Donar

Otramérica es posible gracias a tu aporte solidario

Columnas de opinión SEMÁNTICA POSIBLE

V de vestido

viernes 08 de julio de 2011 Vestirse parece algo normal, pero detrás de cada gesto, de cada compra, de cada actitud hay historias que hablan de contaminación, de explotación, de represión política y cultural... Mir Rodríguez reaparece desde su nomadismo.

Por Mir Rodríguez

del latín vestitus

 

Usualmente identificado como una de las necesidades básicas de los seres humanos, junto con aire, agua, comida y casa. Con la intención primera de protegernos del sol, del frío, de los mosquitos y de las miradas de los demás, los humanos hemos aprovechado la necesidad del vestido para crear maneras bonitas de vernos.

El vestido juega otros papeles importantes en la interacción entre los humanos, como un código sobre la ubicación de la gente dentro de los grupos y jerarquías de la sociedad. Así, el vestido transmite información sobre el pueblo, religión, tribu urbana, clase social, profesión, actitud hacia la vida o identidad sexual de la persona.  

La restricción en el uso de ciertos atuendos es una herramienta siempre al alcance de la mano de los gobiernos represivos. Así, la República de Panamá, poco después de su creación, prohibió con fuerza policial el uso del vestido tradicional a las mujeres kuna como una manera de borrar su identidad.

Las teocracias islámicas establecen estrictas reglas de vestido a las mujeres, lo cual las mantiene ocupadas en luchas por la libertad personal. Establecimientos comerciales, bares y ministerios imponen códigos de vestimenta (prohibición del uso de chancletas, por ejemplo), como un filtro racial, social o anti-pobre.

En las ciudades, una manera común de obtener vestido es comprándolo en tiendas de ropa, en base a lo que está disponible, a los gustos predominantes en el grupo humano de uno y/o a lo que la publicidad ordena consumir. Estos vestidos muchas veces están adornados con el símbolo o logo de alguna empresa o equipo de fútbol, los cuales son elegidos y exhibidos orgullosamente por el consumidor.

La industria del vestido que alimenta este mercado es grande y contaminante. El cultivo del algodón, la producción de cueros, la industria textil y la fabricación de ropa a nivel industrial tienen impactos considerables sobre el ambiente y la gente, a través del uso de millones de toneladas de los peores pesticidas, de tintes químicos, enormes cantidades de agua y prácticas laborales abusivas. El transporte de las mercancías de un extremo del mundo al otro es otra fuente de contaminación.

En algunos grupos humanos la norma es la auto elaboración de los vestidos. En unos casos se mantiene la práctica de trabajar a partir de la materia prima (fibras vegetales, pelos, pieles) en otros para hacer la ropa se requieren textiles industriales pre-fabricados. Los encargados de la fabricación de los vestidos son usualmente las mujeres, en otros casos son los sastres del barrio o del pueblo los que fabrican la mayor parte de los vestidos.

Existe un tercer método de procurar vestido, al que podríamos describir como caza-recolección de la ropa. Consiste en obtener ropa de mercados de segunda mano o de trueque, tiendas de mercancía defectuosa o sobrante, campañas políticas y personas allegadas. El gasto es mínimo y la buena o mala suerte juegan un papel fundamental en determinar lo que se puede conseguir de esta manera.

Afortunadamente, la habilidades de diseño, construcción, modificación y recuperación de piezas de ropa sigue viva en la mayoría de las sociedades humanas.

Ir arriba

¿Qué puedes hacer en Otramérica?

×