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personajes Análisis

El matrimonio Martinelli quiere asegurarse el control de Panamá

jueves 30 de enero de 2014 Ricardo Martinelli, el presidente de Panamá, lo ha dicho en innumerables ocasiones: representa a un “gobierno de empresarios”. Por eso la gestión de las próximas elecciones es empresarial: eligió un candidato sin peso a la presidencia –como buen gerente- y ahora pone a ejercer el control a su propia esposa, Marta Linares de Martinelli.

De izquierda a derecha, Roxana Méndez, Ricardo Martinelli, Marta Linares, José Domingo Arias.

De izquierda a derecha, Roxana Méndez, Ricardo Martinelli, Marta Linares, José Domingo Arias.

Por Equipo Otramérica

Los rumores sobre el paso de Marta Linares de Martinelli a la arena política llevaban ya muchos meses circulando en Panamá. Ayer miércoles se confirmó que será la candidata a vicepresidenta en la fórmula electoral de Cambio Democrático (CD), el partido que su marido, Ricardo Martinelli, ha creado a su medida y maneja a su antojo. Las elecciones se celebran en Panamá en mayo de este año 2014.

La elección de Marta Linares garantizaría, en caso de un triunfo de CD la continuidad y el control más que directo de su marido en el gobierno, sorteando así la prohibición constitucional de reelección por 10 años.

No es la primera vez que CD y Martinelli presentan una fórmula con un candidato ‘prescindible’ y una sustituta que es la verdadera candidata.

La primera vez que jugó electoralmente así fue en los comicios de 2009 cuando la alianza de CD y el Partido Panameñista obligaba a Martinelli a aceptar un candidato de ese partido a la alcaldía de la capital: Bosco Vallarino. En esa ocasión, Ricardo Martinelli impuso como vicealcaldesa a una mujer de su círculo más cercano, Roxana Méndez. Una vez ganadas las elecciones comenzó un acoso político y mediático al alcalde que, a pesar de aguantar más de lo previso, terminó con su renuncia en enero de 2012. Roxana Méndez ha manejado la alcaldía desde entonces.

 

El empresario y la mujer (empresaria)

Martinelli llegó a la presidencia de la República presumiendo de ser un empresario y de que su equipo era eso: un gobierno de empresarios. Ese discurso trataba de tomar distancia de los políticos tradicionales, cuya alianza la sirvió para encaramarse al poder (ganó gracias a los votos del panameñismo que hoy es oposición). Pero no mentía el presidente.

Él es un conocido empresario que ha amasado una fortuna aprovechando las diferentes coyunturas de crisis de Panamá. Muchos de sus ministros forman de una élite económica que ha buscado el posicionamiento social.

En el caso del presidente, eso lo consiguió con su matrimonio, en 1978, con Marta Linares, parte de una familia de ‘rancio’ pedigrí en Panamá. Pedigrí panameñista, por otra parte, ya que incluso su tía Ana Matilde Linares ocupó un puesto similar al de ella como primera esposa del que fuera presidente Arnulfo Arias Madrid (luego casado con Mireya Moscoso, primera mujer presidenta entre 1999 y 2004). El círculo del poder en Panamá es muy pequeño.

Marta Linares, además de aportar caché a la pareja presidencial, es también una poderosa empresaria. Una investigación del Centro de Estudios Estratégicos de Panamá (CEE) a finales de 2001 enmarcó el fenómeno de la mafiocracia en el país y reveló que Ricardo Martinelli Berrocal era en ese momento director de 99 Empresas y suscriptor de 139; su esposa, Marta Linares de Martinelli, era directora de 144 y Suscriptora de 46; su hijo, Ricardo Martinelli Linares, director de 18 y suscriptor de 2; su hijo, Luis Enrique Martinelli Linares, director de 36 y suscriptor de 27, y su hija, Carolina Martinelli, directora de 6. Esa lista, en el caso de los hijos, se ha engrosado en estos últimos dos años. El entramado empresarial de los Martinelli y sus allegados participa en numerosas concesiones a lo largo del país y ha aparecido vinculado a operaciones para alterar el mercado, como la de Financial Pacific.

La lógica empresarial de los Martinelli también ha supuesto copar puestos claves del Gobierno y de la estructura del Estado con “empleados” de confianza, como la contralora General de la República,  Gioconda Torres de Bianchi (ex audotira interna de la Importadora Ricamar), el director del Servicio de Protección Institucional (SPI), Jaime Trujillo (ex responsable de seguridad de los supermercasos Súper 99) o el responsable del Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA), Julio Ábrego (ex jefe de depósito de Ricamar).

En estos cuatro años en el poder, Linares de Martinelli, además de continuar con sus negocios, ha gestionado la Oficina de la Primera Dama, con un presupuesto superior a los 12 millones de dólares, a pesar de no ser un cargo electo.

  

El hombre de paja

La elección como candidato presidencial de CD de José Domingo Arias sorprendió a muchos en su momento. Empresario (director en 12 empresas, según la investigación del CEE a finales de 2011) y miembros poco visible del gobierno de Ricardo Martinelli, lleva meses de campaña electoral que han logrado posicionarlo en la opinión pública gracias a las millonarias inversiones en publicidad y al control de parte del tejido mediático panameño que ya tiene su presidente.

Ahora, con la candidata a vicepresidenta, Marta Linares, su posición queda aún más clara al servicio de los intereses de un hombre, Ricardo Martinelli, involucrado en numerosos escándalos de corrupción (especialmente relacionados con negocios en Italia en el círculo del condenado Silvio Berlusconi) y acusado por la sociedad civil de haber dañado seriamente la institucionalidad democrática del país. El diario digital El Confidencial publicaba hace unas semanas un perfil de Martinelli con el siguiente titular: El “hombre del cambio” que se conviritó en el “caudillo de Panamá”. “Son seis años en los que la figura de Martinelli pasa de ser la de un empresario que se lanza a la política a la de un “nuevo caudillo” que ataca a sus adversarios políticos y a la magistratura con armas al límite de la legalidad: escuchas telefónicas, filtraciones a la prensa, destituciones a dedo según sus intereses políticos”, sentenciaba.

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