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Marías sin Josés

martes 03 de enero de 2012 ¿Qué significa la iconografía navideña católica? María Galindo desmonta la simbología patriarcal del pesebre navideño y del modelo de familia que el catolicismo propone e impone. La crisis del hombre proveedor es total y el mundo está lleno de Marías madres sin hombres que articulan 'otras' familias, culpabilizadas e invisibilizadas.

Por María Galindo

El pesebre navideño es el icono de la familia que sacraliza la familia nuclear patriarcal, que pone como centro al padre protector, que sacraliza al niño varón y que coloca a la madre virtuosa como aquella que acepta con resignación y obediencia su destino. Es una pesada síntesis de mandatos de sumisión, de imágenes falsas de la familia que no hacen otra cosa que herir los sentimientos de cientos de miles de niños y niñas, cuyos padres son ausentes. 

La imagen de la sagrada familia no hace otra cosa que poner en línea de disfuncionalidad a cientos de miles de familias que no encajan dentro de esos rígidos cánones patriarcales. 

Familias donde la abuela resulta ser el centro, donde la madre es la proveedora y la protectora pero que tiene que lidiar con la figura del padre ausente cuando sale de vacaciones con sus wawas* y tiene que pedirle que firme el consentimiento a un hombre que no sabe exactamente ni siquiera el día de cumpleaños de las niñas. Una madre que tiene que lidiar con la figura del padre ausente en el colegio y aceptar se etiquete a sus wawas como niños y niñas habitantes de una familia disfuncional simplemente por el hecho de que ella está divorciada.

Si hay algo que ha cambiado es precisamente la familia y si hay un escenario donde se puede testear la profunda crisis masculina de la sociedad contemporánea es también precisamente la familia. 

Cientos de miles de mujeres hermanas, tías, madres y abuelas están intentando con mucho éxito llevar adelante familias matriarcales fundadas en formas de colaboración entre mujeres, cuyos horarios de vida, trabajo y ocio se distribuyen a base de los sueños y ocupaciones de estas mujeres. 

Familias de las que él se ha largado o es un simple invitado eventual. Familias que no sucumben ante la ausencia del padre, familias que no sucumben ante la ausencia del aporte económico del padre, familias que están llenas de afecto y en las cuales el afecto del padre no existe. Familias de mujeres que por negarse a aceptar más humillación y más violencia han logrado romper con el marido patrón y han fundado formas de vida y colaboración con sus niñas y niños.

Estamos hablando de Marías madres sin Josés, donde José está ausente porque no tiene la madurez afectiva de asumir una familia y todas sus complejidades. 

Marías sin Josés, donde José está ausente porque en realidad la responsabilidad familiar le quedo grande y optó por evadir sus responsabilidades. Marías sin Josés, donde José ha sido con mucho esfuerzo expulsado por violento, machista y celoso, y tanto niños, niñas y esposa viven más tranquilas desde que él se fue. Marías sin Josés, porque José está fundando una segunda, tercera o cuarta familia, de la cual en breve se largará buscando un pretexto cualquiera. 

Conste que no estamos hablando de la excepción, sino que estamos hablando de un fenómeno social gigante en el número, que atraviesa todos los sectores sociales pero que se invisibiliza y se sigue culpabilizando. Culpabilizando a la madre por la ausencia del padre. 

Invisibilizando y no asumiendo la crisis masculina del padre proveedor y protector. Un fenómeno social gigante negado por una sociedad machista hipócrita que siempre justificará al hombre en todo lo que haga y que seguirá insistiendo en el símbolo de la sagrada familia nuclear patriarcal con el padre como el centro. Con el padre como el que es el único capaz de dar dignidad, apellido y sentido de valor social a una familia. Imagino pues a través de estas reflexiones un pesebre donde María está dando a luz una niña y no un niño, que está acompañada por una amiga íntima que ha llevado para el evento la ropita que la niña necesitara. Imagino que su madre, es decir la abuela de la niña que nace, le sostiene la mano a María mientras sufre los dolores del parto.

Imagino que afuera están no los pastores, sino una pléyade de amigas y primas, las amigas del colegio, las amigas del trabajo y las amigas del barrio que le han llevado a María no mirra, ni oro, sino regalos bien útiles para ella y para la niña que acaba de nacer. Una niña que esta naciendo sin padre que la reciba. 

Una niña que nace no para redención del mundo, sino para ser feliz, para desear, decidir y vivir en libertad, tal cual su madre una María sin José se lo enseñara.

*wawa: niño o niña en aymara

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