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Columnas de opinión Un indio en Las Indias

La ayuda asesina de la ONU en Haití

viernes 13 de mayo de 2011 Las Naciones Unidas nunca tienen la culpa de nada. Aunque la tengan. El informe de la comisión independiente confirma que la cepa del cólera que arrasó en Haití provenía de los Cascos Azules. Nadie ha pedido perdón. Nadie lo va a pedir.

Por Alberto Muñoz

La ayuda de Naciones Unidas asesina a 5.000 Haitianos por cólera pero poco importa porque son negros y pobres. De paso se victimiza a la víctima y se le recomienda cómo no contraer estos brotes en el futuro. Nunca se pide perdón, pero éste es un claro caso de homicidio no intencional. El perdón se hace más imposible si tenemos en cuenta que el perpetrador es la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Al contrario, la reacción de Ban Ki-moon es formar un nuevo “grupo de trabajo” de burócratas internacionales con jugosos honorarios para capacitar a los locales en la prevención. La mejor prevención es que la ONU se vaya de Haití.

El 4 de mayo del 2011 se publicaron las recomendaciones hechas por el Panel de Expertos Independientes que estudió el brote de cólera en Haití. Aquí puede leer el Informe Final, que lamentablemente no hemos encontrado en español.

Para resumir, la situación es ésta: 10 meses después del terremoto de Haití ( enero de 2010) aparece un brote de cólera que supone la muerte de 4.500 seres humanos y el contagio de otros 300.000. La población acusa de este brote a los soldados del MINUSTAH (Misión Oficial de las Naciones Unidas), pues es en la región donde está su base y alrededor de la cuenca del río Artibonite, que pasa por la base, donde se desarrolla la epidemia. A tal punto que la población ataca transportes de Naciones Unidas y sus soldados responden con munición y asesinan a dos o tres haitianos.

Se forma entonces una ‘comisión independiente’ para determinar la causa de la epidemia. Este informe se presenta el pasado 4 de mayo del 2011 y es al que nos referiremos.

En típico lenguaje internacional, no se encuentra ningún culpable directo. Pero la sección del análisis genético de la cepa que causó la epidemia es extraordinario. La sección se titula Vibrio Cholerae classification. Ahí sí se llega a la conclusión de que el código genético de la bacteria de Haití es un clon de una misma bacteria de Nepal; que el cólera de Haití no está genéticamente relacionado con cepas del Caribe y que por lo tanto es imposible que esta epidemia tenga su origen en Haití o El Caribe; que la cepa fue traída por algún extranjero, no se sabe quién, desde Nepal.

Da la casualidad que sobre este mismo río hay una base de MINUSTAH de soldados nepaleses y que su sistema de tanque séptico no se controlaba y estaba en mal estado; además de que el mantenimiento lo daba un contratista local, a quien los lugareños acusan de depositar las heces de las Naciones Unidad directamente en el río Meye, que es un tributario del Artibonite, el mismo que la población usa para tomar su agua y lavar su ropa. Se debe advertir que la misión no encontró ningún reporte de diarrea dentro de la base de MINUSTAH, por los días que comienza la epidemia.

¿Será que ahora hay un flujo regular de nepalíes hasta las más remotas aéreas de Haití en pleno post terremoto? Por aquí, en Las Indias decimos: “Blanco es, gallina lo pone y frito se come. ¿Quién es?...” Un nepalés de MINUSTAH.

Lo increíble es que nadie ha protestado ante las Naciones Unidas, nadie ha pedido disculpas, nadie ha indemnizado -y NUNCA lo harán- a las víctimas (4.500 familias que deben sumar, al menos, 20.000 personas). No lo harán porque son negros y pobres. Los pusilánimes autores del informe tampoco acusan a MINUSTAH. El pusilánime Ban propone un grupo de trabajo. Solo he leído en una noticia publicada por el Ministerio de Defensa de la Republica Oriental del Uruguay, una crítica velada a las Naciones Unidas. Simplemente señala en su cabezote: “Contundente informe de ONU señala que epidemia de cólera en Haití provino desde fuera del país”, sin atreverse a señalar que los únicos “de fuera del país” en el área de la epidemia eran los soldados de Naciones Unidas. No… ¡qué miedo decirlo!

Concluye así otro caso de ayuda humanitaria, o mejor -como escribe Bricmont- de Imperialismo Humanitario, donde las víctimas son las culpables por no tener un buen sistema de acueductos, alcantarillados y hospitales e inmunización. Es ‘imposible’ que la epidemia sea causada por las mismas Naciones Unidas y sus deficientes sistemas de control de heces o sus subcontrataciones con elementos locales para disminuir costos. Las Naciones Unidas nunca son culpables.

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