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personajes Chiapas / Historias de grandes gentes

Ahora nos toca a nosotros ser guardianes de la memoria

sábado 10 de noviembre de 2012 Hoy a las 3 de la madrugada falleció Manuel Vázquez Luna en el Hospital de Las Culturas de San Cristóbal de las Casas, Chiapas donde ingresó el pasado 22 de octubre. Se velará su cuerpo en la Tierra Sagrada de Acteal. Allí descansan sus papás, hermanos y hermana masacrados por los paramilitares el 22 de diciembre de 1997. Esta es su historia.

Manuel Vázquez y Marta Molina, el 22 de diciembre de 2011, durante la jornada de conmemoración de la masacre de 1997 en Acteal.

Manuel Vázquez y Marta Molina, el 22 de diciembre de 2011, durante la jornada de conmemoración de la masacre de 1997 en Acteal.

Por Marta Molina

Un día escribí sobre él porque tenía una historia de lucha que contar. Triste, pero que a la vez alentaba a otros a organizarse para conseguir la paz, la justicia y la dignidad para los pueblos. Manuelito era uno de los guardianes de la memoria de su comunidad. Hoy nos encarga este papel a todos los que le conocimos y a los que algún día pisaron la Tierra Sagrada de Acteal. Con un profundo dolor, hoy la que chilla soy yo, pero al mismo tiempo doy las gracias a Manuel por haberme enseñado tanto.

Somos hijos de los días, y las historias de los hijos de los días tienen que ser contadas. Ahora nos toca ser a nosotros guardianes de la memoria.

Y los días se echaron a caminar.

Y ellos, los días, nos hicieron.

Y así fuimos nacidos nosotros,

Los hijos de los días,

Los averiguadores,

Los buscadores de la vida.

Así es el Génesis según los mayas.  Lo retoma Eduardo Galeano en su nuevo libro Los hijos de los días.  Hoy, toca contar la historia del 10 de noviembre, día en que muere Manuelito, día en que matan a 4 ciudadanos palestinos en la Franja de Gaza, día en que desahucian a 500 personas más de sus casas en España porque no pueden pagar su hipoteca, día en que nacer se vuelve un peligro, pero que para quienes los días se echaron a caminar, no nos queda otra que organizarnos, resistir, tener memoria crear y luchar como lo hizo Manuel.

 

10 de noviembre de 2012

Manuelito fue uno de los sobrevivientes de la masacre de 1997. Tenía 12 años cuando ocurrió. Le recuerdo contando chistes, adivinanzas y cantando canciones. Esta era su forma de escapar del dolor, de no ponerse a llorar cada vez que recordaba lo que ocurrió aquel 22 de diciembre.

Recuerdo hoy el día en que Manuel conoció a Joaquín, el difunto hijo de Teresa Carmona asesinado en 2010. Teresa, con su estandarte al lado con la foto del joven Joaquín, le contó que mataron a su hijo y que por eso se unió al movimiento por la paz, para pedir justicia y acabar con esta guerra absurda contra las drogas que sólo trae muerte. Manuel y Teresa se dirigieron a la capilla donde se encontraban rezando los 45 tzotziles en el momento de la masacre de 1997 y entonces, el joven Manuel nos contó la historia de lo que pasó mientras mostraba algunos agujeros de bala que aún conservan las viejas y desgastadas paredes de madera. Estamos en un espacio sagrado.

“El 22 de diciembre del 97 estaba yo ahí donde se quedaron muertos. Yo me quedé debajo de 3 cadáveres ahí abajo. Yo estaba sentado abajo. Algunos se quedaron arriba y cuando se murieron se cayeron encima mío”. “Mi papá se llamaba Alonso Vázquez Gómez y mi mamá, María Luna Méndez. Éramos 8 hermanas, un hermano y yo. Mis papás tuvieron 10 hijos: 8 mujercitas y 2 niños. De estas 8 mujercitas 5 se murieron, las más pequeñas, una de dos años y medio y una de 8 meses. Me duele mi hermana de 8 meses. ¿Qué hizo para que la mataran? No hizo nada malo. ¿Por qué la mataron a ella y no a mi que soy bien pecador?”.

Manuel contó entonces que llevaban 2 días de ayuno cuando llegaron los paramilitares. “Ahí, se murieron, ayunando. ¡Qué triste de veras!. Se murieron ayunando para pedir justicia y paz y para que no haya mucha muerte. Mi papa estaba en esta iglesia cuando vinieron a dar el aviso de que mañana vendrían aquí a matar personas, pero él dijo: “No, no voy a salir. Si Dios dice que voy a morir aquí voy a morir y si dice que no, pues no. Mi papá no tenía miedo de la muerte.”

A Manuel a mi y a Teresa nos “molestó” lo que él llamaba “la chillona”, el llanto, la pena, la tristeza, el dolor, pero quedaba en él mucha alegría y humor, lo que nos enseñó a ver como “la forma para poder seguir luchando con mi organización, para que no me mate la chillona. ¡Ya me dio ganas de contar un chiste!”

“A veces trato de olvidar lo pasado pero no puedo porque aquí perdí 9 personas de mi familia: mi papacito chulo, mi mamacita chula, mi abuelita que esta requetechulísima y mi tío que esta requetechulísimo, y 5 hermanas. Es imposible olvidar. Lo bueno es que tengo algo para no estar tan triste”.

Manuel contó otro de sus chistes y cantó una canción que escribió cuando fue el décimo aniversario de la masacre, en 2007.

Manuel Vázquez Luna, su vida y ahora su muerte tiene un sentido profundo: el de ser guardián de la memoria. Ahora nos toca a nosotros y a todos los que pisaron la Tierra Sagrada de Acteal o a los que algún día oyeron hablar de ellos, contar lo que allí pasó ese 22 de diciembre de 1997. Manuelito convivió con un tumor en la cabeza pero aun así, nunca se desanimó, y su actitud frente a la desgracia que le tocó vivir es un ejemplo a seguir para todos los que luchan por la verdad y la justicia.

 

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