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Columnas de opinión Desaparecidos

Devolverles el nombre

miércoles 12 de febrero de 2014 Hay que ponerles rostro. Hay que nombrarlos. Las familias de los desaparecidos en toda América Latina no dejan de buscar y merecen verdad, justicia y reparación.

Por Erik Arellana Bautista

El impacto de las desapariciones forzadas en el continente americano es inconmensurable… desde el sur bajo las dictaduras totalitarias en las que las madres y las abuelas continúan buscando a sus nietos y los hijos a sus padres, con los sobrevivientes recordando lo ocurrido que pasa por los peores vejámenes cometidos contra la humanidad, hasta el norte de México con el feminicidio que ocurre hoy en día contra miles de mujeres que son abusadas sexualmente, torturadas, desmembradas y asesinadas, enterradas sin nombre, ni identidad alguna en los desiertos de las fronteras que dominan las mafias del narcotráfico…

Allí en la mitad de esa América se encuentra Colombia, un país que sufre la práctica masiva y sistemática de las desapariciones forzadas, una práctica aplicada por miembros activos de las fuerzas militares y por grupos paramilitares asociados con las mafias del narcotráfico, en diversas zonas donde ejercen control territorial. Miles de personas han sido despojadas de su identidad y su humanidad ha sido denigrada y negada bajo esta forma de terror.

Miles de denuncias, procesos a nivel nacional e internacional y pocos resultados. El crimen de la impunidad total. Un crimen considerado de Lesa Humanidad, un crimen perfecto que no deja huellas, no deja pruebas, no hay testigos, la identidad de las personas es borrada, los responsables de estos crímenes rara vez van a un tribunal, escasas veces son condenados. Los familiares de los desaparecidos conviven en la peor de las incertidumbres, pues no saben del destino de sus familiares, una de las formas de tortura sicológica más destructivas, puesto que permanece en el tiempo, se prolonga, se expande por la falta de respuestas, de verdad y de justicia y de reparación integral.

 

La búsqueda interminable

28 años llevan los familiares de los trabajadores del Palacio de Justicia durante la retoma por parte del Ejército y aún no saben qué pasó con los desaparecidos. 30 años llevan los familiares de 12 estudiantes desaparecidos en Bogotá y que dio origen a la organización de familiares de detenidos desaparecidos de  Colombia (Asfaddes). 33 años lleva Doña Fabiola Lalinde exigiendo justicia y verdad por la desaparición de su hijo Luis Fernando Lalinde, un joven militante de un partido de izquierda.

También existen casos recientes como el de Carolina Garzón, una joven militante de izquierda desaparecida en Ecuador o el de la ambientalista Sandra Cuellar, desaparecida el 12 de febrero de 2011 en la ciudad de Cali. La historia de Andrés Caicedo, un niño afro que fue engañado con promesas de trabajo y reclutado forzadamente por grupos paramilitares y asesinado durante los entrenamientos, según cuentan los testigos del caso. Cientos de niños víctimas del reclutamiento forzado han sido además víctimas de desapariciones forzadas.

Quizás seamos testigos de una tragedia que debe ser contada, aunque en realidad seamos protagonistas de una epopeya, una aventura heroica por la dignidad humana. En medio de ese panorama oscuro es de resaltar la labor de los familiares de las víctimas y de las organizaciones acompañantes que han promovido e impulsado una discusión a nivel social y político para que este crimen no quede en la absoluta impunidad. Por todo lo anterior pedimos mantener y reforzar el respaldo político a las víctimas y a sus familiares y a las organizaciones acompañantes, sentimientos que tenemos los familiares de los desaparecidos y que no quedan registrados en los procesos penales, pero que representan ese largo camino que hemos recorrido hasta aquí para devolverles el Nombre.

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