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Columnas de opinión MUERTO (DE LA RISA)

Ecuador 'juega' a la democracia

domingo 08 de mayo de 2011 Los referendos siempre son peligrosos cuando la democracia participativa no es parte de la cultura ciudadana cotidiana. Un electorado que sólo acude a las urnas a elegir mandatarios, tiene problemas serios para entender las preguntas de un referéndum y suele confundirlas con el rostro que las propone u opone. ¿Qué ha pasado en Ecuador?

Por Paco Gómez Nadal

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha ganado el referéndum que se celebró el sábado 7 de mayo y en el que se hacían 10 complejas preguntas que abrirán la puerta a modificaciones constitucionales y a reglamentaciones de fuerte calado, especialmente en temas de Justicia y Medios de Comunicación.

Como casi todo lo que hace Correa, el referéndum ha tenido mucho que ver con su personalidad (o con su personalismo) y se ha convertido en una especie de plebiscito donde los temas de fondo han asomado poco la cabeza. No es sólo en Ecuador donde ocurre esto con los referendos, herramienta política para 'jugar' a la democracia a pesar de que la participación ciudadana o la democracia real no estén consolidadas. No es que los pueblos no sean capaces de decidir, sino que se les obliga a hacerlo sin haber trabajado antes el tema "participación" de abajo a arriba. La "participación" no se concede desde la Presidencia, sino que se construye desde la bases sociales; la cuestión no puede ser "Correa 10 veces sí" o "Correa 10 veces no", sino discernir si los procesos de cambio en países como Ecuador están resquebrajando realmente las estructuras caciquiles y burocráticas o si la población sólo 'juega' a la democracia en las urnas para dar legitimidad a decisiones tomadas 'fuera de la cancha'.

El asunto es serio. En este referéndum, farragoso y con preguntas suficientemente abiertas como para permitir interpretación, los ciudadanos votan a favor de algunos elementos que, depende de cómo se reglamenten, supondrán la violación de derechos fundamentales, como el hecho de que la prisión preventiva pueda ser cuasi indefinida; abren la puerta a un mayor control por parte del Gobierno del Órgano Judicial y de los Medios de Comunicación (al nombrar un nuevo Consejo de la Judicatura de sólo 3 miembros de los que 2, al menos, serán nombrados por Correa y un Consejo de Regulación de los Medios que podrá sancionar a los mismos en función de sus contenidos).

La batalla política en Ecuador es fuerte y este referéndum ha dejado claro que Correa lidera una opción en la que no caben muchos más protagonistas. De hecho, la división interna entre los movimientos políticos que apoyaron a este gobierno ha supuesto que el No al referéndum haya seducido a sectores tan variopintos como la oligarquía clásica del país o la Confederación de Nacionalidades Indígenas Ecuatorianas, y que la opción del voto nulo o el abstencionismo hayan sido patrocinados por movimientos políticos de la izquierda.

La situación ahora no es sencilla. Varias de las preguntas del referéndum se convierten ahora en “mandato” para la Asamblea Nacional. Allí, Alianza País, el movimiento de Correa, cuenta con 59 diputados, y más aliados, pero la oposición tiene cierta capacidad legislativa que, en caso de bloquear las nuevas iniciativas legislativas pueden llevar a Correa a utilizar el mecanismo de disolución de la Asamblea.

El presidente, en su primera valoración de su octavo triunfo en urnas desde que ganara las presidenciales en 2006, insistió en que con el referéndum a favor se podrá avanzar en “mejorar la seguridad del país, acabar con la impunidad y tener mejores medios de comunicación”. El temor, viendo el carácter de Correa, es que las reformas concentren más poder en la figura del presidente y terminen desdibujando el proceso “revolucionario” iniciado en 2007 y que no parece haber significado un cambio en las estructuras de poder clásicas de Ecuador.

El seguimiento a los acontecimientos de Ecuador es clave a partir de ahora. Correa sale reforzado después de superar el altercado de septiembre de 2010, cuando un grupo de policías consiguió retener a Correa durante horas en lo que ha sido calificado por el Ejecutivo como un intento de golpe de Estado.

 

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