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Columnas de opinión Desde el Botxo

Los Puravida, o de como reírse de las penurias para masticarlas mejor

martes 17 de enero de 2012 Cómo miramos lo propio al regresar de la distancia... cómo analizamos nuestra forma de reaccionar ante la realidad. Costa Rica duerme a la sombra de imaginarios turísticos y cuasi idílicos. Xótchil Méndez viaja por su país para retratar las paradojas de la tierra de los Puravida.

Por Xótchil Méndez D.

"Como decimos los ticos, tenemos vida de perros pero la vivimos Pura Vida". Así nos dice un joven de piel morena y el cabello rubio por el sol y la sal, mientras baja cocos en la playa Malpaís, en Puntarenas (Costa Rica). Luego se baja, recoge su cosecha de cocos y se va silbando hacia la parte más visitada de la playa.

El origen del nombre Malpaís lo desconozco, pero lo cierto es que la playa y el ambiente no guardan ninguna relación con el nombre. Tal vez sea el camino tortuoso y carente de pavimentación para llegar a esta playa paradisíaca y frecuentada por surferos, turistas estadounidenses y europeos. O, tal vez, Malpaís sea el nombre adecuado para el pueblo original de pescadores que subsiste detrás de capas de tiendas de surf, hoteles de diverso tamaño, restaurantes italianos y agencias de viajes.

La imagen de Costa Rica como una isla llena de playas, bosques y tablas de surf es una de las más vendidas y recordadas en el exterior. Pero Costa Rica no es una isla y tiene más que playas y bosques. Es un país pequeño, destacado entre sus hermanos centroamericanos por no tener ejército y contar con una economía más saludable.

Los costarricenses, o ticos, no recibieron 2012 con 12 uvas y cotillones, tampoco con la angustia galopante de una crisis económica. El año inició en este país con sus tradicionales fiestas en la capital, San José: algodón de azúcar, corridas de toros, cerveza y juegos mecánicos. Con el disgusto por el desempeño del gobierno actual, con un mal gesto al plan fiscal propuesto y el desembarco intrigante de José Figueres Olsen, expresidente e hijo del José Figueres que con un golpe de mazo abolió el ejército en 1949 (así lo reza el muro del antiguo Cuartel Bellavista, ahora el Museo Nacional).

En el ferry que une Puntarenas con Paquera, las gaviotas se atreven a volar muy cerca del barco con el conocimiento de nuestra debilidad por dar comida a los animales silvestres. Su presencia causa revuelo entre los pasajeros, las madres acercan a sus hijos a los costados del ferry para que observen con fascinación el espectáculo de las aves (la que les escribe también actuó con alegría infantil). Al momento, los adultos sacan cámaras y smartphones para grabar el acontecimiento. Observando un poco más, veo iPhones, tablets y todo tipo de aparatos tecnológicos.

La reciente apertura del monopolio de las telecomunicaciones es recibida con curiosidad por los ticos. En las carreteras se pueden ver ya los anuncios de Movistar, Claro, Tuyo y Kölbi (el operador estatal). En el Paseo de los Turistas de Puntarenas desfila una especie de carroza publicitaria de Movistar que incluye unas chicas bailando algún reggaeton en apretadas prendas. Adaptación al mercado, diríamos.

Una juventud con una educación universitaria como máximo y un bachillerato de secundaria como mínimo es la ávida compradora y usuaria de los smartphones y la víctima de adicción por tener Internet en todas partes. En estos jóvenes sigue existiendo un sabor a frustración, en muchos casos, al momento de insertarse en el mercado laboral con un título universitario pero sin grandes esperanzas de ejercerlo.

En uno de los periódicos de mayor circulación del país se pueden leer en páginas de ofertas de trabajo:  "Seeking for a job? Join us! Sales agents, telephone operators, now hiring!".  Saber hablar bien inglés sigue siendo una tabla de salvación para los nuevos profesionales. Los call centers afincados en el país necesitan gente con una preparación profesional media, pero sobre todo; con un excelente nivel de inglés.

Aunque no es Estados Unidos antes de la crisis, en donde dicen las lenguas de los juglares que florecían empleos por doquier, en Costa Rica el empleo no es el problema más agudo de su economía. Su tasa de paro alcanzó el 7,7% en 2011. No compararemos cifras con España, porque ya las tenemos muy presentes.

Sin embargo, Costa Rica tiene un costo de vida más alto que sus vecinos. Basta con preguntar a cualquier transeúnte de la Avenida Central de San José; le dirá que la vida está muy cara y que los salarios no suben a tono con la inflación, que sigue siendo necesario llevar una clase de cómo evitar huecos cuando se aprende a manejar, que es imposible conducir sin atascos a toda hora y que nunca lleve su nuevo teléfono de última tecnología por la calle tal cual porque la inseguridad es considerable.

Pero luego se despedirá de usted con una sonrisa, algún chiste analgésico (los ticos se ríen de las penurias para poder masticarlas), y le dirá: "Pura vida, ¡Con mucho gusto!".  Porque en Tiquicia una sonrisa nunca puede faltar.

 

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