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Columnas de opinión Honduras

¿Cuál es el legado del golpe de Estado?

lunes 01 de octubre de 2012 La élite político militar de Honduras, con el golpe de Estado de junio de 2009, fecundó sin quererlo su antídoto: la resistencia sociopolítica que venció el miedo. La gestión de miedos y deseos como política de gobierno parece que ya no funciona en el país.

Por Ollantay Itzammá

“Si le hubieran dejado realizar la consulta popular sobre la Cuarta Urna a Manuel Zelaya Rosales, en Honduras nada hubiera cambiado, ni tampoco tendríamos el Frente Nacional de Resistencia Popular”, comenta María Luisa, una hondureña en resistencia que sobrevivió a la aniquilación selectiva de los ochenta y al golpe de Estado de 2009. “Sin pensarlo, los golpista, nos dejaron el mayor regalo en el historia del país: perdimos el miedo”, continuó evaluando Ella.

Este análisis elemental, pero de contenido significativo, expresa el sentir colectivo de la aún inédita resistencia popular, ahora, en plena campaña electoral para disputarle el gobierno a la bicentenaria oligarquía de Honduras.

Sí, la élite político militar, en junio del 2009, fecundó sin quererlo su antídoto: la resistencia sociopolítica hondureña que venció el miedo. La gestión de miedos y deseos como política de gobierno parece que ya no funciona en Honduras.

Un pueblo asustado, es un pueblo sumiso. Un pueblo sumiso, es un pueblo crédulo. Un pueblo crédulo, es un pueblo ignorante. Y un pueblo ignorante, es un pueblo dominado. Por eso Simón Bolívar decía: “No nos dominarán por la fuerza, sino por la ignorancia”.

En la medida en que nos alejamos de la “feliz culpa” del 29 de junio del 2009, pareciera que todo vuelve a la normalidad en Honduras. Y no es así. Honduras ya no es lo que normalmente era. Los instrumentos de dominación que utilizó, y aún utiliza, la élite rústica que desgobierna Honduras ya no consiguen los efectos que normalmente producía antes en la gente.

Adoctrinamiento religioso. Las iglesias y sus prédicas sobre castigos divinos (por desobediencia a la autoridad), ahora, se encuentran en entredicho en una población en resistencia. La gente va aún a las misas y cultos, pero ya no con la fe de encontrar a Dios en la prédica del pastor o del cura, sino por tradición y en busca de refugio. Mucha gente despertó y dejó las iglesias gracias al golpe de Estado mal calibrado.

Bipartidismo. Es difícil encontrar un hondureño/a que no sea liberal o nacional. Aquí, la pertenencia a uno de estos dos partidos no es ideológico, sino cultural. Si el abuelo fue liberal, los nietos por tradición tenían que ser liberales. Y lo más curioso es que fueron las mismas familias quienes, a finales del siglo XIX e inicios del XX, fundaron ambos partidos para hacer de Honduras el país más crédulo y atrasado del continente. Este instrumento de dominación también se diluye ahora que el Frente Nacional creó su propio instrumento político denominado Libertad y Refundación, y está decidido a ser gobierno el 2014.

Sistema educativo basado en creencias. Como en ciencia ficción, en pleno siglo XXI, en las escuelas y universidades se enseñan y evalúan de memoria pasajes bíblicos, catecismos e himnos patrios cuyas letras los estudiantes no entienden. Cada dos años, las y los políticos tradicionales revisten de desechables gorras y camisetas de sus colores a estudiantes descalzos. Para el sistema educativo, estudiante que piensa y cuestiona a la “autoridad” es censurado como indisciplinado y “pandillero”. Estudiante que lee la Biblia y aprende de memoria la lección, es premiado y aplaudido como un arquetipo de “buen hondureño”. Pero, gracias al golpe de Estado las organizaciones magisteriales se constituyen en una de las organizaciones más beligerantes del Frente Nacional de Resistencia.

Uniforme militar. Mediante el servicio militar obligatorio (derogado en 1994) se intentó afianzar en el cuerpo y el espíritu hondureño la subordinación a los intereses de la “Patria” (de los patrones). Un pueblo asustado (con la doctrina del infierno) y atrofiado mentalmente (con las creencias impartidas en las escuelas y universidades) no fue difícil configurar su espíritu a la adhesión siega y el “respeto” a las “gloriosas fuerzas armadas” patronales. Pero, este temor también se diluyó gracias al golpe, a los narco oficiales y la corrupción que convirtió a la policía nacional en la organización del crimen organizado más grande Honduras. Ahora, la gente que hace tres años atrás guardaba compostura y silencio ante los uniformados, les grita: “¡Nos tienen miedo porque no tenemos miedo!”.

Cerco mediático. El quinto instrumento de dominación estratégicamente montado por los mercaderes del miedo y del terror fue y son los medios de (des) información masiva. Las mismas familias que contralan a las iglesias, universidades privadas, partidos políticos y al comando de oficiales de las FFAA, son dueñas de las empresas, bancos y cadenas comerciales más grandes del país. Este instrumento, por su capacidad de configurar la conducta y el pensamiento de su audiencia, se constituye en la herramienta más eficaz. No sólo para adormecer al crédulo y asustado pueblo, sino para cercenar la credibilidad de sus profetas y líderes mediante la criminalización mediática. Mientras las iglesias inoculan la “ilusión” del reino de Dios en el cielo y la indiferencia en la tierra, los medios masivos de (des) información les inyectan hasta el tuétano la ilusión del sueño norteamericano, tan cerca geográficamente, pero tan lejos e imposible en los hechos. Pero, también gracias al golpe de Estado, las paredes, las canciones, las poesías, las camisetas y banderas se constituyen en los medios predilectos de la resistencia que desafían el cerco y la dictadura mediática.

Industria del sicariato. Como las biblias, los rifles, los colores del bipartidismo, ni la televisión ya no pueden “normalizar” a hondureños/as en resistencia, entonces, la élite política activa la industria del sicariato para inyectar una sobredosis de miedo a las y los insubordinados. Asesinaron ya a 13 defensores/as de derechos  humanos (una de las víctimas rebeló el nombre de su asesino antes de morir), más de 30 comunicadores/as y periodistas, cerca de 300 activistas de la resistencia. Pero los asesinos andan sueltos y prepotentes. Cada 75 minutos se asesina a bala a un hondureño/a, sin que se investigue a los culpables.

Estas tenazas de dominación actuaron sigilosamente durante el período republicano. Sólo en circunstancias de crispación, como en el golpe de Estado, actuaron abiertamente. En aquel entonces, primero ejecutaron la acción criminal la élite política (liberal y nacional) y la cúpula militar. Inmediatamente las cadenas de medios masivos levantaron un cerco mediático para criminalizar al gobierno golpeado y a la resistencia. Luego la jerarquía católica y evangélica desfiló hacia sus púlpitos para bendecir y declarar “héroes” a los golpistas, con una cobertura mediática jamás antes vista. Mientras, selectivamente se asesinaban a activistas de la resistencia.

Así, intentan escarmentar y re adormecer a este pueblo que involuntariamente despertaron con el golpe de Estado hace tres años atrás. Pero, todo hace ver que incluso esta última truculenta herramienta que ataca directamente al cuerpo de las y los insubordinados, lejos  de conseguir su objetivo, está fortaleciendo a la resistencia hondureña, cuyos integrantes conscientes siguen dispuestos a entregar incluso sus vidas por la libertad y la refundación de Honduras. Toda esta reconfiguración mental y sociopolítica que vive Honduras no se hubiera logrado sólo con la consulta popular de la Cuarta Urna del 2009.

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