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Carlos Dada: "La violencia no es un juego de buenos y malos"

sábado 14 de abril de 2012 En días pasados fueron noticia internacional porque revelaron un pacto entre el gobierno de El Salvador y las pandillas. A los días llegaron las amenazas. Entrevista con el director de El Faro.net para conocer qué está pasando en El Salvador y por qué incomoda tanto el periodismo de investigación de este medio pionero.

Carlos Dada habla desde Panamá para El Guayacán y Otramérica.

Por Víctor Alejandro Mojica Páez / El Guayacán

Carlos Dada, director de El Faro en El Salvador, luce esta tarde más adulto. Una barba de varios días y unas canas más visibles lo han envejecido. Participa en un foro que realiza la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) en el corazón de la Ciudad de Panamá. 

Hace un par de horas, Reporteros sin Fronteras, filtró una noticia que aumentaba la crisis que ya afronta por estos días y lo colocaba en el ojo de la tormenta. Anunciaban a miles de fuentes que Dada se acogía a un precipitado exilio. Pero eso era lo secundario.

La nota llegaba en un momento delicado para el diario digital que dirige, Elfaro.net, y para su equipo que han recibido amenazas de todo tipo en estos últimos días, desde que revelaron que el gobierno de Mauricio Funes y las pandillas pactaron reducir los índices de violencia.

Pero Dada luce tranquilo pese a todo.  El error de Reporteros sin Fronteras ya fue superado. “Uno de los directores de Reporteros sin Fronteras, me escribió, para decirme es un error de buena fe” dice y sonríe.  No lo duda: “Ni siquiera se nos pasa por la cabeza que hubo una mala intención en ningún momento”. 

 -¿ Las amenazas han sido más fuertes estos días? ¿Ha habido un incremento?

El error de Reporteros sin Fronteras es mucho más sensible, complicado, porque justo se da en un momento en que sí estamos en una situación de seguridad. Es decir, esta situación existe, por eso el error de Reporteros sin Fronteras, digamos, pegó fuera. Como se da en un contexto en que era bastante creíble que se pudiera dar una situación como esta, todo mundo pensó que me estaba exiliando. Pero sí hay una situación de seguridad delicada, sí la hay.

¿Les han garantizado algún respaldo?

Estamos recibiendo un respaldo internacional de organizaciones y periodistas, eso es lo que estamos recibiendo. No estamos recibiendo respaldo oficial en El Salvador.  Estamos recibiendo apoyo de organizaciones como el Centro de Protección al Periodista, Reporteros sin Fronteras, aunque fue fallido el intento que hicieron, pero la intención era un apoyo. Y además de amigos, como artículo 19, de la relatoría de la OEA. Ese es el apoyo.

¿Cual es la situación? 

La situación es que a raíz de una publicación que hicimos, el Ministerio de Seguridad como las pandillas no han advertido que nuestro trabajo es muy peligroso y que podría costarnos la vida. Esta situación viene después de varios meses que nos estaban dando seguimiento, que nos estaban acosando agentes de inteligencia del estado. La policía nos estaba siguiendo, nos estaban espiando y tomando fotos. Además tenemos registros. Esta es la situación que complica o se intensifica a raíz de la negociación del gobierno y las pandillas.

 - ¿Cómo está asumiendo El Faro la situación?

Nosotros no somos un medio de que cuando estamos enfrentando amenazas y este tipo de situaciones lo haga público, nunca hemos querido ser nosotros la noticia. Lo que es nuevo para nosotros es que nos han visto obligados a expresar públicamente esta situación, porque lo hacemos por unas declaraciones públicas del Ministerio de seguridad y después las dos pandillas amenazando.  Esto es lo nuevo para nosotros.

Yo escribí ayer una columna en El País y en El Faro donde decía “estamos aprendiendo mucho de esta situación”. Estamos aprendiendo mucho lo importante que es el apoyo internacional, lo importante que es para mejorar nuestras condiciones de seguridad física. Hemos aprendido también que hay que separar las cosas. Nosotros no somos la historia que hay que contar. Las amenazas nos han puesto bajo el foco en consecuencia por nuestro afán de contar la historia. 

Y esto no hay que perderlo de vista porque a lo mejor será muy útil a todos los que les incomoda nuestro periodismo que esta serie de amenazas lo que haga es que nosotros mismos nos olvidemos de cual es la verdadera historia y nos convirtamos nosotros en nuestra propia historia. Este es el principal problema que enfrentamos y que afortunadamente nos percatamos muy rápido de esto y que lo tenemos muy claro en El Faro. Nosotros no somos la historia.

Si tú revisas El Faro no vas a encontrar que nosotros somos la noticia. Nosotros tenemos claro cúal es la noticia y no queremos ser la historia. Estamos exigiendo al Presidente de la República (Mauricio Funes), al gobierno, que se exprese para que no quede ningún lugar a dudas que esta administración no solo defiende, sino que garantiza el derecho de hacer periodismo investigativo, sobre todo cuando les incomoda.  Pero esta expresión todavía no la hemos recibido.

- ¿Hasta donde se va a poder abordar el tema de seguridad?

Debe haber libertad para hacerlo. El periodismo de investigación, en este sentido no es el principal problema que afecta a la sociedad del triángulo norte de América Central, el periodismo de investigación tiene que hacer un aporte indudable a nuestro proceso democrático y al derecho a la ciudadanía a estar informado. 

Y esta ha sido nuestra posición de toda la vida, no podemos caricaturizar el problema de seguridad pública. La única forma es meternos a fondo a entender cuáles son las dinámicas de la violencia y meternos a fondo a entender cómo funcionan, incluso, las organizaciones criminales. Con este convencimiento hemos sido muy congruentes, con que hay que meterse a fondo. Esto no es un juego de buenos y malos. 

Durante muchos años los grandes medios de comunicación de El Salvador hicieron un pacto que llamaron “me uno” en el cual se comprometieron a no nombrar las pandillas por su nombre, en el cual se comprometieron a no dar espacio a las voces de pandilleros y las voces criminales. Entiendo por qué lo hicieron pero nunca compartimos esas cosas. Mientras todos los demás hicieron eso, nosotros estuvimos todo el tiempo hablando y digamos tirando líneas de comunicación. Queremos entender qué mueve la violencia, más allá del negocio, qué mueve la violencia en uno de los países más violentos del mundo.

- ¿Y todo este trabajo que te ha permitido descubrir? ¿por donde viene la salida? ¿Es un problema de legalización?

Bueno no lo sé. No lo sé, no te puedo contestar eso. Uno de los más grandes problemas cuando te metes a fondo a cubrir estas cosas es que tenemos que hacer un esfuerzo diario por mantener la esperanza de que las cosas van a cambiar. Para nosotros, entre más sabemos, y nos falta mucho por saber, más nos cuesta tener esperanza, pero no la perdemos, ya que eso es lo que le da sentido a esto, sino cerramos y nos vamos.

 - ¿Imaginaste alguna vez cuando se fundó El Faro situaciones como estas?

No te puedes imaginar este momento como medio. No es un fenómeno aislado, tiene que ver con un proceso de todo el país, y tiene que ver con otras dinámicas, con el crimen organizado, y con la meteórica penetración de los carteles del narcotráfico en Centroamérica, en una región que por si era violenta, de por si muy débil institucionalmente.

A mí me preocupa muchísimo la seguridad de nuestros trabajadores, pero no puedo desvincular esto de otra preocupación, me preocupa el rápido deterioro de la institucionalidad sobre la cual estábamos caminando desde los Acuerdos de Paz

En El Salvador no pasaban estas cosas. Desde los Acuerdos de Paz no teníamos esta situación. Cada vez es un poco más difícil encontrarle una salida porque lo que está pasando es que las cosas se están deteriorando, lejos de avanzar. 

En estas situaciones, la obligación moral de los periodistas es tratar de entender esta historia y denunciar lo que está pasando. Eso es lo que yo creo es nuestro trabajo, es nuestra obligación moral. Yo esperaría que las advertencias que han surgido con nuestra situación ayuden un poco a la reflexión en todas las esferas nacionales y a que también la sociedad se de cuenta, no El Faro, y someter nuestra situación a debate público, a debate ciudadano, para tratar de encontrar una salida.

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