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Columnas de opinión Panamá

Tengo la edad del olvido: respuesta a Roberto Motta Alvarado

domingo 21 de diciembre de 2014 El 20 de diciembre se ha conmemorado en medio del olvido el 25 aniversario de la sangrienta invasión a Panamá por parte de Estados Unidos. En ese marco, uno de los miembros de la élite del país, Roberto Motta Alvarado, publicó un artículo donde la visión sesgada de los que jalearon esa invasión se pone de manifiesto. Una joven panameña le responde.

Motta recuerda los saqueos, pero olvida imágenes como esta.

Motta recuerda los saqueos, pero olvida imágenes como esta.

Por Alessandra Monterrey Santiago

Tengo 25 años. Tengo la edad del olvido. Y sí, estoy convencida de que hay algo más que la memoria vivida que hace que me duela tanto algo que no viví, y aun así jamás podré imaginar (ni lo pretendo) lo que fue vivir el horror de esa madrugada maldita. Esas contradicciones de la experiencia humana. No sé explicarlo, pero es como si el aire tuviera partículas de existencias perdidas...esperando que las acunemos en la piel para que arda en la tierra y sangre que al final somos. Ha de ser porque de lo que no se habla, de la incomunicación histórica extraviada en intereses sólo queda una atmósfera rancia y plagada de hedor.

Tengo la edad del olvido y vivo en todo lo que fue borrado del recuerdo...porque el presente no es huérfano, y el Panamá de hoy se gestó así y yo, yo no vivo en mi pequeña burbuja. Nací en agosto de 1989, mi piel respiró el aire que a unos les hizo falta un 20 de diciembre de 1989 cuando la noche se hizo luz maldita y la muerte vino importada de duendes con tanquetas.

Decidieron que había que jugar a la fábrica de regalos porque nos hacía falta libertad y democracia -esa que le hace falta a Irak, y a todos los lugares donde el profeta Sam quiera ir- Ese año a Santa Claus, que es medio elitista, sólo le llegó la carta de unos cuantos niños que querían ser libres como los renos de un trineo, comer galletitas de la Sra. Claus y tener muchos juguetes.

Entonces, hoy 25 años después leo el artículo de “Recuerdos de la invasión de Roberto Motta Alvarado” y algo se revuelve en mí, empiezo a sentir unas náuseas, una indigestión, un coctel de asco y de horror. Porque no Señor Motta Alvarado, usted podía estar muy vivo en 1989, podrá invocar a dios y llenar su recuerdo de milagros, crucifijos y señales, pretender hacer pose de ciudadano ejemplar indignado con la situación actual del país y en última instancia hacer ligera mención del sufrimiento del Chorrillo como mero salvedad compasiva por los otrxs, pero jamás entenderá lo que es la vida más allá de su legítimo derecho a lamentar “los derechos humanos” de la sagrada propiedad privada y cómo ello afectó su negocio, perdón, su vida. Su relato parece más “La tragedia de los Motta y el maravilloso viaje a la vida republicana”, parafraseando el libro de Selma Lagerlöf. Hubo víctimas de la dictadura, hubo víctimas de la invasión, e incluso antes del régimen militar, esto tampoco era el paraíso en la Tierra. Y todos esos desaparecidos y víctimas exigen justicia.

Pero querer conmover con su recuerdo la memoria histórica de quienes no vivimos ese entonces, con su baño tácito de aquel eufemismo de “daño colateral” como justo y necesario, es simplemente asqueroso y cínico; y por eso justamente falta hablar más del tema, para que toda la pus de ese entonces salga a la luz y se sepa quién es quién y por qué estamos como estamos. Entonces, enhorabuena por su artículo y su recuerdo, es parte de la pus que nos mantiene creyendo que lo que tenemos y hemos tenidos es dizque democracia y hay que rescatarla con los mismo de siempre. Tengo 25 años pero a veces me pregunto si la que no había nacido cuando sucedieron las cosas, realmente fui yo.

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