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Columnas de opinión Quien oprime al débil...

"Son mi sangre"

viernes 10 de febrero de 2012 Jorge Sarsaneda lleva buena parte de su vida en la Comarca Ngäbe Buglé y sabe de qué habla. En este análisis sin pelos en la lengua explica los factores que llevaron a la crisis nacional por las protestas en defensa del territorio y explica cómo acabar con el conflicto en 5 minutos. Igual es que no se quiere...

Por Jorge Sarsaneda

Un sacerdote que trabaja en la Comarca Ngäbe-Buglé me contó que el lunes 6 se encontró una señora de unos sesenta años, que llevaba bastón, con su nieto de ocho al lado. Bajaba de una comunidad.

-“¿A dónde va, abuela?”

-“Al pueblo, mataron a un hermano mío”, contestó.

-“¿Hermano? ¿Quién?

-“El muchacho Jerónimo, el que mataron, es mi sangre también”

Eso es lo que no ha entendido el gobierno. Los ngäbe hablan lenguaje claro, tienen dignidad, tienen identidad, luchan por la vida. El gobierno dice muchas mentiras, tiene intereses económicos y políticos ocultos, reprime, lucha por dinero. ¿Cómo se van a entender?

Se llegó a un ‘acuerdo-tregua’ el martes 7. Y nuevamente, dos versiones: “Es lo mismo que el año pasado”, dice el gobierno. “Esperamos que no mientan ahora”, dicen los ngäbe. ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué fortaleza tiene el ‘acuerdo-tregua’?

  1. Si los diputados y el gobierno hubieran escuchado y dialogado sinceramente, con los indígenas, no se habría llegado al cierre de calles y sus consecuencias. ¿Quién es el intransigente?
  2. El gobierno no cumplió el espíritu del acuerdo de san Félix (feb. 2011) porque la hidroeléctrica del Tabasará siguió, con represión incluida y toda la desinformación posible; las concesiones de los Cerros Chorcha, Colorado, Tólica y Pelado siguen y pueden ser explotadas, según aceptó el ministro represor. ¿Quién es el que no quiere dialogar?
  3. La rabia acumulada durante siglos ha salido a flote una vez más. La respuesta del gobierno fue la ignorancia, la desinformación (que si sabotaje, que si rehenes, que si ya cumplimos todo, que si quieren adueñarse del país…), el racismo, la represión, la muerte.
  4. Los únicos grupos que, en la zona, acompañan a los ngäbe (iglesia católica, iglesias evangélicas, ambientalistas) fueron acusados de “carbonear”, cuando lo que estaban haciendo era ayudar, apoyar, acompañar, recoger heridos, dar de comer al hambriento, en una palabra, seguir el Evangelio.
  5. El gobierno dice que las hidroeléctricas no van a afectar y que sería una catástrofe no desarrollarlas. Los ngäbe tienen delante las pésimas experiencias de las represas de Bayano y Valle Riscó. Tienen delante las amenazas de las represas de Bonyik, Tabasará, Cobre, etc. ¿Cómo confiar?
  6. La tierra y el agua, se ha dicho hasta la saciedad, son fuente de vida, son lugares sagrados, no son mercancía. Este lenguaje no lo entiende el gobierno. ¿Podemos entendernos? No se trata simplemente de “deponer intereses de ambos lados”. La lucha por la vida no se puede poner a un lado.
  7. Lo de la Asamblea se podría terminar en cinco minutos, si se aprueba lo siguiente: “Se prohíbe toda concesión actual y futura para explotar minas de metales en la Comarca Ngäbe-Buglé” y “Se prohíbe la construcción de hidroeléctricas en la Comarca Ngäbe-Buglé”. Lo demás, corre a cuenta de la Ley 10 y el Decreto 194 que reglamentan la Comarca.

¿Qué quieren los ngäbe? No quieren todo el país para ellos, como han dicho irresponsablemente algunos ministros y funcionarios.

Quieren respeto a su cultura, a su tierra, a sus recursos. Quieren tener un desarrollo integral, es decir, salir de la insultante extrema pobreza en que viven, tener soberanía alimentaria, usar los recursos en beneficio de las comunidades, tener una verdadera educación intercultural. Quieren que se erradique, de una vez por todas, el racismo rampante que hay en muchos estratos sociales…

¿Se va a lograr algo en la Asamblea? Perdonen, pero no le creo al gobierno y tampoco a los diputados. Perdonen mi pesimismo. Mi fe me invita a ser optimista, pero la realidad nos indica otras cosas. Ojalá me equivoque… por el bien del país.

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