Donar

Otramérica es posible gracias a tu aporte solidario

Columnas de opinión COLOMBIA

Donde cesa el fuego

lunes 29 de agosto de 2016 El acuerdo final de paz entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC se ha plasmado este 29 de agosto en el cese al fuego bilateral. El silencio de las armas abre la puerta a la posibilidad de una paz tan anhelada como frágil.

Por Paco Gómez Nadal

Este lunes 29 de agosto es histórico para la Colombia invisible. El cese al fuego definitivo (tan definitivo como puede ser el funambulismo) decretado por las FARC y por el Estado colombiano es la confirmación de que se consolida la paz negativa. El final de las armas tiene todavía poco que ver con la paz, pero tiene mucho que ver con la tranquilidad de aquellas personas que viven en territorios de conflicto.

No cesa el fuego de la misma manera en el Parque de la 93 de Bogotá y en Tumaco, no se acallan las armas del mismo modo en los rumbeaderos de la Cali salsera que en el río Arquía, no es comparable el cese al fuego en las veredas campesinas que en las carreteras de cuarta generación.

El cese al fuego se vive de formas muy diferentes en la Colombia visible -la que importa, la que vota, la que sale en televisión- y en la Colombia invisibilizada –la de las víctimas sin más apellidos, la negra o la indígena, la de las mujeres que han visto desaparecer a sus hijos-. No siente hoy igual el cese al fuego el guerrillero de base o el pobre soldado pobre obligado que los comandantes en La Habana o que los generales conservados en aire acondicionado. No es el mismo cese al fuego el del presidente Santos y el del presidente de un Consejo Comunitario, no se parecen los ceses al fuego de la presentadora de televisión de moda y el de la partera comunitaria, el de la ecologista que lucha contra la megaprepresa en Antioquia que el de la ejecutiva que calcula la paz en dividendos. El cese al fuego del estudiante de la universidad privada está lejos del cese al fuego del muchacho que intenta estudiar a distancia desde veredas de internet intermitente, hay una distancia abismal entre el cese al fuego del joven que trata de conciliar mudos en el Vichada y el cese al fuego del becado en una universidad del norte para hacer un postdoctorado. Y todos, todos, son cese al fuego.

Colombia se merece el silencio (de las armas), el ruido (de las discusiones en paz), el cese de esta manera torpe y patriarcal de resolver los conflictos a machete o a bala. La guerra, el fuego, ha sido cosa de hombres o de mujeres-función-hombre (MFH). La paz, cuando comience a parecerse a la paz positiva de los manuales, será cosa de una sociedad despatriarcalizada que entienda que deje de tener miedo a la diferencia y que entienda que o comienza a trabajar en las violencias estructurales ocultas en el tenaz ruido de las armas o el cese al fuego será sólo una fecha en los libros de historia que anteceda a la del inicio de la siguiente guerra.

Donde cesa el fuego es en los territorios campesinos y étnicos, en los territorios urbanos del olvido y el desplazamiento, en los semáforos donde una mano pedigüeña esconde la dignidad envejecida, en la manigua atravesada por los senderos por donde caminan, mueren y matan los guerreros de todos los bandos... Allí cesa el fuego pero el fuego se alimenta en los platós de televisión, en las oficinas de las petroleras, en algunos salones de universidad, en los púlpitos cómplices de la muerte, en la ignorancia inducida de los muchos.

Donde cesa el fuego no debería faltar la luz, ni el calor, ni el tremor diligente de las llamas. Donde cesa este fuego debe prenderse otra pira donde el fulgor de la vida se abra paso. En los campos yermos arrasados por el fuego de décadas, por el enfrentamiento absorto de los uniformados de revólveres y metralla, debe germinar un territorio democrático donde un país, un país que son muchos países, decida que país quiere ser. Si no acontece ese lento sueño imposible nos habremos quedado paralizados en un cementerio de palabras, en un posible tan poco utópico que no merece ser la pena ser caminado.

Ir arriba

¿Qué puedes hacer en Otramérica?

×