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Álvaro Colom, la ambigüedad

jueves 10 de febrero de 2011 Tres intentonas necesitó Álvaro Colom para hacerse con la Presidencia de Guatemala, y su victoria le convirtió en el primer socialdemócrata que se hacía con la jefatura del Estado en 53 años.

Por Redacción Otramerica

De centro izquierda pero conservador en sus posiciones morales (está en contra del aborto, del matrimonio homosexual o del consumo de drogas); socialdemócrata que presume de amplia sensibilidad social, aunque le achacan haber hecho negocio con las maquilas caracterizadas por pésimas condiciones laborales y salariales; católico pero practicante de la espiritualidad maya, puede decirse que Álvaro Colom (Ciudad de Guatemala, 1951) es el político de las ambigüedades y las contradicciones.

Necesitó tres intentos para hacerse con la jefatura del Estado, pero en 2008 se convirtió en el primer presidente autodenominado socialdemócrata de Guatemala desde 1954. Por primera vez una opción política que no representaba al Ejército ni a la clásica oligarquía económico-política tradicional guatemalteca. Hay que tener en cuenta, el hecho de que Guatemala había sido hasta entonces un país donde el izquierdismo había sido perseguido y satanizado de tal manera que la gran mayoría de sus habitantes lo asociaba espontáneamente toda corriente que presentara matices socialistas o comunistas con la subversión, la violencia y la guerra.

De él se destaca su espíritu sosegado, pragmático y conciliador, pero se le echa en cara su ambigüedad y la indeterminación política.

En lo económico, Colom pregona que "libre mercado hasta donde sea posible y Estado dónde sea necesario". Eso sí, afirma que con él empezó "el reinado de los pobres, de los sin oportunidades". Combatir la corrupción, la inseguridad y la impunidad fueron otras de sus metas para un país donde se estima que el 98% de los delitos penales quedan sin castigo.

Ni su pasado ni su presente están exentos de esas ambigüedades. Si en sus etapas como candidato (desde su primera postulación en 1999) saltaron las sospechas de vínculos con grupos mafiosos y turbias maniobras económicas que le valieron las más fuertes críticas de varios sectores de la oposición (en 2005 se le procesó por encubrimiento y tuvo que pagar una fianza para no caer preso), durante su mandato temblaron los cimientos del Gobierno cuando el abogado Rodrigo Rosenberg apareció muerto pocos días después de gravar un video en el que hacía responsable de su muerte al presidente, su mujer, Sandra Torres, a su secretario privado, Gustavo Alejos, y a otros empresarios. En 2010 el jurista español, Carlos Castresana, dimitía como responsable de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) -apoyada por Naciones Unidas- por las continuas presiones, y lo hacía pidiendo la destitución del recién nombrado fiscal general, Conrado Reyes, por su vinculación con grupos ilegales. En el primer caso, finalmente, se probó que Rosenberg encargó su propia muerte -la crisis institucional sin embargo no pudo evitarse-, en el segundo, Colom no tuvo más remedio que asumir la destitución de Reyes.

Hasta el momento en que aspiró a la presidencia por primera vez, Álvaro Colom era un hombre muy respetado, pero su incursión en política le trajo acusaciones de ambigüedad ideológica, apocamiento (hay quien le critica la excesiva influencia o dependencia de su actual esposa Sandra Torres, quien los cables de Wikileaks sitúan como próxima postulante a la presidencia del país), y su carrera se ha visto salpicada por imputaciones de financiación ilegal e infiltración del crimen organizado en su partido.

Ingeniero industrial y empresario textil, fue viceministro de Economía entre 1991 y 1997 en el Gobierno de Jorge Serrano Elías (refugiado en Panamá y reclamado por la justicia guatemalteca). De aquí pasó a dirigir el Fondo Nacional para la Paz (FONAPAZ), que tenía como misión el progreso integral de los pueblos rurales y conseguir la paz con los grupos guerrilleros nacidos en los tiempos de la dictadura militar, un objetivo logrado en abril de 1997, tras 36 años de enfrentamientos.

Durante el tiempo que se mantuvo a la cabeza de ese organismo, Colom concretó la construcción de viviendas, centros culturales, programas de ayuda alimentaria, y afianzó una eficaz unión con los indígenas mayas, los cuales reconocieron su interés y dedicación envistiéndolo con los atributos de sacerdote maya, distinción muy raramente otorgada a un occidental no indígena. De hecho, durante su actual mandato como presidente, Álvaro Colom apostó por la construcción de un estado democrático social que reconoce la multiculturalidad nacional, y en especial el componente indígena maya, que representa el 41% de la población del país.

La relevancia adquirida por Colom como director del FONAPAZ, su perfil de servidor público comprometido con el desarrollo social de la población castigada en los años de la guerra y su moderación ideológica, hicieron que Alianza Nueva Nación (ANN), coalición centroizquierdista, le nombrara como candidato presidencial en los comicios de 1999, él era la propuesta del partido Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), antigua guerrilla.  Quedó en tercer lugar.

Volvió a intentarlo en 2003, después de separarse de la ANN y formar su propio partido, la Unión Nacional de la Esperanza (UNE), de corte socialdemócrata. Aquí llevó como vicepresidente a Humberto Mejía, ex ministro con el último dictador militar, lo que generó diversas críticas, aunque las presiones más fuertes vinieron por las dudas sembradas en torno a la financiación de su partido. Sus oponentes lo vincularon con ex funcionarios corruptos y personas de oscuro pasado, y en el plazo de dos años fueron asesinados 18 miembros del UNE.

Para las elecciones de 2007, presentó el llamado Plan Esperanza. Éste tenía como base un desarrollo “radical” de la sociedad guatemalteca. Sus máximos objetivos eran: solidaridad, gobernabilidad, productividad y regionalidad, destinados a la creación de más de 700.000 puestos de trabajo y reparto de tierras al sector rural pobre, aunque seguía tolerando el liberalismo. Este plan, según sus impulsores, no podía ser exitoso si no se contaba con el apoyo de la población maya –casi el 41%- y sin ideas destinadas a la creación de empleo y a combatir la delincuencia.

Durante la campaña se plantearon muchas dudas sobre las posibilidades de Colom, en su tercera intentona para hacerse con la Presidencia. Pero su espíritu pragmático y conciliador pudo más y en noviembre de 2007 llegó a la presidencia con el 52,8 % de los votos, contra 47,2 % de su oponente, el derechista Otto Pérez Molina.
Su primer año de Gobierno y su segundo año de Gobierno se han saldado con una puntuación (según la encuesta de Borja & Asociados) de 5.1 sobre 10. El costo de la vida, la seguridad y el empleo siguen siendo las principales preocupaciones de los guatemaltecos.

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