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personajes México / Valentina Rosendo Cantú

"Ahora no soy una víctima, soy una portavoz de muchas mujeres"

viernes 09 de noviembre de 2012 Diez años de lucha contra el Estado mexicano le valieron a la indígena Valentina Rosendo Cantú ser reconocida con el premio Ponciano Arriaga Leija 2012, que esta semana le otorgó la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).

Valentina Rosendo Cantú

Valentina Rosendo Cantú

Valentina colocó en el debate público problemas apremiantes como las violaciones cometidas por miembros del Ejército mexicano en las comunidades indígenas.

Por Anayeli García Martínez / Cimac Noticias

La constancia de esta indígena tlapaneca originaria del estado de Guerrero, que desde 2002 emprendió una lucha para exigir castigo a los militares que la violaron sexualmente, fue reconocida como un ejemplo en la defensa de los Derechos Humanos (DH).
Tras recibir un reconocimiento que calificó de inesperado, Valentina hizo una breve pausa para –en entrevista– compartir su experiencia y demostrar que una sobreviviente de violencia puede transformarse en una activista capaz de enarbolar una causa que representa a más mujeres.
“Recibir un reconocimiento significa para mí que mi lucha les ha tocado el corazón a varias personas. Es una gran responsabilidad, tengo que seguir ayudando a más mujeres, de mi comunidad, de otras comunidades, ir reportando cosas en diferentes lugares”.
A los 17 años, Valentina cambió su futuro cuando un grupo de efectivos militares destacados en la Montaña de Guerrero la violaron, y aunque aquel suceso la marcó hoy es una mujer inquebrantable capaz de hablar orgullosa frente a un auditorio repleto.
Ella lo explica así: “Mi vida ha cambiado mucho porque desde que la Corte Interamericana (de Derechos Humanos) ordena al Estado mexicano que tiene que cumplir la sentencia, me he sentido muy bien y a la comunidad he regresado a ayudar a las mujeres”.
Por años esta joven navegó a contracorriente para hacer que su esposo, la gente de su comunidad y las autoridades militares y civiles creyeran en su palabra. Eso provocó que su nombre se convirtiera en la esperanza de muchas otras habitantes de su comunidad. 
En su momento, Valentina denunció la violación pero no le creyeron, entonces acompañada por el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y la Organización del Pueblo Indígena Tlapaneco, logró que su caso llegara hasta el Sistema Interamericano de DH.
Fue así que en octubre de 2010, la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentenció al Estado mexicano por su responsabilidad en los hechos, lo que obligó a la Secretaría de Gobernación a ofrecerle una disculpa pública en diciembre de 2011. 
El proceso la cambió: el ir y venir para preguntar por su expediente, hablar una lengua que no era suya, presentarse ante los imponentes funcionarios castrenses, y separarse de su familia debido a las amenazas de aquellos que la querían callar, la hizo más fuerte.
“En la comunidad he regresado como dos veces para ayudar, dar platicas de cómo las mujeres deben enfrentar, o seguir, cuando una agresión pasa sobre ellas”, comenta al recordar que ha dado su testimonio en universidades, foros y encuentros en México y otros países.
Con un español más fluido afirma esta mujer de 27 años: “Estoy estudiando la prepa. Sé que empecé tarde, pero quiero terminar”. Y es que sus metas no se ciñen a ver a sus agresores en la cárcel, sus objetivos son grandes y el siguiente paso es estudiar medicina.
“En mi comunidad han muerto muchas mujeres por falta de atención médica y eso a mí me hizo pensar que sería bueno estudiar medicina, para así poder regresar a mi comunidad y ayudar a más mujeres”, detalla.
Valentina colocó en el debate público problemas apremiantes como las violaciones cometidas por miembros del Ejército mexicano en las comunidades indígenas.
Por ello y por lograr que su caso sentara precedentes en la interpretación de las leyes mexicanas y obtener una sentencia de carácter internacional que exhortó al Poder Legislativo a reformar el Código de Justicia Militar, hoy fue galardonada.  
En este contexto reflexiona y con franqueza dice: “Al principio sentía pena, vergüenza de hablar, pero en la lucha, en el camino, me hizo ser una mujer independiente y enfrentar las cosas”.
De acuerdo con el jurado de la CDHDF, a ella se le reconoció su constancia por visibilizar la discriminación por género y etnia, por promover la cultura de la denuncia pero sobre todo por dejar  precedentes para que casos similares no se repitan. 
Valentina fue premiada en la categoría “Lucha y defensa” y compartió el espacio con los también galardonados, Elena Azaola Garrido, académica y activista, y Alejandro Solalinde, sacerdote defensor de migrantes.
Hoy la apuesta de Valentina es la defensa de los DH. “Al principio me veía como una víctima del gobierno, pero en el recorrido he encontrado voces y muchas mujeres, y ahora no soy una víctima soy una portavoz de muchas mujeres”.

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