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Columnas de opinión Muerto (de la risa)

Procesos perplejos

miércoles 29 de junio de 2011 Pasó el tiempo de las filas cerradas. Paso el tiempo de verdades absolutas o fórmulas importadas. Los procesos que viven varios países latinoamericanos están pavimentados de dudas y de preguntas. Eso-es-bueno.

Los procesos revolucionarios del siglo XXI no se parecen a los del XX.

Los procesos revolucionarios del siglo XXI no se parecen a los del XX.

Por Paco Gómez Nadal

En Latinoamérica las cosas han cambiado. De eso no hay duda. El giro a la izquierda de muchos países y el atrincheramiento de las estrategias tradicionales de la derecha y los Estados Unidos en el pequeño Eje del Pacífico han demarcado un presente lleno de debates, de propuestas, de críticas y tiranteces, pero, ante todo, de diseño de soluciones propias, de búsqueda, cuando menos, de esas soluciones.

Por eso, todo lo ocurrido es bueno. Hasta lo malo. El estatismo desmesurado de Venezuela, el peligroso desarollismo primarista y el despertar de la mayoría de la población en Bolivia, el discreto caminar progresista de Uruguay, la contradictoria propuesta imperial de Brasil, el conservadurismo de izquierdas nacionalista de Ecuador, el triunfo del nacionalismo de izquierdas camuflado de Ecuador, la persistencia cubana, el dudoso proceso nicaragüense… Todo es bueno porque indica una efervescencia inédita en los últimos años, porque, al menos, el destino parece un papel en blanco en el que hay que intervenir para darle forma y perfil.

Pasados los primeros años de la sorpresa, las simplificaciones excesivas (que igual que antes veían la sombra de Fidel en todo trataron de dibujar la sombra de Chávez en casi todo), la agitación de los fantasmas del pasado, o los discursos caudillistas o mesiánicos, los movimientos populares o paridos en al izquierda comienzan a sacudirse la perplejidad y a exigir la profundización de los cambios: ya no es solo comida y vivienda, sino descolonización y conciencia.

Y esos reclamos, que hace décadas se habrían calificado de contrarrevolucionarios o revisionistas (con la carga terrible de ambas palabras), ahora no solo son pertinentes sino necesarios. El Estado liberal se resiste a morir y enturbia la mirada de algunos dirigentes. También confunde el marxismo clásico europeo, incapaz de digerir la lógica de los pueblos originarios de América Latina o de los movimientos campesinos o de mujeres.

¿Cuál será el resultado? ¿Hay una fórmula deseable? La verdad es que aunque sea un camino difícil, es la incertidumbre la que debe marcar este proceso. Porque es eso: un proceso, no un periodo de gobierno ni un proyecto personal (como parecían serlo los marcados por el apellido del gobernante revolucionario de turno). Esta revolución continental parece marcada por la rebelión local y las rebeliones no pasan por los mesías, sino por los movimientos. Si todo se mueve, vamos bien y America Latina y El Caribe se están moviendo.

 

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