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Columnas de opinión Colombia

¡No nos callarán!

miércoles 10 de diciembre de 2014 Ante la avalancha de amenazas a periodistas y medios de comunicación independientes en Colombia, el autor señala la grave situación de los derechos humanos en el país.

Por Erik Arellana Bautista

Al contrario de mejorar la vigencia de los derechos humanos en Colombia y en Latinoamérica se agrava día a día. Las exigencias frente a los Gobiernos han sido convertidas en una sumatoria infinita de violaciones sistemáticas a la vida, de agresiones y vulneraciones a la dignidad humana, donde los nombres se esfuman pues ni un memorioso lograría repetir consecuentemente todos aquellos delitos que engrosan la larga lista de la tragedia cotidiana.

La persecución a quienes defienden la vida y los derechos humanos, extendida a los comunicadores que se comprometen con las justas causas sociales ha dejado una estela de experiencias para narrar en el presente y en el fututo. 172 periodistas asesinados en Colombia desde 1977, en muchos de los casos las investigaciones han prescrito o están a punto de serlo según lo informa la FLIP, (Fundación para la Libertad de Prensa). En pocos casos se ha superado la frontera de la impunidad, como el de la periodista Jineth Bedoya por Violencia sexual al ser lograr ser declarado crimen de Lesa Humanidad, o el caso de la periodista Claudia Julieta Duque donde se logró demostrar la violencia psíquica a la que fue sometida por agentes del disuelto DAS (Departamento de Seguridad del Estado).

Ahora no hay un punto final, todo está por hacerse, los crímenes de hace 30 años siguen vigentes pues no se ha hecho justicia sobre sus responsables y muchos siguen gozando de beneficios, solo hay que ver a los involucrados en las ejecuciones extrajudiciales de más de 3.842 jóvenes presentados erradamente como subversivos dados de baja en combate y que serán ascendidos por las Fuerzas Militares y el Congreso colombiano, a pesar de las denuncias e investigaciones que hay sobre ellos.

En cuanto a los más recientes, muchos ni siquiera están siendo denunciados o investigados pues entran en la cola de un sistema inoperante, casi inerte por quienes “administran la justicia”. Por ello se burlan y ostentan su poder los criminales y se pasean por todas las esferas del Gobierno y de las instituciones que regulan los poderes del Estado, que a su vez se muestra como la pobre víctima, que no tiene la fuerza, ni los recursos suficientes para proteger a sus ciudadanos, cuando en realidad es una promotora de las aberraciones que sus Fuerzas Militares y sus funcionarios ostentan.

No es gratuito que el fuero penal militar esté a punto de ser aprobado en el Congreso, beneficiando a asesinos para ser “investigados por sus compañeros”. Y que la Policía haya sido considerada la institución más corrupta de Colombia. Que los paramilitares en la cárcel contaran (confirmación de lo que ha negado el Estado de manera sistemática) como fueron entrenados, protegidos y promovidos por esas mismas fuerzas militares ypoliciciales.  

En las últimas semanas las amenazas contra la vida de 16 periodistas y 13 medios independientes se suman a las amenazas recibidas por los defensores de derechos humanos que son más de 180.

En el mes de agosto de 2014, la vivienda del periodista Javier Osuna fue vulnerada y su información fue robada, este periodista obtuvo el premio Simón Bolívar en 2009, por su trabajo en la investigación sobre casos de periodistas asesinados por paramilitares. Javier Osuna se encontraba realizando un libro en homenaje a las víctimas que desaparecieron los paramilitares en los hornos crematorios en el departamento de Santander. Al regresar de un viaje a la ciudad de Cúcuta donde recogió testimonios, “algunas personas” ingresaron a su apartamento y según nos contó “ quemaron mis computadores, el computador de escritorio y el portátil, le echaron fuego a eso y como a las notas y a las cosas que yo tenía en el escritorio”. La historia coincide con una experiencia anterior de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos- Asfaddes, quienes en el 2010 después de una visita a la misma zona y al regresar a Bogotá con la información fueron víctimas de un robo de su cámara de video y de los casetes que contenían los testimonios de las víctimas.  

Son tres periodistas que están escribiendo sobre el tema del paramilitarismo en Santander que están amenazados y quienes son los que se han atrevido a denunciar el tema de los hornos crematorios en la zona. Uno de ellos es Jhon Jairo Jácome, quien tiene un esquema de seguridad fuerte por parte de la Unidad de Protección y los otros dos son Redinson Daniel Sepúlveda y Javier Osuna que tienen esquemas extraordinarios de protección, mientras les realizan los correspondientes estudios de riesgo. Una reciente condena en el marco de la ley de justicia y paz al jefe paramilitar “Salvatore Mancuso” confirma que las AUC usaron los hornos crematorios en Norte de Santander y que el 6% de sus víctimas directas (8.518) fueron incineradas. Por estos delitos Mancuso fue condenado a 40 años de prisión de los cuales por una pena sustitutiva sólo estará 8 años en la cárcel.

Según la FLIP, en 2014 se han presentado 122 violaciones a la libertad de prensa entre agresiones, amenazas, atentados y obstrucciones al trabajo periodístico arrojando un resultado de 155 víctimas. A principios de 2014 se descubrió para la opinión pública la operación de espionaje ilegal “Andrómeda”, la interceptación y filtración de información a periodistas y a delegados a la mesa de negociaciones entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.

Todo fluye hacia un mismo lado, los firmantes de las amenazas son grupos paramilitares que generan miedo, zozobra y temor frente a los que exigen la necesidad de un cese al fuego inmediato, la firma de la paz. Los que se oponen a esta necesidad son los que se han beneficiado de la guerra, los que la promueven, los que la practican, los que insisten en que nos callemos, pero hemos de decirles que ¡no nos callarán!

Podemos quedarnos como espectadores de una película llena de cadáveres, donde los protagonistas se apropian de un relato que perdura en el tiempo y en el espacio. Podemos también tomar la actitud de espect-actores, e intentar por lo menos que quienes montaron la escena no queden simplemente como los héroes que “cumplieron una misión” y ya, sino intentar transformar los relatos con preguntas, con dudas y cuestionamientos. Intentar develar las causas y sus consecuencias no requiere de fórmulas mágicas, pero sí de compromiso. La labor por los derechos humanos no es un asunto que podamos delegar, dejar que otros hagan de forma aislada, esta es una tarea de todas y todos. Debemos actuar ya, y sumar nuestras voces al reclamo “no nos vamos a callar”.

 

En la lista aparecen los siguientes medios y colectivos:

Colectivos y personas amenazadas

Periodistas

Nelson Lombana Silva, Hollman Moris, Luis Alberto Castaño, Oscar Castaño, Silvia Oviedo, Leandro Murillo, Oskar will, Ricardo Murcia, Diego Sánchez, Dachi Vedea, Pacho Restrepo, Milena Galvis, Omar Vera, Ernesto Che Mercado, Andrés Gómez, Camila Ramírez.

Medios alternativos

Reporte Colombia, Colectivo Brecha, La Tribu Medios Populares de Comunicación, El Rebelde Medios, Trochando Sin Fronteras, Revista El Salmón, Alternativa Latinoamericana, Periódico El Turbión, Contagio Radio, El Macarenazoo, Colectivo Dejando Huella Haciendo Memoria, Kino Rama, Indivisibles.

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