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Columnas de opinión Paraguay

Justicia para los pueblos indígenas

lunes 07 de octubre de 2013 Indignación, impotencia, desesperación, tristeza… las palabras no alcanzan cuando el crimen es vejatorio e infame. No se puede entender qué interés económico o político se apoderaron de Rubén Quesnel y de sus cómplices para que decidieran robar a las personas más pobres y olvidadas de este país.

Por Corina Leguizamón Mendoza

Existen varias leyes nacionales y tratados internacionales acerca de los derechos de los pueblos indígenas. Entre ellos la Carta Magna, que garantiza específicamente derechos de los Pueblos Indígenas que habitan el territorio nacional, basados en la autodeterminación, la participación y todos los demás derechos incluidos en la misma. La Ley 904 que establece el estatuto de las comunidades indígenas y crea el Instituto Paraguayo del Indígena. El Convenio 169 de la OIT ratificado por Ley 234/93 y el Convenio Internacional de la diversidad biológica, también ratificado por Ley  253/93. Es decir, los Pueblos Indígenas cuentan con un marco jurídico que obliga al Estado paraguayo a proteger y garantizar sus derechos fundamentales.

Por si no bastara ello, existen tres condenas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al Estado paraguayo correspondientes a juicios por violación de los derechos fundamentales de las comunidades Sawhoyamaxa, Yakye Axa y Xákmok Kasek, así como una solución amistosa en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.  Sin embargo, estas sentencias siguen sin ser cumplidas y la Constitución ni que hablar.

Peor aún, las 112 mil personas indígenas de los veinte Pueblos siguen olvidadas y casi ausentes de las políticas de Estado. El INDI, la institución rectora que debe proteger a los indígenas, no solo es pobre de presupuesto, sino que además el trabajo de la mayoría de sus funcionarios se basó hasta hace poco tiempo en el asistencialismo, el desconocimiento y la discriminación (salvo el breve periodo, entre agosto de 2008 y junio de 2012, cuanto se intentó que la institución cumpliera su deber). El INDI promovió el clientelismo y manipuló permanentemente la restitución de las tierras indígenas por más de sesenta años, no lo podemos olvidar.  ¿Resarcimiento y justicia? Solo fue condenado uno de sus ex presidentes (Valentín Gamarra) por robar lo más sagrado que tienen los Pueblos Indígenas, sus tierras, sus territorios.

Y al cumplirse los sesenta años, irrumpen los últimos 12 meses más dramáticos, en los que se ha arremetido de la forma más abominable y execrable contra los Pueblos Indígenas. Esos últimos 12 meses tienen un responsable y varios cómplices políticos (algunos de ellos otrora defensores de la democracia y de los derechos humanos) de guantes blancos que andan por la vida sin cargo de conciencia alguno. Ese responsable es Rubén Darío Quesnel, ex presidente del INDI, ahora procesado y detenido por haber vendido 25 mil hectáreas del territorio ayoreo y  por el vaciamiento de los fondos de desarrollo que debían ser destinados a las comunidades indígenas de Sawhoyamaxa y Yakye Axa.

Indignación, impotencia, desesperación, tristeza… las palabras no alcanzan cuando el crimen es vejatorio e infame. No se puede entender qué interés económico o político, qué tipo de ambición desmedida pudieron ser las que se apoderaron de Rubén Quesnel y de sus cómplices para que decidiera dolosamente robar a las personas más pobres y olvidadas de este país. Y provocarnos tamaño dolor y vergüenza. Vergüenza ante los Pueblos Indígenas a quienes tanto, tanto les debemos, por ignorarlos, por discriminarlos diariamente, por olvidarlos, por pisotearlos.

No bastó con que en tiempos de dictadura los trataran como animales, y que el Pueblo Aché haya sido víctima del casi exterminio de su población (es lo poco que conozco de la vasta pero no menos dolorosa historia). También en democracia los expulsaron y despojaron de sus territorios a los Aché, Mbya, Ava, Nivaclé, Enxet. No creo que un solo Pueblo se haya salvado de este crimen. Pero no, no bastó esta masacre, ahora tenemos que hacernos cargo de un horror más, ante Cuyabia, Sawhoyamaxa y Yakye Axa.

Muchas más son las heridas provocadas en ellos, que se sucedieron y se suceden día a día, año a año, siglo a siglo, sin que como sociedad seamos capaces de poner un punto final a esto. Si hay dolor en la gente solidaria con los Pueblos Indígenas, no quiero imaginar el dolor que sienten ellos al ver cómo intentan arremeter contra su dignidad.

En el poco tiempo que me tocó trabajar en el INDI, hasta que llegó Rubén Quesnel para saquear la institución, pude ver una enorme dignidad y nobleza en ellos, así como tenacidad para defender y recuperar lo que por derecho les corresponde. Con entereza única, vi al costado de la ruta IV a la comunidad Sawhoyamaxa y Yakye Axa esperar incansablemente que el Estado cumpla las sentencias. No voy a olvidar jamás a los niños y niñas jugando sonrientes, a las mujeres y hombres que allí conocí. Aprendí de ellos, que la lucha con alegría, esperanza y respeto jamás se puede dejar, porque la dignidad pueden pisotearla, pero jamás arrebatarla… eso lo aprendí con ellos.

Hay una pequeña luz en el camino, y es que la justicia efectivamente pueda hacer justicia. Ya hay una orden de captura, ya está procesado Quesnel, quien efectivamente debe ir a la cárcel y devolver lo robado. Adónde fueron a parar los recursos, quiénes son los cómplices (yo al menos lo tengo muy claro). Eso tampoco lo podemos olvidar, al menos no debemos!

Mientras, será importante que la nueva administración del INDI diga basta al saqueo. En tanto, el Ministerio Público y el Poder Judicial deberán ¡hacer justicia para los pueblos indígenas! Es todo lo que pedimos, es lo mínimo que ellos y ellas, mujeres y varones, niñas, niños, adolescentes, adultos y adultas mayores indígenas se merecen, lo mínimo.  

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