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Daniel Ortega, el tiempo y sus mutaciones

miércoles 19 de enero de 2011 El presidente de Nicaragua tiene dos historias. Una es la que murió con la Revolcuión (en 1990), otra la que lo trajo de nuevo al poder en 2007.

Por Equipo Otramérica

Daniel Ortega (1945-) es uno de esos ejemplos de supervivencia política a costa de todo. De todo: de la historia política de su país, de la historia familiar, de la historia oculta, y de sus enemigos y amigos.

Miembro del directorio del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), presidente en dos ocasiones del país (1985-1990, 2007-2011) y candidato derrotado en otras tantas, hay dos historias de Daniel Ortega claramente diferenciadas.

La primera es la que llega hasta 1990. La del revolucionario, encarcelado por asaltar un banco para lograr fondos para la causa (1967), antiimperialista, duro en el discurso y en la formas, dirigente que no pisó el frente en la lucha contra los Somoza pero que lideró el esperanzador gobierno revolucionario durante los difíciles años de la guerra financiada y alimentada por el gobierno norteamericano de Ronald Reagan (la Contra), y fracasado candidato en las cruciales elecciones de 1990 en que una coalición opositora puso en la presidencia a la otrora aliada de los sandinistas Violeta Barrios de Chamorro y acabó con el sueño de la Nicaragua revolucionaria.

La segunda historia se dilata por 16 años, con Daniel como eterno candidato presidencial del Frente Sandinista y cada vez más fisuras en el movimiento, hasta que gana las elecciones en 2006 por un escasísimo 37,9% de los votos. Hasta ahí llega después de aliarse con uno de sus enemigos furibundos, el ex presidente Arnoldo Alemán (1997-2002), para hacer una reforma electoral que bajara el techo de votos necesarios y para repartirse cargos en el aparato judicial y legislativo del país.

Además del pacto con Alemán, uno de los golpes más sonoros de la Nicaragua posrevolucionaria, Ortega regresa al poder cambiando la bandera rojinegra del FSLN por un pabellón rosado, pactando con otro archienemigo de la revolución, el cardenal Miguel Obando y Bravo (su “eminencia reverendísima”, según rezan los comunicados oficiales), y con la reincorporación de uno de los “traidores” del sandinismo, Edén Pastora, encargado ahora del dragado en el Río San Juan que ha conllevado un conflicto diplomático con Costa Rica aún no resuelto. Un perfil publicado por la agencia AFP llegaba a decir: “El chico revolucionario de familia media es ahora un aburguesado político, reconciliado con la influyente Iglesia católica”, aunque fuera a costa de eliminar el derecho al aborto terapéutico a las mujeres de Nicaragua.

Los detractores de Daniel no lo apuntan solo a él, sino que cosen su biografía a la de Rosario Murillo, su compañera sentimental durante 30 años y con la cual se casó por la Iglesia católica en 2005, en plena carrera electoral. El poder de “la Chayo Murillo” en el Gobierno de Ortega ya parece adquirir cotas de leyenda urbana, aunque lo cierto es que es la responsable del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, del Consejo Nacional de Planificación Económica y Social y de los Consejos del Poder Ciudadano, una especie de Gobierno paralelo que maneja, según diversas fuentes, hasta el 50% del presupuesto y de la acción del Ejecutivo. Si el poder de Murillo es asunto de conversación habitual en Managua, durante años lo ha sido su relación con Ortega, que quedó sellada a prueba de huracanes cuando una hija de Rosario Murillo, Zoilamérica, denunció a Daniel ortega por abusos y violación sexual reiterada desde que ésta tenía 15 años. Rosario Murillo tomó partido por su compañero en la que quizá ha sido el momento más complejo de la carrera política de Daniel.

La política de persecución a la oposición del matrimonio Ortega-Murillo ha sido denunciada ferozmente por muchos de sus antiguos aliados, entre ellos el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal (Ministro de Cultura durante la Revolución) y Dora María Téllez, histórica revolucionaria ahora lideresa del Movimiento de Renovación Sandinista.

Los partidarios del actual presidente, insisten en los logros sociales y productivos de esta Administración, después de las dos décadas perdidas de autodenominados liberales en el poder central. En el haber de Daniel y su Gobierno se suma la gratuidad total en la atención médica o en la educación obligatoria, la construcción de vivienda social, o los programas de seguridad alimentaria, así como el apoyo recibido en el marco del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América / Tratado de Comercio de los Pueblos).

En noviembre de 2011 hay elecciones presidenciales en Nicaragua y Ortega podrá presentarse a la reelección tras una polémica sentencia de la Corte Suprema de Justicia que en cuatro días de octubre de 2009 (entre el 15 y el 19) recibió, estudió y resolvió un recurso de amparo constitucional en el que Ortega y 109 alcaldes sandinistas explicaban que el artículo constitucional que no permite la reelección inmediata agredía sus derechos humanos. Los magistrados, de mayoría sandinista, decidieron que el presidente, los alcaldes y vicealcaldes sandinistas sí pueden correr en los comicios de 2011 (presidenciales) y de 2012 (municipales). La medida no cobija a cargos de otras tendencias políticas.

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