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personajes Boris Cabrera

'Las FARC tienen mucho por aportarle al país'

lunes 14 de enero de 2013 Hoy lunes se reanudan las conversaciones entre las FARC y el Gobierno en La Habana. La guerrilla sigue siendo una incógnita para la mayoría de colombianos y no colombianos. Por eso es de especial interés escuchar a Boris Cabrera, exfundador, extesorero y exmiembro de la dirección de la Unión Patriótica y una persona que conoció muy bien a las FARC y a Iván Márquez en el Caquetá.

Por Juanita León / La Silla Vacía

Boris Cabrera trabajó con el jefe guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) durante las marchas cocaleras y campesinas en los ochenta y luego en la fundación de la Unión Patriótica (UP). Su esposa Diana Correa, también militante de la UP, fue desaparecida y asesinada por un grupo de militares, que fueron posteriormente condenados por los hechos. Cabrera fue procesado por la justicia sin rostro y apresado por el presunto secuestro y homicidio de Diego Turbay Cote en el Caquetá. Posteriormente, la Fiscalía lo exoneró y el Consejo de Estado acaba de condenar a la Nación por las irregularidades en su captura y el año que injustamente pasó en la cárcel.

Dado su conocimiento de las FARC, La Silla Vacía lo entrevistó como parte de una serie de entrevistas sobre el proceso de paz.

 

- ¿Cómo describiría las FARC hoy y como es diferente de la que no negoció la paz en el Caguán?

Las FARC es una organización político-militar muy madura, en todos los sentidos, con una gran experiencia de sobrevivencia en la lucha contrainsurgente, que de alguna manera -y por eso estamos en este proceso- ha logrado a diferencia de todos los movimientos similares del Tercer Mundo sobrevivir a las ofensivas del ejército también, a su vez, mejor capacitado en lucha irregular en el continente.

- ¿Qué le da esa habilidad para sobrevivir?

Contrario a lo que piensa mucha gente, las FARC tiene gran inserción popular en muchas regiones del país, particularmente en las zonas de frontera agrícola y de colonización. Frente a la ausencia del Gobierno y de alternativas programáticas a favor de los campesinos, ha sido una especie de centinela, de protección y de alternativa para defenderse en el pasado de los latifundistas y en el presente de los paramilitares y otras formas que ha asumido la lucha eterna en Colombia del despojo de la tierra a colonos y campesinos. 

- ¿Defender a la población de los paramilitares? En muchas regiones, los guerrilleros huyeron mientras que los paras masacraban a la población.

Sí, pero al mismo tiempo, los paramilitares no estaban solos. Donde los paramilitares realmente intentaron hacer contrainsurgencia y no gozaron del apoyo de las fuerzas del Estado fueron totalmente liquidados por la guerrilla como en el caso del Caquetá. 

- ¿Por qué dice que las FARC tiene una gran inserción con las comunidades?

En amplias zonas del país, en el Caquetá, por ejemplo, han hecho centenares de kilómetros de vías alternas, terciarias, que inclusive hoy las sostienen.  Eso lo sabe el gobierno, y los campesinos y los finqueros pagan cuotas de sostenimiento de las carreteritas que funcionan, y han hecho puentes, han hecho cantidad de infraestructura,  ya que el Estado por razones de seguridad no ha podido desplazar ingenieros para la construcción de esas vías. Hay amplias zonas del Meta, de Arauca, del Guaviare, donde tienen distintas formas para mantener un contacto fluido con las comunidades. La mayor incomprensión del Establecimiento sobre las FARC es el tratamiento de bandidos que les pretendieron dar en el pasado.

- ¿Usted no cree que sean bandidos?

No, yo no pienso que de manera alguna sean bandidos. Son personas que están al margen de la ley. El hecho de que hayan muerto algunos históricos como Marulanda, Jacobo y otros no quiere decir que no haya miles de personas que piensen que su ejemplo está vigente. 

- No son precisamente unos santos. Secuestran, reclutan niños, matan gente.

Con la madre Teresa de Calcuta, con la comunidad de las hermanitas pobres no habría nada que discutir. De lo que ya está harto Colombia es de esta violencia a la que no se le ve puerto. Y haber llegado a la conclusión madura de que es por la vía del acuerdo razonable, posible, equilibrado que podemos resolver el tema es un gran paso. Si todos estamos perdiendo por qué no intentamos ver cómo podemos todos ganar. Pero no necesariamente a favor de las minorías privilegiadas de siempre.

- ¿Usted es optimista frente a este proceso de paz?

Yo soy sanamente optimista. Hay que tener algo claro: esto no se va a resolver con abrazos de paz, de perdón, con una cantidad de los llamados ‘gestos’. Aquí tienen que atenderse demandas históricas enmochiladas en fallidos procesos porque es que finalmente no puede entenderse que el gobierno esté en representación de algo abstracto. Debe estar representando una sociedad, 46 millones de colombianos que debemos estar dispuestos a dar algo entre todos por el bien supremo de la paz. No son favores dispensados por el gobierno, por nadie en particular. 

- ¿Por qué estarían esta vez las FARC dispuestas a dejar las armas?

Los años no han pasado en vano. Colombia ha sufrido mucho de aquello por lo que luchamos hace tanto tiempo, eso está vigente, otras cosas han cambiado. Yo creo que las FARC hicieron un pulso en el proceso del Caguán que en el plano militar encontró de todas maneras una respuesta que no les hizo fáciles las cosas de ahí en adelante.

- ¿O sea que lo hacen porque están derrotadas?

No están derrotadas y por lo tanto no lo hacen por eso. Yo creo que lo hacen porque se dieron cuenta que de todas maneras había una buena parte de Colombia por ganar y que estaban frente a unas Fuerzas Armadas muy difíciles de derrotar. O sea, a mi juicio, pudieron haber llegado a la íntima convicción de que si bien ellos, que aguantaron la arremetida de las fuerzas oficiales sin haber sido derrotados, tampoco podrían razonablemente pensar que podían tomarse el poder por esa vía.

- ¿Cuál cree que es el mejor resultado que podría resultar de La Habana?

Yo pienso que las FARC tienen mucho por aportarle al país. Pienso, por ejemplo, que en Colombia no habrá solución al problema del narcotráfico si las FARC no son un ente activo en la erradicación definitiva del cultivo en casi todo el país, donde operan.

- ¿Cómo podrían hacerlo?

Con el apoyo del Estado. Con un proceso de paz satisfactoriamente resuelto, pueden hacer una pedagogía asistida económicamente para que los campesinos e indígenas tengan cómo ellos mismos arrancar sus matas. Y evitando que los verdaderos usufructuarios del proceso criminal del narcotráfico, que son los narcotraficantes y algunos políticos en distintas regiones del país, puedan seguirse moviendose a sus anchas.

- Usted lo plantea como si las FARC no fueran ellas mismas narcas.

Pues sí, así lo planteo. 

- ¿Pero qué habría que darles para que dejen las armas?

Yo pienso que el Gobierno no tiene nada que darles, es la sociedad la que tiene que volverlos a acoger dándoles no solo a ellos como grupo o ejército irregular satisfacción a algunas de sus demandas que se concerten sino dándole solución a los problemas de una buena parte de la sociedad colombiana como la pobreza, la marginación, la desigualdad. 

- Pero eso tomaría 20 años… 

Sí, claro, pero tiene que haber un compromiso de la sociedad. Es que esto no son favores graciosos del soberano, sino el aporte que la sociedad esté dispuesta a hacer para que el tema se resuelva. Dicho lo anterior, que las FARC no podrán derrotar al Ejército, tampoco habría cómo entender si el Ejército no pudo derrotarlos en los últimos 60 años, ¿qué esperan?¿que pueda hacerlo en cinco, 20 años? Mientras tanto, ¿la gente qué?

Las Farc tiene muchas posibilidades de sobrevivencia , acción y capacidad de daño frente a la infraestructura, frente al festín de las concesiones y explotaciones mineras y petroleras, frente a las grandes entregas de tierra que se están haciendo en la altillanura. No hay por qué esperar que los colonos, campesinos, y las minorías nacionales, particularmente negros e indígenas, se conformen con mucho menos que lo que le están dando a los grandes inversionistas. 

- Usted fue protagonista de todo el proceso de la Unión Patriótica. ¿Cree que el genocidio de este movimiento es una talanquera para este proceso?

Sí. Yo pienso que el genocidio de la UP y el asesinato de centenares de guerrilleros que salieron a hacer el trabajo político en el proceso de Belisario [Betancur] pende no solo como un gran genocidio, sino como un listón de prevenciones difícil pero no imposible de rebasar.

- ¿Cree que con la Marcha Patriótica se estaría repitiendo la historia?
No entiendo por qué machacar o insistir en vincularlo todo con la Marcha Patriótica. Lo ideal es que del proceso resulten muchas marchas nacionalistas populares que busquen constituirse en una alternativa política. No veo por qué se pueda insistir en forzar a los negociadores  de las FARC en La Habana a que ya tienen que aterrizar en en un movimiento político ya organizado, cuando lo lógico es que la mejor solución a los temas militares irresolutos sean las salidas políticas que resulten de el.

- Usted que organizó muchas de las marchas cocaleras y campesinas en el proceso de Belisario, ¿qué tanto las marchas de ahora lideradas por la Marcha Patriótica evocan las de esa época? 
De alguna manera las otras marchas pudieron ser más espontáneas o responder de manera masiva a problemas que no eran artificiales, sino problemas reales. Que en algún momento el gobierno y eventualmente los poderes del Estado hubieran estigmatizado esas marchas. Las últimas marchas, no se puede negar, que pudieron haber tenido algún tipo de expresión de campesinos que rechazaban las fumigaciones masivas no solo por los daños a sus cultivos del pancoger sino a la misma coca, base de su subsistencia. Pero las primeras marchas del Pato, por ejemplo, respondían a las exigencias que hacían los campesinos reclamando la presencia del Estado, reclamando vías, la facilidad para la comercialización de sus productos.

- ¿Las de ahora no son espontáneas?

No descarto que en zonas muy específicas el fenómeno se mantenga como la expresión histórica de las necesidades de los campesinos. No podría homologar el papel de la Unión Patriótica en los tiempos en los que fui dirigente nacional o regional del Caquetá, inclusive en compañía de los miembros de La Habana, como Iván Márquez, con quienes fundamos a la UP en el Caquetá, con el de la Marcha. Yo entiendo que la Marcha Patriótica es una expresión mucho mas contemporánea, mucho menos rural, que ha incorporado mas elementos de carácter intelectual, urbano y es una versión mucho mas acabada de una propuesta política con las circunstancias del presente.

- ¿Cree que tiene que ver con las FARC?

No diría que de la misma manera que sí la tuvo la Unión Patriótica. La UP fue una creación directamente de las FARC. A la UP confluyó el Partido Comunista, otra serie de organizaciones, pero nunca se escondió que el primer candidato presidencial fue Jacobo Arenas. Braulio Herrera era el secretario ejecutivo. E Iván Márquez fue uno de los parlamentarios.

- ¿Cómo describiría a Iván Márquez?

A Iván Márquez lo conocí hace mucho tiempo, y mantuvimos y hemos mantenido una amistad que ha sobrevivido a los avatares de un país como el nuestro. Es una persona sencilla, de condición humilde, un self-made man, en el que se reúnen condiciones que mucha gente ignora. Estudió en un seminario, fue profesor, fue concejal de Florencia y en buena parte de su periplo personal mientras estuvo visible hicimos el mismo camino juntos en la lucha política, en la UP.

- ¿Usted cree en la teoría de que él es opuesto al proceso con el Gobierno y por eso las FARC lo puso de jefe negociador?

Puede haber diferencias de opinión, debates y discusiones al interior de las FARC. Pero la eterna expectativa de que la cosa se pueda reducir a los blandos y los duros, los militaristas y los políticos no se corresponde ni hoy ni nunca con la verticalidad en el mando de las FARC y la obediencia a un centro único de decisiones que seguramente se discutirán pero en la medida que se aprueban se convierten en la línea de acción de todos. No veo cómo puedan decir que uno de los principales negociadores sea opuesto al proceso. Es una incongruencia.

- ¿Por qué las FARC ponen a un jefe guerrillero con tan poco mando militar? El Bloque Caribe es insignificante en términos del poderío militar.

Entendiendo que representa por igual a los ‘militares’ y a los ‘políticos’, Iván es un hombre de una gran capacidad. Pienso que conoce el país porque lo ha recorrido como parlamentario y sobre todo como comandante guerrillero. Estuvo en el Magdalena Medio, en Urabá, en el Bloque Caribe, y además, es un aporte del Bloque Sur. Es un guerrillero maduro con gran comprensión de la política internacional, del momento de Colombia en el contexto de América Latina, fue un buen parlamentario. Es decir, ¿qué tacha le puedan buscar a Iván cuando fue una decisión del Estado Mayor de las FARC y del Secretariado colocarlo como cabeza de negociación? Además, Iván conoce mucho el proceso de paz en Centroamérica. Estuvo en Tlaxcala,  en Caracas y en el Caguán. Es el hilo conductor de las fracasadas negociaciones del pasado desde Betancur a una sana expectativa de éxito de este proceso. 

- ¿Cree que las FARC ya tomaron la decisión de hacer que funcione este proceso de paz?

Sinceramente no conozco los detalles. Pero lo que sí se y así ha sido siempre es que debió ser producto de una decisión del Estado Mayor Central. Lo que sí es un riesgo es que haya movimientos insurgentes al margen del actual proceso que puedan darle oportunidad a sectores eventualmente descontentos de encontrar una vía que los mantenga en la lucha armada.

- ¿A qué se refiere?

A los elenos. Por eso pienso que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) debe estar en la mesa de negociación, o en una mesa paralela discutiendo prácticamente los mismos temas con algunas particularidades.

- ¿Cuál cree que es el verdadero apoyo de las bases guerrilleras al proceso de paz?

En todas estas cosas hay compases de espera, también en algunos sectores del gobierno puede ocurrir lo mismo. Hay personas con un natural y sano optimismo y otras que por su talante o por la lectura del proceso pueden ser más pesimistas. Pero todos tienen que avanzar en el mismo proceso, porque de otra manera no será posible. Uno de los retos mas importantes y que pueden gravitar negativamente en el proceso es la falta de fluidez en las comunicaciones. 

- ¿A qué se refiere?

La delegación del gobierno tiene muchas mas facilidades, y mas fluidez para llevar su propuesta, los puntos de discusión a los sectores empresariales, gremiales, sociales. Y veo que ahí puede haber mucho más dificultad, por razones obvias, en el caso de la delegación de las FARC. A lo cual hay que ponerle atención porque finalmente Colombia está pendiente es del proceso en su conjunto y los resultados ideales que cabe esperar después de una lucha de tantos años.

- ¿Se refiere a los rumores de que por falta de esa fluidez el Bloque Sur, por ejemplo, se podría abrir de la negociación?

Hay riesgos, así se reconozcan o no. Y de cualquier manera, la incomunicación, la falta de fluidez en las explicaciones oportunas y eficaces pueden ser muy graves y delicadas. Pueden alentar las malinterpretaciones o confusiones, pueden enviar mensajes negativos frente a los sectores mas escépticos.

- ¿Quiénes estarían interesados en boicotear el proceso?

No tendrían cómo identificarlos, pero que los hay los hay. Hay sectores politiqueros que han medrado, que se han enriquecido, que han conseguido fines utilitarios a los que no quieren renunciar. Hay regiones donde hay gente trabajando contra el proceso. Y no necesariamente todos de derecha o latifundistas y terratenientes,  sino alentadas por intereses mezquinos y criminales incluidos los del narcotráfico.  Es increíble que por ejemplo no haya políticos (salvo Fernando Almario) y altos mandos militares y policiales presos por la complicidad y connivencia de años con los grandes narcotraficantes que pasaron por el Caquetá y Putumayo  como Urdinola, Macaco, Leonidas Vargas etc. 

- ¿Cree en la voluntad de paz de este gobierno?

Si. El gobierno a mi juicio tiene un gran mandato de la sociedad y un gran apoyo de los sectores productivos, que saben que sin un acuerdo de paz a Colombia la hunden los 16 TLC que ya ha firmado, si no puede competir, por la inseguridad a todos los niveles que generaría la prolongación del conflicto con sus elementos perturbadores y que tanto dolor le han causado al país.

- ¿Se leyó la carta de respuesta de Mauricio Jaramillo a Enrique Santos?

Una verdadera calamidad. Si Enrique escribió la carta, el Santos negociador y diplomático, se dejo ganar del Santos periodista. Y si la que aparece, fue la respuesta de Jaramillo, ella fue desapacible e inoportuna.  Así no hablaría un “ Médico” , como le dicen a Jaramillo, ni siquiera un camillero... 

Esa “Pareja” que tenemos con presupuesto publico en la Habana no puede comenzar a sacarse  los trapos al sol, a exponer públicamente “sus vergüenzas”. El país espera mucho más de ellos. El respeto a los negociadores de lado y lado, la discreción, la paciencia y la prudencia “hacen verdaderos sabios” o como dijeran los cubanos. “En silencio tuvo que ser”.

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