muchas formas nos trata de hacer creer que la distopía es nuestro destino ineludible y que sólo el poder y la ciencia nos podrían salvaran de la fatalidad. Pero antes de vivir la utopía hay que dejar de vivir como el mundo.

La Isla Utopía de Tomás Moro.

La Isla Utopía de Tomás Moro.

Por Quetzal Contla

Cuando Tomás Moro imagino la utopía no recurrió a seres superdotados ni biológicamente diferentes a nosotros: los habitantes de Amaurota no vivían en otro planeta pero se diferenciaban en su actitud. Retrató una sociedad en donde la disposición y la determinación de los habitantes tomaban otras dimensiones llevando a otros mundos posibles.

Para empezar a vivir utopías debemos dejar de creer en el mensaje fatalista que circula por doquier y que de muchas formas nos trata de hacer creer que la distopía es nuestro destino ineludible y que sólo el poder y la ciencia nos podrían salvaran de la fatalidad.

Hay que dejar de creer que la solución al problema saldrá de las fuentes que crearon el problema; lastimeramente el estado moderno, tan oligarca como es, no puede sino constituirse en enemigo de la misma sociedad a la que intenta gobernar. El poder transforma al mundo pero solo infligiendo el deterioro; el poder del dinero y las formas establecidas no dejarán de causar daño y devastación aún cuando esa no fuese su intención, es un modelo que gasta lo que toca.

Waldo Frank dice que el poder es la imposición de un ser sobre cualquier objeto por destrucción o absorción, es el principio del caos. Entonces no espero nada del poder, este dejaría de serlo si no fuese impositivo y actuase de otra manera. Qué nos queda sino el amor... El amor activo y solidario es el poder legitimo de la gente, de los hombres, mujeres, niños y ancianos que desean reconocerse a si mismos como seres humanos que necesitan crear con los otros lazos de confianza y trabajo para una vida común en buenas condiciones, no pasar como simples errores que se repiten una y otra vez a través de la historia.

Para dejar de creer en el mensaje de muerte hay que renunciar a muchas cosas, de ahí que antes de vivir la utopía hay que dejar de vivir como el mundo. Antes de pensar en dar hay que pensar en dejar. Dejar un estilo de vida que nos parece inevitable, un juego de roles en vertical en el que todos parecieran entrar. Pero si vemos bien no todos entran, nunca en la historia han faltado quienes hagan las cosas de otra manera, los hay por todos lados. Veremos que en muchos casos lo primero que se hace es dejar antes de hacer. Hay un amplio movimiento en favor de mejorar la alimentación que se basa, en gran parte, en dejar cárnicos, lácteos y productos no orgánicos e industrialmente procesados. Dejar de darle valor a lo que no lo tiene.

Los que toman conciencia encaminan sus acciones a dejar de contaminar o al menos lo intenta; los creativos del copyleft dejan de limitar el conocimiento; los usuarios del software libre dejan de cerrar sus códigos permitiendo que otros los modifiquen a placer; los voluntarios de todo tipo dejan de condicionar su tiempo y trabajo por un pago monetario (lamentablemente muchas veces aun lo hacen para asociaciones del tipo caritativas pero no liberadoras). Ser cristiano es en esencia reconciliarse con Dios Padre dejando de pecar y pecar es no amar a los demás. De tal forma insisto en que dejar es esencial en la utopía, dejar lo que por sentido común le hace daño al ser humano, a nuestras propias familias y amigos, una serie de conductas que apuntan a la autodestrucción que ya se vislumbra.

En mi país, México, el sobrepeso y la diabetes se han disparado en forma alarmante, (1) sin embargo nadie deja el refresco y por eso estamos en el primer lugar de consumo a nivel mundial,(2) desde los más chicos hasta los más ancianos participan en un macabro y aburrido desfile interminable a la tiendita de la esquina donde se proveen del oscuro néctar que saciara su deseo. Dejar de lado su consumo es lo más sensato. En mi familia hemos dejado de consumir por completo cualquier producto de esta marca en donde fabrican la felicidad (3) ya por varios años sin morir en el intento y vaya que tienen una amplia gama de submarcas tratando disfrazar su monopolio. Es la simple decisión de no continuar esta trágica cadena y además de todo desembolsar en ello.

En este mismo país, la televisión ha influenciado despiadada y degeneradamente a ya varias generaciones que empezaron a verla y nunca más pararon. El deterioro cultural es evidente, triste y acotado: es el panorama de ideas diseminado entre millones de jóvenes cuyos arquetipos surgieron de la pantalla chica, la única verdad conocida. Jóvenes aún somos en mi familia y a tiempo dejamos la televisión en la casa de empeño, esa en donde te prestan un dinero por dejar algún “bien” en garantía. Por cierto que estas casas de préstamo usurero pertenecen a la misma oligarquía local que ha provocado y establece la recesión como si fuera un modelo económico. Feliz el día en que empezamos ese ayuno permanente de la televisión, el arma masiva que es alegremente aceptada entre todas las clases de todos los países para intereses de unos cuantos.

Hablamos entonces de que dejar es primordial; solo dejar el tabaco evitaría muchas tragedias, y recurro otra vez a fuentes oficiales que suelen censurar las realidades, como la OMS, que dice que en 2020 el consumo del cigarro habrá causado mas muertes que el VIH/Sida, la tuberculosis, la muerte materna, los accidentes de tráfico, el suicidio y los homicidios, todos juntos.(4) Dejar los lujos atrás y para siempre es un requisito para un mundo más equitativo, seguro y pacifico; pero también una blasfemia para al oído de los sohos y las capitales del glamour. La vanidad da su pelea en tiempos de crisis. Dejar para cambiar de rumbo, para vislumbrar nuevos escenarios para poder imaginar nuevas formas de relacionarnos, como nunca las hemos intentado. Como lo intenta el Gobierno Comunal de Cherán K´eri o las distintas guardias comunales que cumplen años sirviendo (5) o apenas están surgiendo a lo largo del territorio, claro, movidos sobretodo por la imperiosa necesidad de detener la violencia criminal en sus territorios.(6) 

Ibsen dice que Entenderse es la primera cosa importante en todas las relaciones humanas. Luego, está claro que no nos estamos entendiendo. He aquí que el problema es la comunicación; hay un error, algo en nuestras formas de comunicación que no nos basta para vivir en paz. Pareciera que mi mensaje no le llega claro a nadie y viceversa, haciendo esto que devenga en el desentendimiento, la desatención y eventualmente la confrontación. Quizá sea un problema enraizado en la misma imperfección del lenguaje, el cual no permite el libre flujo de ideas sino que todo lo decodifica para fines prácticos que sirven a nuestra propia subsistencia. El lenguaje pues tiene un límite, es imperfecto. Dice Pablo que aunque hablase todas las lenguas aún me faltaría algo. Dice renglones más adelante que callaran las lenguas y ese algo permanecerá. El amor. Pero no en su rebajada concepción romántica sino entendido como la ocupación por el otro, la solidaridad, la común unidad. El amor verdadero es un verdugo del ego, padre de todos los abusos. En una sociedad donde la competencia es voraz y la supervivencia del mas fuerte es ley me atrevo a decir que veo en una actitud amorosa una actitud que subvierte la realidad, desestabiliza en lo mas hondo este sistema de cosas, transforma, regenera. Para esto falta educar en la paz y en el respeto de todo lo que nos rodea. 

Lo que yo digo es que por quí limitarse con la utopía si hay cosas mejores.

El hombre de la antigüedad podía vivir tranquilo en medio de una organización social en la que los hombres estaban divididos en amos y en esclavos, puesto que creían que esta división venia de Dios y que no podía ser de otro modo. Pero ¿es posible tal división en nuestra época? El hombre de la antigüedad podía creer que era su derecho gozar de los bienes de este mundo en detrimento de los otros hombres, haciéndolos sufrir de generación en generación, porque creían que los hombres pertenecían a diversos orígenes, nobles o ruines, estirpe de Jafet o de Cam. No solo los mayores sabios del mundo, los educadores de la humanidad, Platón, Aristóteles etcétera, justificaban la esclavitud y demostraban su legitimidad, sino que, hace tres siglos, los hombres que describieron la sociedad imaginaria del futuro, la Utopía, no conseguían representarla sin esclavos.

Los de la Edad Antigua y también los de la Edad Media creían que los hombres no son iguales, que los verdaderos hombres eran solamente los persas, solamente los griegos, solamente los romanos, solamente los franceses: pero ya no podemos creer en eso, y los que, en nuestros tiempos, se esforzaron tanto para defender la aristocracia y el patriotismo no pueden creer aquello que dicen.

Sabemos todos, y no tenemos como no saberlo, aunque nunca hubiéramos oído o leído cosa alguna a este respecto, aunque nosotros mismos nunca lo hubiéramos experimentado, impregnándonos del sentimiento que actuá en el área cristiana - sabemos con todo nuestro corazón, y no podemos no saberlo, que somos todos hijos de un único Padre, sea cual sea el lugar en el que vivamos, sea cual sea la lengua que hablemos; que somos todos hermanos y todos estamos sujetos al juicio de la ley única del amor, depositada en nuestro corazón por nuestro Padre común.

Cualesquiera que sean las ideas y el grado de instrucción de un hombre de nuestro tiempo, un culto liberal de cualquier grado, un filosofo de cualquier sistema, un doctor, un economista de cualquier escuela, también un creyente de cualquier credo, cada ser humano sabe que todos los seres humanos tienen los mismos derechos a la vida y a los placeres de este mundo, y que todos, no son peores o mejores los unos que los otros, son iguales. Cada uno sabe esto del modo más absoluto y seguro. Sin embargo, no solo cada uno ve a su alrededor la división de los hombres en dos castas, una lastimosa, sufrida, miserable, oprimida, y la otra ociosa, dominadora, viviendo en el lujo y en las fiestas; Y todo el mundo no solo ve esto, voluntariamente o no, cada cual participa de un modo u otro en el mantenimiento de estas divisiones que su conciencia condena, porque no puede no sufrir con esta contradicción y con su contribución a esta organización. Sea patrón o esclavo, el hombre moderno no puede no experimentar la contradicción constante, aguda, entre su conciencia y la realidad, y no conocer los sufrimientos que de ahí resultan. (7)

 

 

(1) México: 1er. Lugar en Sobrepeso y 2do. Lugar en Obesidad 11-Jul-08 El Dato OCDE http://www.oecd.org/document/28/0,3343

(2) http://www.sinembargo.mx/16-10-2012/399888

(3) CocaCola, La Fabrica de la Felicidad. http://www.youtube.com/watch?v=UxDqz8payaw Contrástese con La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global. Franco Berardi Bifo

(4) http://www.who.int/topics/tobacco/es/

(5) http://www.policiacomunitaria.org/

(6) http://www.cambiodemichoacan.com.mx/vernota.php?id=184769

(7) El Reino de Dios está dentro de vosotros. Leon Tolstoi

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