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personajes Óscar Olivera

"El Gobierno de Bolivia se está subordinando a las transnacionales de Brasil y al narcotráfico"

viernes 16 de marzo de 2012 Chupa de cuero y boina calada color azabache. Su vida es de película y de hecho inspiró a Icíar Bollaín en ‘También la lluvia’. Pero la suya es una historia de carne y hueso, azotada por las reivindicaciones sindicalistas durante 40 años, la última docena en defensa del agua. El boliviano Óscar Olivera acudió al Foro Alternativo Mundial del Agua (FAMA) celebrado en Marsella para compartir modos de resistencia. Otramérica habló con él.

Óscar Olivera en la inauguración del FAMA.

Óscar Olivera en la inauguración del FAMA. J. Marcos

"Este Gobierno [de Bolivia] ha traicionado y desviado el horizonte colectivo fijado por la gente en el año 2000. (...) está frustrando las enormes esperanzas que muchos pueblos del mundo pusieron (...) en este proceso".

Por Mª Ángeles Fernández y J. Marcos / Marsella (Francia)

En la inauguración del FAMA coincidieron Olivera y el ministro boliviano de Medio Ambiente y Agua, Felipe Quispe. Un abrazó fundió a los dos compatriotas. “Tenemos que hablar”, le pidió el sindicalista. “Cuando quieras”, respondió el político. Dos maneras de vivir el agua. La de Olivera desde la trinchera y marcada por su victoria hace 12 años en la conocida como ‘guerra del agua’ de Cochabamba contra la privatización del servicio público. La de Quispe, desde la institucionalidad de los despachos del proceso boliviano.

Óscar Olivera emplaza la cita para el día siguiente. Ahora, en el rincón más acogedor de la sede del Foro Alternativo, el sindicalista habla con Otramérica sin tapujos. Las cosas han cambiado mucho desde la victoria cochabambina y los de enfrente ya no son los mismos. Un elemento extraño pero amigo irrumpe en la entrevista. La banda sonora de ‘También la lluvia’ parece traída a propósito. Las actividades de FAMA fluyen.

P. El ministro boliviano de Medio Ambiente y Agua, Felipe Quispe, decidió desmarcarse de la declaración ministerial del Foro Mundial del Agua. ¿Es una postura congruente con las políticas que mantiene Evo Morales en el interior del país?

El ministro trata de mantener una buena imagen internacional que poco a poco se va debilitando, pero es lo poco que le queda al Gobierno, pues en Bolivia ya la ha perdido. Los bolivianos sabemos que tenemos que ir más allá de Morales. Me da tristeza y rabia que quieran mantener un discurso cínico que hace tiempo no sostienen con los hechos. Este Gobierno ha traicionado y desviado el horizonte colectivo fijado por la gente en el año 2000. Pero lo más grave es que está frustrando las enormes esperanzas que muchos pueblos del mundo pusieron en este gobierno y en este proceso. Después de seis años, ha hecho lo contrario a lo que planteó en 2006.

La matriz económica de basar la economía en la producción y el extractivismo no ha cambiado. La situación es grave.

P. Sin embargo, los inicios del Gobierno de Morales están muy ligados a la lucha por el agua, en concreto a la guerra de Cochabamba.

El actual Gobierno fue parido por la guerra del agua del año 2000. Ni Evo Morales ni Álvaro García Linera [el vicepresidente] hubieran accedido al poder sin la victoria del pueblo cochabambino. Fue un proceso que se inició con mucha fuerza porque rompía con un esquema económico de privatización, de monopolio en la toma de decisiones por parte de los partidos políticos. Se estableció entonces un horizonte muy digno de lo que la gente quería, fundamentalmente dos cosas: un modelo de desarrollo basado en sus valores ancestrales de reciprocidad, solidaridad y respeto a la naturaleza; y un modelo político basado en la participación directa, en una nueva institucionalidad construida desde la base. El gobierno de Morales no es producto de una campaña electoral sino de una lucha electoral. Surgió como la esperanza de la gente.

P. ¿Tanto ha modificado su postura el MAS (Movimiento Al Socialismo)? Hace apenas cinco años mostraba su fuerza anunciando la nacionalización de varias compañías extranjeras.

La matriz económica de basar la economía en la producción y el extractivismo no ha cambiado. La situación es grave. El 1 de mayo de 2006, el Gobierno anunció con mucha propaganda y simbología la toma de las refinerías y de los campos de petróleo. Pero en la práctica no hubo ningún tipo de nacionalización; lo único que ocurrió fue una especie de mejora contractual sobre la renta petrolera. Ninguna transnacional se fue. De hecho, se las sigue indemnizando a través de la Ley de Hidrocarburos de 2006.

El Gobierno ha entrado en una especie de subordinación absoluta a dos poderes: el de las transnacionales brasileñas, pues Brasil ya no es un estado-nación sino un estado-corporación

P. ¿Qué factores han provocado el cambio?

El Gobierno ha entrado en una especie de subordinación absoluta a dos poderes: el de las transnacionales brasileñas, pues Brasil ya no es un estado-nación sino un estado-corporación que impone una política de destrucción en función de sus intereses energéticos. Por ejemplo, a través del IIRSA [Integración de la Infraestructura Regional Suramericana], las transnacionales brasileñas han incursionado en territorio colombiano, ecuatoriano, peruano, paraguayo y boliviano. La motivación es la construcción de mega proyectos hidroeléctricos, que ocasionan problemas medioambientales y de desalojo de comunidades, con lastimosas formas contractuales de mano de obra. Por otra parte, el poder del narcotráfico, que está creciendo a pasos agigantados.

P. La carretera que se planea en TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isoboro-Secure) ha provocado también la animadversión de gran parte de las comunidades indígenas...

Es el mismo modelo económico de destrucción y de favoritismo, partiendo un territorio indígena. Los intereses brasileños quieren partirlo para tener un corredor del Atlántico al Pacífico para exportar sus mercancías a China. El gobierno del MAS ha entregado dos terceras partes de este parque nacional a intereses petroleros, como Repsol, Petrobras y Total. Se ha detectado además la presencia de minerales muy ricos en la zona, y la carretera se quiere hacer para abaratar los costes del transporte de los hidrocarburos y minerales. También está impulsada por intereses cocaleros de la federación de Evo Morales, que han agotado sus terrenos para el cultivo de la hoja de coca y quieren expandir esta actividad de manera ilícita. 

P. ¿Qué importancia tiene el agua en este esquema?

El tema del agua es transversal. La destrucción del TIPNIS supondrá la destrucción de más de medio millón de árboles; en 17 años más del 70 por ciento de la flora de la zona estaría destruida. Hay estudios de impacto ambiental y el Gobierno ha hecho oídos sordos. Además hay comunidades que van a desaparecer. Y lo digo con rabia porque muchos como yo hemos apoyado a Morales y le hemos llevado al gobierno.

La matriz minera, relacionada directamente con el agua, está conduciendo a una ocupación de nuestro territorio por parte de las transnacionales. 

P. La descripción que haces de Bolivia, ¿es extrapolable a otros países?

Ecuador se parece mucho a Bolivia. La actitud de Correa es muy similar a la de Morales: autoritaria, vertical, revanchista, de desprecio a la oposición social y política, desprecio a los indígenas, a los trabajadores de la prensa. Y en Argentina ocurre algo parecido con los discursos de Cristina Fernández, que promulgó una ley de criminalización de la protesta. En Perú, más de lo mismo pero más rápido, porque Morales tardó cinco años en mostrar su verdadera cara pero Humala tardó apenas cinco meses. La gente está totalmente decepcionada con el cambio de discurso.

P. ¿Qué vínculo de unión tienen estas deslealtades?

Todas las batallas que libran los pueblos, desde Panamá hasta la Patagonia, tienen que ver con una matriz económica impuesta fundamentalmente por China. La matriz minera, relacionada directamente con el agua, está conduciendo a una ocupación de nuestro territorio por parte de las transnacionales. Podemos hablar también de España, y de Grecia, y de Portugal, y de Italia. Lo común es un desmoronamiento de los Estados como tal. La lucha ya no se da entre clases sociales, entre el capital y el proletariado; los Estados prácticamente no existen si no es supeditados a unos intereses que están por encima.

Hay que pensar en formas de autonomía, empezando por lo más concreto, por lo más cercano

P. ¿Qué alternativa propones frente al modelo de desarrollo de las grandes corporaciones extranjeras?

Si lo supiera no estaría aquí. Lo que tengo claro es que tenemos que construirla de forma colectiva. No se trata de esperar un líder, un mesías o un partido político. Tiene que ir más allá del estado y de la institucionalidad vigente. Hay que pensar en formas de autonomía, empezando por lo más concreto, por lo más cercano. Son espacios donde no interviene el estado, no sujetos al intercambio mercantilista, que dan esperanza para construir un mundo nuevo, aunque sea pequeño. Hay que ir poniendo cercos pequeños al capital, a la inequidad. En la unión de esos pequeños espacios que va dejando el capital puede ser posible la construcción de un mundo diferente.

P. Desde el Norte se vende la cooperación internacional como una posible y deseable alternativa. En concreto, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) tiene por bandera el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento (FCAS).

La cooperación española está muy sujeta al tema institucional. Su criterio es que la cooperación trabaja en función de lo que definen los gobiernos locales; pero normalmente éstos no siempre reflejan la voluntad de los pueblos. ¿Qué pueblo es consultado para implementar una política que afecta a sus intereses? Casi ninguno. La política de hacer lo que dicen los gobiernos no representa a los intereses del pueblo. Demandamos una cooperación directa con las comunidades, que bajo formas de fiscalización y control social puedan permitir que la cooperación llegue realmente a la gente. La cooperación institucional se diluye en la burocracia. El dinero de la cooperación es como poner agua en una canasta.

Jamás me he encontrado con un escenario tan dificultoso. Nunca me había sentido tan frustrado, impedido ni angustiado.

P. ¿El caso de la cooperación española es la excepción o la norma?

Algunas cooperaciones se han vuelto mercenarias, como la GTZ o GIZ, la cooperación alemana. En 2000 era la que definía en Bolivia todas las políticas en agua. Fueron los que impusieron la privatización y son hoy los que definen las políticas de agua. Al Gobierno no le interesa un carajo el agua y es la GTZ la que ha tomado el destino de los recursos, proponiendo hoy una ley de la privatización del agua similar a la de Cataluña y a la aprobada en Perú, y que provoca conflictos. Nosotros estamos rearticulando el movimiento por el agua, cooptado por el Gobierno, para devolverle la autonomía que tuvo en 2000. Si Bolivia aprueba la ley que ahora está en proceso sería un retroceso de veinte años.

P. Llevas más de cuarenta años como sindicalista, ¿la lucha es la de siempre?

La lucha hoy es muy complicada porque antes podíamos definir los colores pero ahora se difuminan. Jamás me he encontrado con un escenario tan dificultoso. Nunca me había sentido tan frustrado, impedido ni angustiado.

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