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Columnas de opinión Cali y la Alianza del Pacífico

La ciudad como 'vitrina', la estrategia del imperialismo simbólico

jueves 23 de mayo de 2013 Entre el 22 y el 24 de mayo se está celebrado en Cali la VII cumbre de la autodenominada Alianza del Pacífico. México, Chile, Perú y Colombia se muestran al planeta para su compra y los ciudadanos asisten perplejos a la militarización que trae calma a los invitados. El imperialismo simbólico hace tiempo que actúa en la ciudad colombiana.

La ciudad de Cali está 'blindada' ante la visita de tan 'nobles' mandatarios.

La ciudad de Cali está 'blindada' ante la visita de tan 'nobles' mandatarios.

Por Hernando Uribe Castro

Santiago de Cali se ha venido construyendo en el contexto dominado por el modelo neoliberal capitalista, donde su función es convertirse en un sumidero para la inversión y la reproducción de los excedentes de capital. Para llevar a cabo esta tarea, la estrategia es hacer de ella un importante centro urbano de negocios, atractiva para cautivar a viajeros, grupos de inversionistas y monopolios globales. En esta ciudad, el gobierno local desempeña una tarea importante como la de “buen negociador y administrador”. El geógrafo David Harvey había sentenciado que “los gobiernos locales se han visto obligados en diverso grado a asumir iniciativas más propias de empresas privadas –en particular, por lo que toca a la creación de un entorno favorable para el capital privado a costa, si es necesario, de la población urbana–, un proceso que fomenta la competencia entre las regiones metropolitanas.”

Por tanto, entre las fuerzas de la economía global (grupos económicos y financieros multinacionales) y la ciudad se encuentra el gobierno, liderado, regularmente por el Presidente de la República y el Alcalde de la ciudad. El escenario urbano se convierte, entonces, en una mezcla entre mercancía, marca y vitrina. En este juego, el gobierno, los grupos financieros y los inversionistas, utilizan los medios masivos de comunicación como herramientas ideológicas de difusión, mediante los cuales, hacen uso de un conjunto de términos como “mundialización”, “desarrollo” o “progreso” para convencer y a la vez dominar. Bourdieu expresaría que estamos ante una forma de imperialismo simbólico guiado por estos grupos globales, los gobiernos y los productores culturales para profundizar y hacer rentable las inversiones, a la vez que “desactivan el compromiso económico del Estado”. Unir presidentes en una ciudad bajo el lema de la necesidad de integración ante los retos de la “mundialización”, no es otra cosa que disfrazar de unidad los efectos del neoliberalismo desbastador en las particularidades de cada país.

Así, se celebran de modo frecuente encuentros hemisféricos o internacionales promovidos desde las empresas globales y los gobiernos. Efectivamente, el más reciente se presenció entre el 22 y el 24 de mayo de 2013 en Cali, sede de la VII Cumbre de la Alianza Pacífico. El gobierno colombiano calificó esta cumbre como el proceso de integración “más importante que ha tenido América Latina en toda su historia”, con la que se busca construir un área de integración profunda para avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, así como impulsar un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías de los países que la integran: “asimismo, la Alianza Pacífico busca convertirse en una plataforma de integración económica y comercial, y de proyección al mundo, con especial énfasis en el Asia Pacífico. Como bloque económico, Colombia, Chile, México y Perú suman una población superior a los 210 millones de habitantes–cerca del 35 por ciento del total de América Latina y el Caribe–, con un Producto Interno Bruto por habitante cercano a los USD 13 mil”.

Para este evento, autoridades locales y fuerzas del orden, ejecutaron la militarización de toda la ciudad, así como el control y vigilancia de cada centímetro y de cada ciudadano. Incluso, la Universidad del Valle, principal Centro de Educación Superior de la Región, decretó cierre durante toda la semana. Los resultados de todo esto es congestión vehicular en las principales avenidas, retenes de policía, vigilancia por aire, suelo y subsuelo. Una comunidad inconforme y unos estudiantes universitarios que se sienten maltratados y estigmatizados.

La ciudad fue extraña para sus habitantes, se maquilló, se perfumó y se puso lista para recibir a los mandatarios y empresarios. En esta ciudad, que precisamente acababa de inaugurar el túnel urbano más largo en Colombia, cada individuo se convirtió en sospechoso, en un potencial delincuente que no puede transitar con tranquilidad por la urbe. Donde la comunidad estudiantil de la universidad pública se mandó a vacaciones y las personas en situación de indigencia y en situación de calle, desaparecieron por arte de magia. ¿Es esto democrático?

Como lo he expresado anteriormente, si los gobiernos son elegidos por voto popular es porque deben representar y responder al conjunto de necesidades de su comunidad, más que ser un gobierno interesado en favorecer las buenas relaciones y los negocios con las fuerzas del capital privado. ¿Es posible hallar formas para poder responder al desafío de lograr un gobierno local más interesado por el bienestar de sus ciudadanos en estas ciudades neoliberales? ¿Podría hacer algo los movimientos sociales y la sociedad civil? ¿Qué tipo de desarrollo tienen en mente estos agentes de los gobiernos locales?

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