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Columnas de opinión Con los pies en esta tierra

El oro o la vida I

miércoles 14 de diciembre de 2011 Jenifer Rodríguez no opina de oídas. Está en Cajamarca, epicentro de la lucha antiminera que ha desencadenado el megaproyecto minero Conga, de la empresa Yanacocha, controlada por la trasnacional estadounidense Newmont. ¿Qué se juega en esta lucha desigual entre el oro y la vida?

Foto: Anne Berhnard

Foto: Anne Berhnard

Por Jenifer Rodríguez García

En un mundo accidentalmente, o mejor dicho occidentalmente perverso, resultaría fácil aceptar una propuesta minera atractiva, de esas en que te prometen todo y todo te dan, buzos para las y los niños, construcción de escuelas con el simbolito de la empresa minera, puestos de trabajo bien remunerados para los hombres de la comunidad... ninguna salida más para las mujeres... Es lo que me viene a la mente cada vez que pienso en La Oroya, la tercera ciudad más contaminada del planeta, y la primera de Latinoamérica...

Efectivamente, la población optó por ello en su día, probablemente tuvieran trabajo, una escuela construida, pero además se regaló un alto índice de plomo y mercurio, entre otras sustancias, que se introdujo prácticamente de por vida en la sangre de sus habitantes, incluso de las mujeres embarazadas.

Los años de riqueza, prosperidad y supuesto desarrollo quedaron en nada cuando la empresa Doe Run suspendió sus operaciones hace casi dos años, por aquel entonces más del 70% de los trabajadores abandonó la zona en busca de otra vida, una vida que les fue robada, pero a la que les han acostumbrado terminalmente...

En aquel entonces fue el mercurio en La Oroya, en el Departamento de Junín. Pude comprobarlo hace dos años. Hoy no estoy tan cerca como quisiera del conflicto que ha generado el proyecto minero ‘Conga’, un proyecto de ‘desarrollo’ que pretende trasladar las cabeceras de cuenca de algunas de las lagunas más bellas de Cajamarca a embalses de aguas artificiales. La razón, debajo de ellas, aguarda el oro. Qué paradoja la nuestra ¿no? Los españoles en su día venían a llevarse el oro que había en estas tierras, para que más tarde fueran saqueados por los ingleses. Hoy las trasnacionales, con ayuda de los gobiernos, con falsas promesas de desarrollo, engaños y trabajos que manipulan a sus gentes, imponen sus normas para arrancarle a las comunidades y a las lagunas algo que para ellos guarda un valor más ancestral que económico.
Segunda paradoja: ¿por qué Cajamarca -donde algo más del 40% del territorio está concesionado a la minería- sigue siendo uno de los departamentos más pobres del Perú, donde más desnutrición, analfabetismo y muertes maternas existen? 

Las mujeres y hombres de Cajamarca, y más en concreto de Celendín, tienen la respuesta. Dicen que “Conga No Va”, y con honor aseguran que prefieren seguir siendo pobres antes que perder su agua, sus montañas y la vida.

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